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Dos varas de orquídeas silvestres le costaron a Martín Emilio Atehortúa Londoño 17.000 pesos. El vendedor también es oriundo de Santa Elena y es experto en flores exóticas, que son apetecidas para las silletas monumentales. Carolina Pérez
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Son las 10:20 p.m. y en los alrededores de la Placita de Flórez están apostados al menos cinco hombres que esperan la llegada de los carros cargados de flores. Eso aunque faltan por lo menos tres horas para que empiece a llegar la mercancía, la misma que hoy, cuando se realice la versión número 55 del Desfile de Silleteros, cargarán a sus espaldas como una muestra de tradición.
Carlos Albeiro Londoño empieza a hablar, dice que llegó tan temprano porque necesita estar atento para el momento en que descarguen el pedido que hizo hace una semana, unos gladiolos que no se cosechan en Santa Elena, aun con la fama del corregimiento de ser la despensa floricultora de la ciudad.
“Hasta que no las tenga en la mano no me quedo tranquilo, es que muchas veces a los vendedores se les daña el corazón si otro les ofrece más plata”, dice el hombre mientras toma un trago de aguardiente y se recuesta sobre la barra de El Capri, una cantina ubicada en la equina oriental de la plaza y que de a poco se va llenando de hombres y mujeres que madrugaron para conseguir las flores para la silleta.
Carlos habla con la convicción de conocedor. Asegura que a su obra, que compite en la categoría tradicional, no le meterá sino de a un ramo de la misma especie, unos 70 en total. Sabe que para poder reunir todas esas variedades necesita paciencia. La misma que ha tenido desde hace 34 años cuando empezó a desfilar.
Contrario a lo que ocurre en el resto de la ciudad, a medida que pasan las horas y se acerca la madrugada más personas merodean las dos entradas al parqueadero del terreno que donó hace 121 años Rafael Flórez, de ahí el nombre, y que fue cuartel de Policía, y circo de toros, y convento, y escuela de niñas y, desde 1955, la primera plaza de mercado cubierta del país.
Los años en este lugar no han pasado en vano. Además de una estructura moderna las lógicas del mercado han cambiado. Hace 55 años, cuando empezó el Desfile de Silleteros allí se reunían todos los vendedores que bajaban de Santa Elena para vender las flores que ellos mismos cultivaban.
Lo hacían en sillas adaptadas para cargar, organizadas con ramilletes de diferentes especies para la venta, estos estaban dispuestos juntos, por colores, tal como se muestran hoy en la categoría tradicional.
Con el paso de los años la vocación agrícola del corregimiento menguó. Los cultivos se tecnificaron con sofisticados invernaderos que dan a la flor mayor duración y colores y especies que ninguno de los pioneros en el desfile se pudo imaginar, por eso ahora quien quiera llevarse al menos un gallardete de finalista para su casa debe bajar a la placita a comprar las variedades que se necesitan para armarla.
Juan Carlos Grajales, de la vereda Piedra Gorda explica que cada año cada uno de ellos se planea su silleta, piensa qué flores le va a meter, y si no las consigue en Medellín se da la vuelta por el Oriente, “si toca vamos hasta Manizales y a Bogotá, toca buscar y pagarla al precio que sea”, cuenta.
Grajales recuerda los años en que por cinco mil pesos otro se lleva la flor que él pensaba comprar, por eso aprendió a comprar primero, no importa lo que pidan, incluso lo que el resto del año es rastrojo para él. Lo dice mientras mira un tipo de orquídea. “es que por esta época uno se va para el monte y no encuentra nada”, asegura.
Ya pasó la media noche y un grupo de vendedores exhibe el pinocho blanco, amarillo y rojo que trajo para la venta. Con esta variedad, que en el interior del país se conoce como crisantemo, se hacen la mayoría de las figuras de las silletas emblemáticas, esas que tienen mensajes y figuras y que son las más elaboradas.
En cualquier temporada del año un paquete de estas flores, que parecen botones apretados, cuesta en promedio $1.000 pesos, hoy, como es tan apetecido, está a $3.000. A ese precio compran la mayoría, prefieren asegurarlo.
Tres horas más tarde, cuando ya comienza a acercarse el día, en una esquina de la plaza, sobre la vía pública, llega un viaje de la misma flor procedente de San Cristóbal, pide los mismos $1.000 por el paquete, menos de media hora después no tiene ni uno solo. Otros intercambian las especies que lograron cultivar en sus huertas por otras que se necesitan para decorar las silletas.
Silletero no es cualquiera, dicen con orgullo cada uno de los 500 participantes, hombres y mujeres que conservan la tradición familiar. No es cualquiera por dos razones, la primera es el contrato que cada uno de ellos tiene y que es indispensable para participar.
Contrato que les da derecho a desfilar cada año mostrando la cultura que conservan en sus casas y en sus huertas, y por el que en promedio la Administración Municipal le paga $1.400.000 a cada uno.
Tampoco lo es, porque como explica Edilberto Atehortúa Londoño, quien se llevó el año pasado el premio de ganador absoluto, para poder desfilar con una silleta buena, digna de admirar, se deben gastar como mínimo $2.000.000 en variedades de fores.
“Yo voy es a ganarme eso, por eso bajo todos los días a ver que traen de diferente, porque en una sola variedad puede estar el premio”, aunque ya tiene muchas en su casa, esta vez compra dos ramilletes de Nasefalias, unas flores diminutas en forma de cartucho y continúa la búsqueda de puesto en puesto para observar que se le puede escapar.
“Todos nosotros lo hacemos por el orgullo, solo si uno gana se recupera la plata, pero no importa, para eso es que trabajo todo el año”, dice Atehortúa quien tiene como oficio comerciar con flores en la puerta del Cementerio San Pedro.
Al llegar la luz del día los puestos de venta están vacíos, todo lo que tenían se fue durante la noche, incluso unos ramos de espiga de chócolo, que el resto del año se botan a la basura pero que ahora son apetecidos para decorar el cabello de los muñecos de las emblemáticas.
A un día del Desfile la suerte está echada. Una suerte del tamaño del bolsillo de cada uno. Si a alguno le llegara a faltar material para construir su silleta solo queda apelar al compañerismo de sus colegas. Mientras tanto las mismas flores que llegaron de Santa Elena, San Cristóbal, Rionegro, Pereira y Bogotá desfilarán y volveremos a escuchar ese dicho de “Mientras pasa un silletero es Antioquia la que pasa”.
Ana Beiba Londoño de Londoño Barro Blanco
Blanca Rosa Gallego de Ramírez Barro Blanco
Luz María Grisales Soto San Miguel
Rosa Emilia Grisales de Grajales San Ignacio
Encarnación Atehortúa Soto El Porvenir
Carmen Emilia Atehortúa Zapata El Porvenir
María Josefina Londoño de Soto El Plan
Luz Estela Hincapié de Sánchez San Ignacio
Pastora Inés Zapata de Ramírez El Placer
Evelio de Jesús Londoño Alzate Barro Blanco
Óscar de Jesús Atehortúa Espinosa Barro Blanco
Miguel Ángel Atehortúa Zapata Barro Blanco
Óscar de Jesús Grisales Soto San Miguel
José Gustavo Patiño Alzate Barro Blanco
Julio César Ramírez Londoño Barro Blanco
Rubén Antonio Amariles Patiño San Ignacio
Gilberto Londoño Grisales El Porvenir
Manuel Efraín Londoño Zapata El Porvenir
Hernando de Jesús Londoño Alzate Barro Blanco
Óscar de Jesús Atehortúa Ríos El Cerro
Carlos Enrique Londoño Guzmán Barro Blanco
· Asista al Desfile de Silleteros con ropa cómoda.
· Hidrátese bien antes de salir de su casa o si por el contrario desea llevar líquidos evite llevarlos en botellas de vidrio.
· Evite consumir licor en exceso.
· No porte armas de fuego o cortopunzantes.
· Utilice protector solar, gorra o sombrero.
· Para llegar al evento transpórtese en el Sistema Metro o medios de transporte público.
· Tenga precaución con sus pertenencias y con personas extrañas.
· Identifique el sitio de atención de emergencias.
· Porte sus documentos de identidad.
· Llegue con anterioridad para evitar contratiempos.
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