Política

Let’s have a class with Professor Rodolfo Correa
A clase con el profesor Rodolfo Correa
Autor: José Ignacio Mejía / Nacho
16 de Julio de 2016


Un recorrido pedagógico y conceptual con este académico por los grandes asuntos judiciales y políticos de la vida colombiana.



El profesor, jurista y cercano a la política Rodolfo Correa dictó cátedra sobre los asuntos de moda judicial y políticos del país.

Tres facetas se combinan en la existencia de Rodolfo Correa. La académica como profesor en Unaula, su ejercicio profesional del Derecho desde su descrestante bufete Ochoa y Correa Asociados y su cercanía con el quehacer político en Medellín y Antioquia, el cual hasta le ha tocado padecer.


Acudiendo a su rol de profesor dijo que los partidos políticos en Medellín ya no son ni actores de reparto y que a la gente de esta ciudad ya no le gustan los políticos.


Sostuvo que la obsesión del uribismo contra el proceso de paz se debe a que el conflicto justifica su supervivencia.


Desde su faceta jurídica manifestó que las reformas a la Constitución son entendibles porque Colombia es una sociedad adolescente con una Constitución muy joven e inestable.


Aunque dice que la Corte Constitucional ha sido el motor del desarrollo constitucional del país, ha cometido excesos porque ha hecho activismo judicial y política judicial.


En su opinión Alejandro Ordóñez es un procurador de derecha, pero valiente.


Aceptó que en Colombia la política se judicializó y la justicia se politizó, lo cual reclama una reforma a la justicia y a la política, todo lo cual es el origen del choque de trenes.


En su concepto, Santos le ganó la batalla a Uribe, pero de este último reconoció que es el mejor político de los últimos años en Colombia.


Y lamentó que el Partido Liberal sea hoy apenas un bello recuerdo para el país.


Usted estuvo muy cerquita de las elecciones a la Alcaldía de Medellín del año pasado. ¿Qué enseñanzas dejaron?


La gran lección que dejan esas elecciones es que los partidos políticos en el escenario de Medellín ya ni siquiera son actores de reparto.


O se ponen las pilas y se transforman o van a desaparecer.


Hoy a los partidos políticos sólo les queda como refugio la mayoría de las curules del Concejo Municipal, pero estoy seguro que en dos o tres elecciones, si seguimos como vamos, serán los movimientos ciudadanos y alternativos los que progresivamente los irán desplazando porque la gente en Medellín no cree en los políticos.


Desde la academia y desde el quehacer jurídico ¿qué piensa del proceso de paz del Gobierno Santos con las Farc y a sus integrantes haciendo política?


El proceso de paz es la gran esperanza para que los colombianos terminemos 60 años de violencia declarada, porque este país ha estado en guerra civil desde su fundación.


Es el momento de acabar con esta guerra civil que tenemos desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. No cualquier presidente hubiera tenido las agallas de enfrentarse a un proceso para desmovilizar a las Farc por la vía no armada.


Se intentó por la vía armada y fuimos de fracaso en fracaso.


El Gobierno que mayor posibilidad tuvo históricamente de lograrlo por la vía armada fue el de Álvaro Uribe, pero al mismo tiempo esa experiencia demostró que la vía armada no era el camino.


Hoy el presidente Santos ha logrado materializar ese gran deseo de los colombianos de ponerle fin al conflicto por la vía pacífica.


Todavía no estamos conscientes de lo que eso significa para las generaciones futuras. Los colombianos deben estar agradecidos que haya un presidente que le vaya a entregar a nuestros hijos un país distinto al que nosotros recibimos.


¿Y qué piensa un profesor de Derecho sobre las fuertes críticas en torno a que no sea una paz sin justicia o con impunidad? O los procesos de paz no son perfectos. 


Cuando el uribismo se enfrenta con tanta incisión y obsesión al proceso de paz, me parece absolutamente lógico porque cuando se acabe la guerra cuál va a ser el discurso de ellos.


Es decir, es un asunto de supervivencia, el uribismo lo que hace es procurar para que la problemática que justifica su existencia siga existiendo. 


Y al respecto quiero hacer una pequeña parábola. Una vez un padre médico en un pueblito pequeño y donde tenía el único consultorio mandó a estudiar a su hijo Medicina a la capital. Cuando el hijo recién terminó la carrera, lo dejó un día al frente del consultorio. Ese día apareció una viejita con un dolor de oído y el hijo le preguntó qué era lo que tenía. Es que yo siempre vengo aquí y su papá me echa unas goticas. Comenzó a revisarle el oído y observó que tenía una hormiga en el oído y se la extrajo. La señora se fue contenta porque no tenía que volver al médico. Al otro día le comentó a su papá el episodio y le preguntó por qué nunca había sacado la hormiguita durante tanto tiempo si era tan fácil. El papá contestó que con esa hormiguita le había pagado la carrera.


Eso es lo que está pasando con el uribismo, que no quiere que le saquen la hormiguita porque se acaba la financiación ideológica, política y mediática de su causa.


El proceso no ha sido fácil para Santos, le ha costado un desgaste en la opinión nacional, pero estoy seguro que lo sacará adelante y le dejará un legado de paz a Colombia.


¿Qué pedagogía nos puede hacer sobre los 25 años de la Constitución Política?


Ha habido muchas críticas porque se ha reformado, que vivimos de reforma en reforma y el profesor Ramón Elejalde afirma que en Colombia se creó un nuevo deporte que es cambiar la Constitución.


Después de quince años de estudiar la Constitución y enseñarla a mis alumnos, sostengo que nuestra Constitución es un adolescente y todo adolescente sufre un proceso de inestabilidad, de formación de identidad, porque adolescente viene de adolecer, es decir, que le falta.


A la Constitución le pasa lo mismo que a la sociedad. La sociedad colombiana es aún adolescente y tiene una Constitución adolescente porque tenemos 200 años de existencia y una sociedad empieza a madurar políticamente a los 500 años de su consolidación.


Tenemos una sociedad bastante joven con una Constitución bastante joven. La Constitución es el reflejo de lo que es la sociedad y no podemos pretender tener una Constitución que no corresponda a lo que somos realmente.


Por eso el tema de las reformas constitucionales es perfectamente entendible debido a nuestro proceso de evolución como sociedad.


La Constitución Política de Colombia logró una gran transformación y es que en nuestra mentalidad todos somos iguales.


Dirán que es muy fácil y muy obvio, pero no lo es. En Colombia antes de la Constitución de 1991 el entendimiento de las castas, la estratificación social no era sólo para el tema de los servicios públicos sino para el trato y el respeto que los demás merecían. Hoy el Estado tiene una nueva concepción de trato hacia el ciudadano gracias a la Constitución de l991 y la gran conquista es la igualdad.


En una conversación con Horacio Serpa me explicó  cuál era su apreciación frente a la Carta. Según Serpa, la Constitución de 1991 acabó con el viejo dicho bogotano de “le tocó irse a quejar donde el mono de la pila”. Yo no entendí mucho porque no era bogotano. Entonces me explicó que en la capital existía una pila de agua donde había una escultura de un mono. A todo el mundo le decían cuando iba a un trámite ante el Estado o a solicitar la protección de un derecho por parte del Estado, antes del 91, que le tocó ir a quejarse al mono de la pila.


Eso ya no pasa después de 1991, sino ante el juez de tutela. Y eso ha permitido una transformación en la concepción de la efectividad de la justicia, del Estado y en el respeto de la Constitución sin precedente en Colombia.


La Constitución más bonita fue la de 1853, la llamada del Olimpo Liberal, que estableció la elección popular del procurador, también de los magistrados de la Corte, era una de las más avanzadas del mundo, pero jamás se logró aplicar porque para que se pueda aplicar una norma en una sociedad, la sociedad tiene que estar madura.


La Constitución de 1991 ha ayudado a la transformación de la mentalidad y del inconsciente social.


¿Qué posición tiene un académico y jurista como usted sobre la Procuraduría de Alejandro Ordóñez? ¿Está en contra o a favor?


Ha ejercido un Ministerio Público de derecha y en el país deben respetarse las posiciones de derecha y las de izquierda.


El procurador ha sido un hombre valiente, con criterio y que ha hecho el mejor esfuerzo por el país, estemos o no de acuerdo con él en muchas cosas.


¿Desde las aulas de Derecho qué se puede evaluar de la figura de la Fiscalía General de la Nación?


Fue el gran aporte que la Constitución del 91 le entregó a la justicia, porque al consagrarse esta figura creó un aparato operativo, dirigido desde un nivel central para la obtención de resultados que se han visto positivamente reflejados, en medio de toda la escasez de recursos que tiene la Fiscalía.


¿Que le diría usted a sus alumnos sobre la Corte Constitucional?


Ha sido un órgano que se ha convertido en el motor del desarrollo constitucional, que desafortunadamente en ocasiones ha cometido excesos porque ha hecho activismo judicial.


La Corte Constitucional últimamente ha hecho política judicial.


Me da pie para que exponga su criterio sobre que la justicia se politizó y la política se judicializó.


Es exactamente lo que está pasando y por eso la sociedad está reclamando una gran reforma judicial y política.


Si en un examen usted pregunta por qué existe choque de trenes en la justicia, ¿cuál sería la respuesta?


Por politización de intereses, porque los jueces tienen que dejar que los políticos hagan la política y los políticos dejar que los jueces hagan justicia.


Los jueces están administrando el país y los políticos quieren juzgar a la gente.


A propósito de la política. ¿Cómo entender otro choque de trenes entre Santos y Uribe, si son lo mismo de lo mismo?


El presidente Santos ganó la batalla. Santos le ganó a Uribe siendo este último el más brillante político de la segunda mitad del siglo XX y de la primera parte del siglo XXI en Colombia, pero Santos le ganó.


Con una gran paradoja, que la afectación de su imagen ha sido uno de los costos de ganarle la batalla al más grande de los últimos tiempos.



Un bello recuerdo

¿Profesor Rodolfo Correa, sigue siendo un liberal socialdemócrata?


Soy muy liberal, soy muy socialdemócrata en otro estado de mi vida, en un estado de madurez y de estabilidad mental, emocional, social y económica.


¿Con mejores tarjetas de crédito?


Hombre, la socialdemocracia debe permitirnos que todos tengamos acceso a la misma calidad y cantidad de bienes.


No es una lucha contra la riqueza, es una lucha contra la pobreza.


¿Y cuál es su opinión hoy del Partido Liberal?


Es un bello recuerdo para el país.


Es un colectivo sin organización, sin identidad política, sin liderazgo, sin líderes, es un colectivo que no determina la opinión pública, que está pensando más en cómo conseguir puestos de un Gobierno, que en cómo resolver los problemas de una sociedad.