Columnistas

150 años de la muerte de Pascual Bravo en la batalla de Cascajo
Autor: José Maria Bravo
4 de Enero de 2014


“Corta, pero intensamente vivida para las luchas de la democracia colombiana y el afianzamiento de las libertades ciudadanas, fue la existencia de Pascual Bravo”.

“Corta, pero intensamente vivida para las luchas de la democracia colombiana y el afianzamiento de las libertades ciudadanas, fue la existencia de Pascual Bravo”.


El Congreso de Colombia en 1937.


El Presidente Pascual Bravo, finalizando el año 1863, esperaba que su programa de gobierno y las medidas tomadas para el ejercicio de su mandato, lograran convencer de sus bondades a sus adversarios políticos. Pero la realidad era que ellos se estaban armando para derrocarlo y acabar con su vida. Los generales Cosme Marulanda González, Joaquín María Córdova, José María Gutiérrez, Gregorio Gutiérrez González, y otros jefes del conservatismo, habían desconocido su gobierno, y la guerra civil sería inevitable.


Pedro Justo Berrío tenía, además de ser contrario a las políticas de Pascual Bravo, razones personales para enfrentarse al régimen. Cuando el Estado de Antioquia cayó en manos de los mosqueristas, se vio obligado a huir a pie desde Santa Rosa hasta Yarumal, y se escapó de ser recluido en las bóvedas de Bocachica, porque se fugó y se refugió en los bosques vecinos.


Pascual Bravo esperaba el momento para actuar. Él era de la tierra de Córdova y tenía claro que el que no espera vencer, ya está vencido, y que si es imposible vencer, no es imposible morir.


La oposición al gobierno liberal, fue atizada especialmente por los clérigos y las comunidades religiosas, afectadas por la desamortización de bienes de manos muertas, y por las medidas de tuición de cultos.


Por la mañana del 4 de enero de 1864, Pascual Bravo pasó revista a sus tropas en la plaza de Rionegro, y las entusiasmó para ir a la lucha. Brindó por el triunfo y se alistó para salir al campo de batalla. Partió en busca del ejército del oriente, que estaba atrincherado a orillas del riachuelo Cascajo, lugar situado en una hondonada entre Rionegro y Marinilla, a órdenes del General Obdulio Duque y del Coronel Botella.


Allí se habían dado cita las fuerzas conservadoras del norte, oriente y sur del Estado, sitio que había sido escogido después de un buen reconocimiento del terreno, en donde construyeron sus trincheras en la parte empinada del terreno. Allí, el ejército conservador aguardaba el ataque, protegido por resistentes atrincheramientos.


Ese 4 de enero de 1864, se enfrentaron las dos colectividades políticas en la cruel batalla de Cascajo. El combate principió a las once de la mañana, y durante seis horas la serenidad y el arrojo de Pascual Bravo, pusieron en aprieto varias veces a sus adversarios. Entre los jefes y oficiales que acompañaron a Bravo, se encontraba su ayudante Coronel Juan Pablo Uribe, quien se desempeñó con gran valor hasta perder la vida en esa lucha. 


La batalla se desarrollaba en forma sangrienta, mientras las fuerzas enemigos eran reforzadas con combatientes que llegaban en grandes cantidades. Pascual Bravo no esperaba refuerzos porque no los tenía. Las armas que había encargado estaban en la aduana del puerto de Santa Marta. 


Cuando los hombres del gobierno luchaban para decidir la batalla a su favor, parecía que lo lograban, llegó al campo de batalla un contingente de la oposición enviado desde la población de Marinilla por el Padre Valerio Antonio Jiménez, quien había sufrido por las medidas religiosas.


En los momentos más difíciles del combate, llegó otro refuerzo bajo las órdenes de Cosme Marulanda González, Joaquín María Córdova y Gregorio Gutiérrez González. Con este refuerzo, el triunfo de las fuerzas revolucionarias conservadoras fue inevitable.


Aunque la batalla se definía a favor de las fuerzas del Gobierno, esto cambió debido a la táctica que practicaba el ejército conservador: eliminar a los jefes con sus mejores tiradores, debidamente resguardados, para así desconcertar a las filas contrarias, como en efecto sucedió. 


En el campo de la batalla de Cascajo, cayó exánime de su caballo, el presidente del Estado Soberano de Antioquia Pascual Bravo, el 4 de enero de 1864, herido en el pecho de un certero balazo que le causó la muerte, al frente de su ejército, propiciado por diestros tiradores agazapados en sitios desde donde podían lucir su habilidades sin riesgo. 


“Al evocar la memoria de Pascual Bravo, sucede algo semejante a lo que se experimenta al pensar en José María Córdova: el ánimo se contrista y la resignación difícilmente encuentra campo. Dos jóvenes generosos, denodados, paladines de ideas utópicas, a las que sacrifican su vida tan fácilmente, esas vidas llenas de ilusiones y que ofrecían las mejores perspectivas a la patria” Restrepo Posada, José F. Biografías Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores.