Política

Betsabé Espinal’s past and present
Pasado y presente de Betsabé Espinal
23 de Abril de 2016


Una institución educativa de Bello llevará el nombre de Betsabé Espinal, quien promovió y lideró a principios del siglo XX la primera huelga laboral de mujeres en Colombia.



Foto de Betsabé Espinal publicada en la primera plana del periódico El Luchador.

Carlos E. Uribe Restrepo* 


El estudio y aprobación por el Concejo de Bello del proyecto de acuerdo que denomina a una institución educativa en Niquía con su nombre, rescata del olvido a la mujer valiente, libre y luchadora que fue Betsabé Espinal, cuyo periplo  de vida -hasta hoy desconocido- resurge del pasado para ser ejemplo en el presente de las jóvenes generaciones que se formarán en ese plantel bellanita.


Antes del arribo de los españoles, se asentaron en lo que hoy es Bello los indígenas Nichios (Niquía) hasta que las tropas de Robledo y luego las del conquistador Gaspar de Rodas las recibieran en encomienda y fundan allí su hato ganadero y de cultivos de maíz y pancoger.


En 1616 esos territorios son claves pues de allí parte el oidor Herrera Campuzano a crear la Doctrina de San Lorenzo de El Poblado de Medellín.


Bello es cruce de caminos entre el río Cauca (Santa Fe de Antioquia, primera capital de la provincia) y el valle del Magdalena (Islitas hoy Puerto Nare), y en su intermedio el valle de Aburrá. Y justo por el “camino del antioqueño” pasan mercancías, funcionarios, batallones independentistas como el de Córdova en 1819 para expulsar al español Warleta.


Ya a finales del siglo XIX allí en “El Ventiadero”, Alto de Medina, acampa Pedro Justo Berrío para vencer en El Cascajo al presidente titular Pascual Bravo en 1863-1864 y es en 1879 cuando el joven maestro Marco Fidel Suárez alias “Frutos Calamocha” llega derrotado por el general liberal Tomás Rengifo.


La guerra civil más intensa de Colombia en toda su historia, la llamada de los Mil Días, ve pasar tropas conservadoras oficialistas del general Pedro Nel Ospina y su secretario Carlos E. Restrepo, literatos como Gaspar Chaverra, Lucrecio Vélez Barrientos, quien escribió una excelente crónica sobre la batalla de Palonegro.


Es justo en 1902, sin aún concluir esta guerra, que un grupo de empresarios, comerciantes y mineros del Parque de Berrío de Medellín cumplieron un sueño aplazado por la guerra: constituir y poner a andar una fábrica de textiles moderna y escogen a Bello por ser rica en aguas y más cercana al tren en construcción (Caracolí).


Ante la Cámara de Comercio de Medellín se inscribió la Sociedad Compañía Antioqueña de Tejidos, cuyos primeros accionistas fueron Pedro Nel Ospina, Casa Restrepo (hijos de Fernando Restrepo Soto), Julián  Vásquez, los Álvarez Carrasquilla, entre otros.


Como primer gerente nombraron al ingeniero graduado en Estados Unidos, Camilo C. Restrepo, y comisionaron al general Ospina, quien viajó a México, Nueva York y Manchester, Inglaterra, a negociar, comprar y embarcar la maquinaria e incluso enviar dibujos acerca de la arquitectura fabril que ya en Bello el ingeniero Juan de la Cruz Posada plasmó en esa planta fabril que abrió el proceso modernizador textil en Antioquia, ya que en Samacá, Boyacá, existía una. 


El segundo gerente fue Carlos E. Restrepo, pero en septiembre de 1904 se presentó una crisis económica y es cerrada la planta.


Ya en 1905 asumió la mayoría accionaria la Casa Restrepo, y es en cabeza de don Emilio Restrepo Callejas “paila” quien la puso a marchar con un estilo gerencial fuerte, constante y con una imaginación publicitaria enorme, pues a sus telas les puso el lema “No las rompe ni el diablo”, pese a sus profundas y casi fanáticas creencias religiosas.


Las mujeres


¿Y de dónde surgió la mano de obra para poner a funcionar los telares?


En esos momentos los hombres caían en la guerra y otros estaban en los campos dedicados a las faenas cafetera y tabacalera.


Por ello es justo decirlo hoy que surgió de las mujeres.


De 500 trabajadores, el 80% fue mujeres niñas y jóvenes entre los 12 y los 20 años.


La Fábrica de Tejidos de Bello, como se le conoció  históricamente, cambió el aspecto bucólico del famoso “Hatoviejo” y vio pasar raudas todas las mañanas por sus callecitas de polvo rojo, a decenas de mujeres y niñas que muy temprano van a la fábrica a manejar telares, a manipular algodón y ver cómo entre sus manos se forma el hilo, que a través del proceso de cardar, llegó a convertirse en las famosas telas que don Emilio, a través de una muy bien aceitada maquinaria comercial, llevó a Bogotá, la Costa y sur del país, logrando así uno de los objetivos de la naciente burguesía antioqueña, que se va despidiendo de los negocios de la agricultura, la ganadería y la minería, y entró a formar el fortín industrial textilero y cervecero de la región antioqueña, apoyados por el capital financiero aún en formación.


Por los salones de la fábrica no sólo pasaron ilustres industriales sino que se convirtió muy pronto en sitio turístico obligado para los visitantes del valle de Aburrá. Incluso el presidente en ejercicio Rafael Reyes la visitó en mayo de 1908 y luego Ramón González Valencia hizo lo propio en febrero de 1910.


El inteligente y astuto don Emilio hizo de su fábrica textil un sitio turístico para lo cual cobraba 50 centavos como muy bien lo relató don Enrique Echavarría en su texto clásico “Textiles en Antioquia”.


-Fotos tomadas del libro Betsabé Espinal, la natural.

Manifestación en Medellín en marzo de 1920 en apoyo a la huelga de mujeres en Bello.


Las niñas y mujeres son las verdaderas artífices de la industria textil, se van formando como nuevas ciudadanas con el apoyo que brindó el Patronato de Obreras creado en Medellín en 1912. Allí recibieron formación textil y en valores ciudadanos, religiosos y son “adoptadas” por las grandes señoras de Medellín, ya que muy niñas tuvieron que abandonar la fría meseta santarrosana o el bravo calor del Cauca Medio antioqueño de Sopetrán y San Jerónimo, entre otros municipios.


Bajo los techos de teja, cañabrava, ladrillos macizos, construcción en forma de sierra para permitir el ingreso de aire y no los fuertes vientos y en salones, ellas tenían que trabajar descalzas, paradas y en turnos de diez y doce horas.


La belleza, la piel tierna, el alma limpia de estas hermosas y tiernas damitas es acechada por hombres mayores que no resisten la tentación y empieza un acuciante acoso. 


A más de ello, don Emilio estableció un injusto sistema de multas, que incluso es criticado por su pariente y anterior gerente don Carlos E. Restrepo. 


Estalla la huelga


Debido al reducido salario de las obreras que trabajan en la Fábrica de Tejidos de Bello, al malísimo trato que reciben de sus superiores y viendo que no se creían aptas para continuar trabajando de esta manera, presentaron al señor gerente un memorial en el cual pidieron un aumento del 40%, la destitución de los infames e injustos señores Jesús Monsalve (taguiaca) y Manuel F. Velásquez, quienes cometen toda clase de abusos y arbitrariedades con las infelices obreras que escasamente llevan el pan a la boca de sus hambrientas familias y que por culpa de estos señores algunas obreras tienen que abandonar la fábrica para sufrir las consecuencias del hambre y del desprecio.


El señor gerente subió a algunas obreras un miserable centavo en cada pieza y a otras siete centavos.


Pero viendo que este aumento no era digno de tal fábrica, cuyos ingresos y ganancias eran altísimas, las obreras rechazaron el incremento, insistieron en masa ante el señor gerente, pero nuevamente no son oídas sus peticiones y regresan  pacíficamente en una tarde de sábado a sus casas llenas de hambre y de tristeza.


Cuando retornan el lunes a trabajar, las obreras Adelina González y Teresa Tamayo, iniciadoras de la huelga, incitaron a las obreras y obreros a que se declarasen en huelga lo más pronto, dispuestas a luchar y capaces de detener a los compañeros que no quisieran aceptar la huelga.


La obrera Betsabé Espinal se paró encima de su taburete y manifestó que ya eran varias las veces que habían reclamado a don Emilio sus necesidades, pidiéndole que aumentara sus jornales y aunque tuviera que abandonar la fábrica, ella quería la libertad de las obreras que quedaran trabajando, dispuestas a declararse en su anhelada huelga.


El inolvidable portero Jesús Monsalve (taguiaca) abrió la puerta tres veces a las obreras para que ingresaran a sus labores y estas la cerraron enseguida por el mismo número de veces, dispuestas a permanecer firmes en sus ideales.


Ese lunes y el martes trabajaron en completo orden.


El miércoles a eso de las 8 de la mañana, en la llamada al desayuno, y estando todas completamente reunidas y listas para presentarse a la lucha, se declararon en huelga, con un entusiasmo y valor tan grande que es digno de especial atención. Las mujeres mostraron más carácter que los miedosos hombres.


Sólo 18 obreros permanecieron trabajando en la fábrica y las obreras en su totalidad fueron declaradas y advirtieron que si el señor gerente no reconocía su memorial, continuaban en huelga hasta vencer o morir, según publicó el periódico El Luchador, en su página tres de febrero 14 de 1920.


El miércoles 11 de febrero de 1920, a las 8:30 a.m., no debe olvidarse nunca por las mujeres que luchan por sus derechos. Ese día, a esa hora, surgió para el mundo de los luchadores por los derechos, así sean laborales, sociales o de género, una nueva líder, una nueva figura, que por muchas razones quiso tenerse en el olvido: Betsabé Espinal.


De ella sólo hoy se conserva una foto del estudio Rodríguez que publicó el periódico El Luchador en su edición N° 125 del 17 de febrero, en el que se muestra a esta joven de apenas 24 años, nacida el 1° de diciembre de 1896 (este año conmemoraremos su 120 natalicio) en Bello, Antioquia, hija natural, a mucho honor, de doña Celsa Julia Espinal, y bautizada por el sacerdote italiano Pedro Juan Marchetti, en la capilla colonial de Bello.


Aun hoy no se sabe su lugar de habitación, si estudió o no, cómo fue su infancia. Sólo se conoce que como un rayo atrajo la atención de funcionarios públicos, periodistas, de poetas, el clero y lo más importante, de sus compañeras de lucha reivindicativa.


Periódicos como el ya mencionado El Luchador, El Espectador y el Correo Liberal, sus propietarios, periodistas, “El Curioso Impertinente” Diego Mejía, el “Detective”, entre otros, desarrollaron en el transcurso de los 29 días que duró la huelga, la más fulgurante campaña de apoyo a estas valientes mujeres, organizaron campañas cívicas de recolección de fondos para su alimentación, y lograron que la junta directiva de la empresa accediera a todas sus reivindicaciones. 


Incluso don Ricardo Restrepo Callejas, hermano de don Emilio, de orientación liberal y defensor del general Uribe Uribe, se sumó al movimiento solidario.


Las obreras obtuvieron todas sus reivindicaciones como la expulsión de los tres capataces acosadores y nunca más una mujer entraría a trabajar descalza a sus sitios de trabajo.


Y la líder, la hermosa morena, de nuca esbelta, con su crucifijo al cuello, lindo vestido, cejas naturales tupidas y de color negro azabache, ella, Betsabé Espinal, es hoy, en pleno siglo XXI, nuevamente realzada, valorada y visibilizada como ejemplo del tesón que hombres y mujeres deben reivindicar, para obtener un mundo mejor y más justo y equitativo.


*Coordinador del Archivo Histórico de Bello.




Triste muerte

Pasada la huelga y obtenido tan semejante triunfo, Betsabé Espinal entra en el olvido y sólo en 1932 vuelve a ser noticia, cuando la prensa de la época anuncia su muerte electrocutada en las horas de la madrugada del 16 de noviembre, en una casa de Medellín ubicada en la carrera Villa (carrera 41) con calle 41 (Los Huesos), que aún hoy se conserva, a sólo dos cuadras de donde vivió la luchadora socialista María Cano y habitó por poco tiempo la Santa Laura Montoya.