Columnistas

Buenos Aires sin ‘subte’
Autor: Carlos Cadena Gaitán
27 de Agosto de 2012


La cosmopolita capital de Argentina es una de las mayores ciudades del mundo. Cada día, su sistema de transporte debe lograr cubrir las necesidades en movilidad de más de 13 millones de personas que habitan en su área metropolitana.

La cosmopolita capital de Argentina es una de las mayores ciudades del mundo. Cada día, su sistema de transporte debe lograr cubrir las necesidades en movilidad de más de 13 millones de personas que habitan en su área metropolitana.


Aún teniendo uno de los metros -allí le llaman ‘subte’- más extensos de Latinoamérica, hace años su capacidad se quedó corta para movilizar los ciudadanos que dependen de él. El subte fue inaugurado en 1913, en lo que fue el primer sistema metro de nuestro continente, y hoy es un sistema arterial vital para el funcionamiento de una Buenos Aires caótica, que tradicionalmente ha glorificado al carro particular. Además de congestionadas autopistas de segundo nivel, en esta gran urbe también coexisten dos curiosas vías urbanas: la más ancha (9 de Julio), y la más larga (Rivadavia) del mundo.


Para realmente entender el reto de la movilidad allí, no basta con navegar entre los tacos vehiculares característicos de las grandes ciudades del mundo. La auténtica experiencia porteña pasa por tomar el subte en hora pico. Como las líneas del sistema subterráneo se conectan con varias otras líneas de trenes de cercanías y estaciones de bus, los vagones de los subtes se llenan inmediatamente durante las primeras paradas. Para conseguir un espacio desde la tercera o cuarta estación de recorrido del tren, ya hay que rogar por un milagro. Obviamente, todos los usuarios deben viajar absolutamente apiñados; con las tantas consecuencias negativas que esa falta de espacio personal genera.


Sin embargo, el sistema funciona suficientemente bien; los porteños -aunque ofuscados por sus viajes incómodos- llegan a sus destinos. Ahora imagínese esa ciudad sin ese metro, ¿será que podría seguir funcionando? Como las peleas políticas dan para todo, la gran pesadilla de muchos se hizo realidad durante las dos primeras semanas de agosto: el subte se declaró en huelga, y ¡cesó completamente sus actividades por diez días!; el sistema de movilidad urbana colapsó.


Afortunadamente, desde la última huelga de los subtes, un nuevo modo de transporte ha venido fortaleciéndose en Buenos Aires. En los últimos años se han construido alrededor de 80 kilómetros de ciclo-rutas protegidas. Estas, hacen parte de un plan inicial de 100 kilómetros interconectados, que busca servir principalmente a las universidades y los edificios públicos. La huelga fue entonces la excusa perfecta para que muchos decidieran desempolvar su bicicleta, o alquilar una de las bicicletas públicas con las que la ciudad complementa su red de ciclo-rutas. Algunos diarios locales reportaron la duplicación en la demanda de estas bicicletas públicas durante la huelga; es apenas lógico.


Cuando por fin terminó la huelga que sumió las calles bonaerenses en un caos sin precedentes, ningún político salió bien librado. De acuerdo al sondeo de Opinión Autenticada realizado la última semana, el 40,3% de los porteños cree que el responsable del paro de subtes fue el Gobierno Nacional, mientras el 28,2% le echa la culpa al Gobierno Municipal. La pelea política que, durante el conflicto, sostuvieron la presidenta Kirchner y el alcalde de Buenos Aires, Macri (sí, es el mismo que solía ser presidente de Boca Juniors), no dejó beneficios para ninguno. Por el contrario, solo nos recuerda la importancia de blindar los sistemas de transporte urbano de los intereses estratégicos de los políticos. Al fin de cuentas, solo somos los ciudadanos del común quienes salimos perdiendo con este tipo de crisis.


Los colombianos conocemos estas dinámicas muy bien. No es sino recordar la cantidad de ataques políticos que ha sufrido (y seguramente seguirá sufriendo) nuestro único sistema metro; de hecho, esta misma semana el Consejo de Estado condenó al Metro de Medellín a pagar más de tres mil millones de pesos por una antigua demanda. Sin embargo, no tengo la menor duda de que esta insigne institución colombiana siempre seguirá poniendo el bienestar de los ciudadanos por encima de cualquier interés político.