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El hundimiento de la reforma a la justicia, aunque por un procedimiento irregular, es un triunfo de la opinión pública colombiana que se expresó con vehemencia a través de columnas de opinión y de las redes sociales. Por primera vez desde el apogeo de las Tecnologías de Información y Comunicación en el mundo, los ciudadanos colombianos obtienen un resultado concreto de la deliberación pública y de las protestas escenificadas en Internet y en los medios de comunicación, que recogieron a tiempo el espíritu de indignación reinante en el país. Anteriormente se habían hecho algunos intentos: las marchas contra las Farc y contra el secuestro, las protestas contra el presidente del Congreso (senador Corzo) y contra el abuso de poder del senador Merlano, que mostraron la existencia de un estado generalizado de insatisfacción ciudadana, pero que no alcanzaron los objetivos, porque faltaron persistencia y organización. Quizás esa insatisfacción, convertida en impotencia y en rabia, fue lo que impulsó esta reacción masiva contra la reforma a la justicia, que desnudó la doble moral de gobernantes y congresistas y puso en evidencia los abusos de poder que son tan frecuentes en la cima de los poderes públicos.
El absolutismo le teme a la opinión de los ciudadanos. A los políticos les gusta que la gente vote pero que no opine. Internet ha transformado el papel de los ciudadanos en la política, que ya no se limitan a votar sino también a opinar y a expresarse públicamente, como no era posible antes. La participación en los procesos de deliberación y toma de posición a través de las redes sociales, de las columnas de opinión, de los blogs y de los grupos de discusión hace crecer el interés de los ciudadanos por los asuntos públicos. La política cambia gracias al poder de la palabra colectiva. El control ciudadano sobre las autoridades no es un espejismo sino una realidad que hoy permiten las Tecnologías de Información y Comunicación Digitales, que facilitan el acceso a la información y garantizan la libertad de expresión.
Esta recuperación del poder político por parte de los ciudadanos no debe quedar inconclusa. Demostrado el poder ciudadano, visible a través de Internet, de los medios de comunicación y de los dispositivos móviles, no puede haber marcha atrás. El control ciudadano de los poderes públicos debe ser intenso. Hay que permanecer vigilantes para que esperpentos parecidos a la reforma a la justicia no prosperen: reforma tributaria, reforma educativa o la reforma a las pensiones, que hacen fila en el Congreso, tendrán que ser debatidas públicamente, para que ninguna decisión que afecte a los ciudadanos sea una sorpresa, como había ocurrido hasta ahora. Hay que permanecer vigilantes para que las banderas levantadas durante este proceso no sean arriadas. Con el archivo de la nefasta reforma no todo ha quedado solucionado. Es muy peligrosa la vía del olvido. La revocatoria del Congreso y la reforma de los poderes públicos, la sanción disciplinaria a los congresistas y funcionarios que actuaron irregularmente incurriendo en conductas de fraude procesal, abuso de confianza, abuso de poder, conflicto de interés, son temas pendientes.
El control ciudadano sobre los poderes públicos debe ser de 24 horas al día, para evitar que los elegidos y los nombrados sigan haciendo trampas. El control ciudadano y la denuncia pública permanente son armas eficaces contra la corrupción de los poderes públicos. “Guerra avisada no mata soldado”.
Con un concierto de once horas, trece presentaciones y más de 50 artistas el Teatro Pablo Tobón Uribe en compañía de la Unión del Sector de la Música, USM, celebrará este jueves la noche más corta del año.ver más
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