Palabra y obra

Francisco José de Caldas as forerunner of engineering in Colombia
Francisco José de Caldas como precursor de la ingeniería en Colombia
25 de Octubre de 2014


A propósito de la conmemoración del bicentenario de la primera cátedra de Ingeniería en Colombia, publicamos la investigación completa que el ingeniero civil Darío Valencia Restrepo realizó sobre este pionero. El autor del artículo agradece la colaboración del ingeniero Daniel Restrepo Toro.


Foto: Cortesía 

Francisco José de Caldas  (Popayán, octubre de 1768 - Santafé, octubre de 1816).

Darío Valencia Restrepo


www.valenciad.com


Especial para EL MUNDO


Una pesquisa tras las huellas de Caldas


La Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería ha escogido el 20 de octubre para conmemorar el bicentenario del Discurso Preliminar de Francisco José de Caldas para dar comienzo a una Escuela de Ingenieros Militares, ya que dichas palabras se consideran como la primera cátedra de ingeniería en Colombia.


Por su parte, el cuerpo de Ingenieros Militares de Colombia celebró el pasado 4 de octubre en Rionegro el bicentenario de la iniciación de actividades en la mencionada Escuela.


¿Qué dicen esas fechas? ¿Cuándo y dónde en realidad ocurrieron esos dos eventos concomitantes, la iniciación de la Escuela y el Discurso? Las fuentes consultadas no revelan datos precisos sobre fecha y lugar. Como algunos estudiosos hablan de octubre de 1814, era lógico que tanto dicha Asociación como el cuerpo de Ingenieros escogieran ese mes para conmemorar sendos bicentenarios.


Pero el autor de este artículo encontró una carta de Caldas, escrita en Rionegro el 6 de junio de 1814 y dirigida a un futuro cadete, en la cual lo convoca a presentarse en Rionegro el día 13 de junio de 1814 pues en ese día se dará principio a las lecciones militares de la Escuela.


Resulta entonces que la iniciación de actividades en la Escuela de Ingenieros Militares y plausiblemente también el Discurso Preliminar tuvieron lugar en Rionegro el día 13 de junio de 1814. Quedaba entonces pendiente lo relativo al lugar.


Y aquí aparece la historiadora Luz Elena Rendón, directora del Archivo Histórico de Rionegro y a quien se le había solicitado su colaboración. Afortunadamente, ella encuentra un antiguo documento en el cual se indica que el mencionado acto tuvo lugar en la Maestranza de Artillería, de la cual se hablará más adelante. La pesquisa se había completado.


Don Juan del Corral, un visionario frente a la Reconquista española


El 10 de diciembre de 1813, el presidente dictador de la entonces República de Antioquia, don Juan del Corral, estableció en la ciudad de Rionegro un plan para reorganizar las fuerzas armadas de esa república y ordenó la creación de una Maestranza de Artillería y un Cuerpo de Ingenieros Militares. Todo ello en consideración a la llegada de las tropas españolas de la Reconquista.


Encargó a Francisco José de Caldas de la dirección de ambas instituciones pues el neogranadino era ya conocido por antecedentes en la ingeniería militar. Caldas se encontraba en Antioquia como refugiado, ya que había hecho parte del ejército de los federalistas, perdedor en la guerra civil contra los centralistas.


La Maestranza se dedicó a fabricar armamento para el ejército y también a construir las máquinas de acuñación para la Casa de Moneda que Del Corral ordenó abrir en Medellín. Por su parte, el cuerpo de ingenieros empezó preliminarmente con tres cadetes, cuya actividad tal vez estuvo centrada en la práctica, pero las labores académicas sólo se iniciarían más tarde, como ya se dijo. A los tres cadetes se habían agregado nueve más, lo que seguramente exigió una educación más formal.


Entre los profesores de dicha Escuela se encontraban, además del propio Caldas, el distinguido militar francés Manuel Roergas Serviez y el gran educador y magistrado José Félix de Restrepo, de quien el prócer recibiera las primeras clases ilustradas en el Colegio Seminario de Popayán. Y entre los cadetes se encontraba un joven de casi 15 años llamado José María Córdova.


Como hacia fines de 1815 Caldas fue llamado a Bogotá para que fundara una escuela de ingenieros militares semejante a la de Antioquia, y para que completara su ya iniciado atlas de la Nueva Granada, la escuela fundada en Rionegro sólo alcanzó a funcionar un año y unos meses más. En ese momento la institución se encontraba en Medellín, adonde había sido trasladada poco después de iniciar actividades; en efecto, dos cartas del prócer muestran que en el mes de agosto de 1814 él se encontraba en Medellín. En esta ciudad también ya había organizado una fábrica de pólvora y dirigido la construcción de máquinas para la fabricación de armamento.


Don Juan del Corral menciona en un documento los atributos de la ciudad de Rionegro que justifican la decisión de haberla escogido como sede de esas actividades militares. Fue entonces dicha ciudad la cuna del cuerpo de Ingenieros Militares de Colombia, lo cual fue confirmado por la celebración del bicentenario de dicho cuerpo el pasado 4 de octubre en una solemne ceremonia en el parque central de Rionegro.


La soledad de Caldas


El neogranadino ha sido muy útil para sus biógrafos en razón de las numerosas cartas que envió y que se conservan. Su condición de viajero empedernido, así como sus permanentes inquietudes acerca del trabajo y de las limitaciones del medio, lo impulsaban a una prolija comunicación, especialmente con su amigo Santiago Arroyo.


Los aires renovadores de la Ilustración propiciados por la monarquía borbónica llegaron a la Nueva Granada hacia fines del siglo XVIII gracias a la Expedición Botánica, cuya influencia se hizo sentir en los ámbitos científico, cultural y político de la Colonia. Pero Caldas apenas fue vinculado a la misma a la edad de 34 años. Antes, pasó largo tiempo en Popayán después de estudiar tres años de jurisprudencia en el Colegio Mayor del Rosario, quejándose de lo que consideraba un tiempo perdido en Santafé de Bogotá pues no era esa su vocación.


Despertado su interés en la naturaleza gracias a los numerosos recorridos por los Andes, Caldas carecía de lo esencial para proseguir su incipiente vocación científica: Un apropiado programa de trabajo, la orientación de un maestro o tutor, los libros e instrumentos, el conocimiento de lo que se sabe y no se sabe en el mundo de la ciencia para no descubrir lo ya descubierto.


Es así como en su primera carta a José Celestino Mutis, en 1801 y escrita a la edad de 33 años, le dice después de elogiarle su trabajo: “(...) Yo, ignorante, desconocido de mis paisanos mismos, pasando en un rincón de la América una vida oscura y a veces miserable, sin libros, sin instrumentos, sin medios de saber y sin poder servir en alguna cosa a mi Patria”.


La soledad de Caldas se hace más patente al considerar sus altas aspiraciones por aquellos años, tal como señala este pasaje del extraordinario libro Historia de la astronomía en Colombia, de Jorge Arias de Greiff, al referirse al deseo de Caldas de hacer sus propios cálculos astronómicos (...), “se nota un intento de sobrepasar el nivel de simple aplicador de prácticas y técnicas rutinarias; se pone de manifiesto la necesidad, ya que ese era su problema, de realizar lo que los altos niveles de la ciencia de esos días hacían para que otros aplicaran; quiere ponerse al pie de quienes trabajan la frontera de la ciencia.”


Termina este apartado con un bello elogio que en su epistolario hace Alexander von Humboldt de las capacidades del neogranadino, y que también corrobora lo que aquí se ha venido sosteniendo: “Evidentemente, Caldas es una maravilla en astronomía. Desde hace años trabaja aquí en la oscuridad de una ciudad remota. Él mismo ha arreglado sus instrumentos para las medidas y las observaciones: ora traza meridianos, ora mide latitudes. ¡Cuánto podría lograr semejante hombre en un país donde se le proporcionara más apoyo!”


Influencias


Fueron muy útiles los mencionados viajes de Caldas por el virreinato, iniciados con el comercio de telas entre Popayán y Santafé, pues lo pusieron en contacto con la vasta y cambiante naturaleza tropical del país. Los ascensos a las vertientes de los Andes y los descensos a los valles y llanuras de un escarpado territorio le muestran cómo la flora y la fauna cambian en los diferentes pisos térmicos, y cómo la índole de sus habitantes depende del clima. Su curiosidad, ingenio y poder de observación despertaron en él un ansia de conocimiento del país, de sus pobladores y de sus recursos. 


De allí le surgirían ideas y  empeños para el futuro, especialmente en lo relativo a la nivelación de las plantas.


Pero lo decisivo para el neogranadino fueron tres influencias principales, las cuales le permitieron sortear la soledad antes descrita e iniciar avances en su escasa y a veces algo dispersa preparación científica.


En primer lugar, la expedición a la presidencia de Quito dirigida por Charles Marie de la Condamine, entre 1735 y 1745, con el fin de medir un grado de meridiano en la vecindad del ecuador y saldar la controversia sobre la forma de la Tierra. La expedición contribuyó a demostrar que la Tierra no es una esfera pues se ensancha en la vecindad del ecuador y se achata en los polos, como lo había predicho Newton. Caldas consultó documentos de esa expedición, recorrió la zona empleada para dicha medición, y encontró los puntos extremos de aquel arco de meridiano.


La segunda influencia se refiere al encuentro de Caldas con Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en diciembre de 1801, a pesar de que Caldas no pudo acompañar a los europeos en la continuación de su viaje. Conviene citar lo que diceJohn Wilton Appel en su importante libro Francisco José de Caldas: A Scientist at Work in Nueva Granada: “Caldas fue el único en la Nueva Granada que pudo escalar volcanes con Humboldt, buscar plantas con Bonpland, copiar cuadernos de los europeos, auscultar el conocimiento de ellos y solicitarles una opinión sobre sus propias actividades científicas. Y fue también el único en recibir un elogio escrito por parte de Humboldt.”


Finalmente, la influencia de José Celestino Mutis es de la mayor importancia. Aparte de los grandes aportes de la Expedición Botánica, presidida por él, en la enseñanza se ocupó de Copérnico y Newton, aunque vale la pena comentar que con anterioridad los educadores jesuitas ya habían discurrido sobre estos autores.


Caldas hizo una muy valiosa contribución al herbario de la Expedición gracias a numerosos ejemplares recolectados, con su respectiva descripción y a veces dibujo, como resultado de sus frecuentes viajes en el interior del virreinato, muy especialmente con motivo de su larga estadía en la provincia de Quito. Ello fue producto de uno de sus furores, como él los llamaba, en este caso el furor botánico. Otro gran furor sería el astronómico.


Mutis otorgó a Caldas un significativo cargo al designarlo en 1805 como primer director del Observatorio Astronómico, cuyo edificio se había  terminado de construir en 1803. El año anterior ya había ingresado a la Expedición Botánica como agregado en calidad de meritorio. Dicho observatorio fue el primero construido en el Nuevo Mundo.


Era apenas natural que las influencias despertaran o ratificaran aquellos furores y que a la vez pusieran de presente la urgencia de conseguir libros e instrumentos, así como la financiación para algunos viajes. Y es aquí donde aparecen el apoyo y la generosidad de nobles amigos, entre los que se puede incluir al propio Arroyo, Francisco Antonio Ulloa, el canónigo de Popayán, Manuel María Arboleda y don José Ignacio de Pombo.


Caldas como ingeniero militar


Para los fines de esta exposición, es pertinente citar un párrafo de la carta que Caldas dirigió a su gran amigo Santiago Arroyo desde Santafé de Bogotá el 5 de agosto de 1811:


“Soy ingeniero, y para la defensa de la patria me he visto precisado a consagrarme seriamente al estudio de la fortificación y artillería. Es verdad que tienen encanto estas ciencias horribles; pero nada de la majestad y de la grandeza de los cielos. Por fortuna, son ciencias circunscritas, que para conquistarlas bastan dos o tres meses de un estudio metódico”.


Es la primera vez que Caldas se considera a sí mismo ingeniero. Pero nunca estudió ingeniería pues las escuelas en firme de esta profesión sólo aparecieron en nuestro territorio hacia mediados de la década de 1840 con el Colegio Militar, creado en el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera. Pero es del caso señalar que diferentes autoridades le confirieron en ciertos momentos de su vida dicho título; por ejemplo:


En 1812, Nariño lo designa capitán del Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos.


Por su parte, Juan del Corral lo nombra en 1813 ingeniero General del Estado.


 Y en 1815, en una colección de imágenes que hacen parte de un gran atlas se lee el siguiente título: “Provincias Unidas de la Nueva Granada. De orden del Gobierno General por el ciudadano Francisco José de Caldas, Coronel del Cuerpo Nacional de Ingenieros.” 


Es notorio que en ese aparte de la carta Caldas muestra su decidida inclinación a temas como la astronomía y no tanto a la milicia, algo que merecerá comentarios más tarde.


Sin estudios formales de ingeniería, Caldas muestra su destreza práctica en aquella Maestranza, donde con la ayuda de operarios se fabrican y reparan cañones, fusiles, bayonetas y espadas. Su capacidad teórica se revela en sus clases en la escuela de ingenieros militares y en el correspondiente plan de estudios, compuesto por seis tratados que incluían fortificaciones, artillería, hidráulica, geografía militar, táctica y arquitectura civil.


Una prueba más de su práctica como ingeniero militar se puso de presente cuando en 1813 cumple un encargo anterior de Juan del Corral para construir la fortificación de unos pasos montañosos en el sur de la república, en la vecindad del río Cauca. Se construyen entonces los fuertes de Bufú, Velásquez, la Cana y Arquía, destinados a impedir el ingreso de las tropas españolas de la Reconquista.


De manera que Caldas fue un poderoso autodidacta que se sobrepuso a las limitaciones del medio. En efecto, se acaba de ver que él mismo es un precursor de la ingeniería militar. En lo que sigue, se va a demostrar que don Francisco José también puede considerarse precursor en Colombia de otros varios campos de estudio y práctica, algunos de ellos con significativa relación con la ingeniería en general. Tiene entonces pleno sentido considerar a Caldas como el colombiano iniciador de la ingeniería como profesión en el país.


Un método para medir la altura de las montañas


El método es muy sencillo: el agua hierve cuando su temperatura es tal que la presión de vapor del agua iguala la presión atmosférica. De modo que si se mide dicha temperatura es posible relacionarla con la presión barométrica y, por lo tanto, con la altitud. Caldas conocía que la temperatura de ebullición del agua es constante a una determinada altitud, lo que equivale a decir que dicha temperatura es constante a una determinada presión barométrica. 


Al respecto, opina Jorge Arias de Greiff en uno de sus varios artículos sobre el personaje: “Se presenta el método de Caldas para medir la altura de lugares por medio del agua hirviendo, como lo que es: un método no usado antes, así se conociesen en Europa fórmulas, entre otras cosas, por las características especiales del régimen de presión atmosférica en esas latitudes y continentes.”Y agrega: “En las condiciones particulares de América tropical sí fue posible formular el asunto como método.”


La distribución de las plantas con la altitud


La distribución de las plantas según la altitud, la fitogeografía, tiene como fundador a Humboldt. Pero Caldas ya se había preocupado por este asunto, tal como él mismo lo señala en el comienzo de la “Memoria sobre la nivelación de las plantas que se cultivan en la vecindad del Ecuador”: “Desde 1796, en que comencé a ver estas cosas con reflexión, hasta hoy (Abril de 1803) he recogido un número considerable de observaciones y de hechos; los he comparado, he ordenado este material y creo que ya puedo sacar algunas consecuencias generales.” Se recuerda que el encuentro entre Humboldt y Caldas tuvo lugar en Ibarra, Ecuador, en diciembre de 1801


Pero la visión de Humboldt al respecto era más holística que la de Caldas, pues éste dio preferencia a las plantas que tuviesen un valor económico, con particular interés en la chinchona, de cuya corteza se extraía la quina. Es decir, estaba apuntando hacia una geografía económica.


Son de especial belleza y utilidad los dibujos de Caldas con perfiles de los Andes en territorio de la presidencia de Quito, hoy Ecuador, entre las ciudades de Loja y Quito. Todos ellos tienen que ver con la distribución de las plantas en esos perfiles, en los cuales se indica la altura mínima, la altura máxima y el ancho de la zona donde se puede encontrar determinada planta. Se trata de un trabajo que reúne la aplicación de principios botánicos, geográficos y astronómicos.


Clima y meteorología


En un trabajo de 1808, Titulado “Noticias meteorológicas”, Caldas celebra que se haya acogido su exhortación en el Semanario del Nuevo Reino de Granada de efectuar mediciones meteorológicas en diversos puntos del reino. Posee entonces información de lluvias procedente de Cartagena, una vecindad de Cali y Popayán, además de la correspondiente al Observatorio Astronómico. Como tiene poca información, desea en primer lugar que se complete un año histórico de datos para luego hablar de la necesidad de una serie de nueve años, con el fin de sacar mejores conclusiones. Sin embargo, “… se deduce que la cantidad de lluvia decrece en razón de la altura en la Cordillera.” y “… que las estaciones de lluvia y sequedad son en diferentes meses del año en las costas que en el interior del Reyno.”


En otro trabajo, del mismo años, titulado “Observaciones meteorológicas”, Caldas presenta observaciones meteorológicas diarias en el Observatorio Astronómico para los siete primeros meses de 1808, las cuales incluyen mediciones barométricas, de temperaturas interior y exterior, de precipitación, de la luna y del estado de los cielos. En este último punto se ocupa del estado de la atmósfera con descripción de nubes, niebla, viento y tormentas. En el Semanario proporciona además instrucciones sobre los dispositivos necesarios para hacer las mediciones de lluvia. En ese mismo trabajo, indica que es necesario conocer la relación de la lluvia con la masa de agua que arrastran los ríos.


Cabe preguntar si en esos territorios existieron con antelación mediciones meteorológicas tan sistemáticas como éstas. Si la respuesta es negativa, como parece ser, Caldas sería un precursor de la meteorología en Colombia.


Obra cartográfica de Caldas


Se reconoce que Caldas fue un geógrafo competente y así lo confirma su obra cartográfica, dividida en cuatro grandes temas.


El primero es un proyecto incompleto para un atlas del Nuevo Reino de Granada pero que consta de un buen número de mapas. En su escrito de 1807 titulado "ESTADO DE LA GEOGRAFÍA del virreinato de Santafé de Bogotá con relación a la economía y al comercio“, Caldas empieza por localizar el nuevo reino en el mundo, para luego opinar que el mismo ocupa un lugar privilegiado en la tierra.


El segundo tema, del que ya se habló, tiene que ver con la nivelación de plantas en las montañas  de los Andes.


Caldas dejó en muchos textos constancia, a veces detallada, de sus viajes científicos y comerciales, y ese el tercer tema de su obra cartográfica. Con recuas de mulas recorrió amplios territorios con el fin de vender algunas mercancías y en esas correrías desarrolló un poderoso sentido de observación de la naturaleza. No es posible imaginar lo que sería un viaje de Popayán a Quito en esos tiempos. Menciona la importancia de la exportación de productos y el mantenimiento de una balanza comercial positiva con el exterior.


Finalmente, el cuarto tema se refiere a los mapas militares, entre los cuales se destacan los elaborados para las fortificaciones en Antioquia ya mencionadas. Caldas dibuja y envía a Del Corral unos planos de los fuertes, con una presentación tal que Iván Felipe Suárez, en su importante artículo “Francisco José de Caldas y la geografía militar en la provincia de Antioquia (1813-1815)”, considera que los mismos exhiben características de índole científica propias de la cartografía moderna.


Existe un bello libro sobre la gran obra cartográfica de Caldas, cuyo autor principal es Mauricio Nieto Olarte. Muchos de los mapas que reproduce el libro se encontraban en España en diferentes archivos y museos, principalmente en el Real Jardín Botánico y, sobre todo, en la Cartografía Iberoamericana del Centro Geográfico del Ejército. Es mérito de dicho autor la localización de esos mapas históricos, muchos de los cuales se publicaron por primera vez en ese libro. Lo anterior fue bien complementado con lo existente en el Archivo Histórico Restrepo, donde se encuentran mapas militares y bastantes otros del proyectado pero inconcluso Atlas de la Nueva Granada.


En la presentación de ese libro se considera que mucho se ha escrito sobre Caldas como símbolo de la Ilustración, la ciencia y el martirio político en los momentos fundacionales de la nación colombiana, pero que no se ha reconocido ni publicándolo suficiente sobre su principal interés científico, el relacionado con la geografía y la cartografía.


La astronomía


Caldas fue un astrónomo capaz que recibió el significativo elogio de Humboldtque con anterioridad se destacó, y en sus escritos el barón le dio crédito a los trabajos astronómicos del neogranadino.


En el inestimable manuscrito de Caldas que posee la biblioteca de la Universidad de Antioquia puede seguirse en la bella caligrafía del prócer la memoria sobre el ya mencionado método para medir la altura de montañas. En las 42 primeras páginas aparecen en forma ordenada los atributos de 560 estrellas observables en París en un determinado día de 1800, datos de longitudes y latitudes de observatorios y ciudades, principalmente de Europa, y factores de conversión de unidades españolas, inglesas y francesas, todo lo cual le había sido suministrado por Humboldt y le serviría de fundamento para sus posteriores observaciones astronómicas y cálculos en la Nueva Granada.


Caldas no tenía dificultad para fijar la posición de sitios con ayudas astronómicas y establecer sus respectivas longitudes y latitudes. Se encuentran mediciones de longitud en la Nueva Granada que no se refieren a los meridianos de Greenwich o de París, y más bien al meridiano del Observatorio Astronómico. Tomar este meridiano como cero puede verse como una cierta independencia de Caldas frente al eurocentrismo.


Y recuérdese que fue el primer director del Observatorio Astronómico Nacional. Desde allí observó numerosas alturas meridianas del Sol y de estrellas para determinar la latitud del Observatorio. Con la ayuda de la observación de un eclipse total de Luna, al igual que de inmersiones y emersiones de satélites de Júpiter, obtuvo también la longitud del mismo.


Con buenas razones, Caldas esperaba ser nombrado director de la Expedición Botánica a la muerte de Mutis. Pero no fue así, ya que el testamento de don José Celestino repartió la dirección en tres posiciones del mismo nivel, una de las cuales, la de astronomía, le correspondió a don Francisco José.


Una visión de conjunto de la naturaleza y sus pobladores


Todavía hoy sorprende la visión de conjunto que Caldas tiene sobre la naturaleza y sus pobladores. Incluye datos meteorológicos, hipsométricos, aspectos geográficos, de plantas y de animales, al igual que describe los habitantes de determinadas zonas. Se interesa así mismo por el valor comercial de plantas, como la chinchona, y la adaptación de animales a condiciones tropicales.


En 1808, al inaugurar el Semanario del Nuevo Reino de Granada, Caldas incluye su trabajo “Estado de la Geografía del Virreinato de Santafé de Bogotá” y opina al respecto:


“Los conocimientos geográficos son el termómetro con el que se mide la ilustración, el comercio, la agricultura, y la prosperidad de un pueblo. Su estupidez y su barbarie siempre son proporcionadas a su ignorancia en este punto. La Geografía es la base de toda especulación política… y el Semanario consagrado principalmente a la felicidad de esta Colonia, no puede abrirse de una manera más digna que presentando el quadro de nuestros conocimientos geográfico.


Periodismo científico: en busca de una comunidad científica


No es aventurado pensar que Caldas es un precursor del periodismo científico en Colombia, tal como puede deducirse en especial de sus muchos ensayos científicos publicados en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, aunque también publicó en el Papel Periódico de Santafé de Bogotá y en el Correo Curioso.


En el Semanario se publicaron muchos artículos de divulgación científica, amén de otros relacionados con la educación y una gran variedad de temas. Hay un llamado a los lectores para que colaboren en la recolección de datos de lluvias y se dan instrucciones al respecto.


En el libro de Appel, citado antes, se insiste en que Caldas buscaba la creación de una comunidad científica.


Dice la presentación de ese Semanario en la biblioteca virtual del Banco de la República: “Fue en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, órgano de difusión del pensamiento científico y cultural de la época, fundado por Caldas a principios de 1808, publicado hasta 1810 y complementado posteriormente por once artículos llamados Memorias, donde apareció el grueso de la obra científica de Caldas, en forma de ensayos.”


Sobre este trabajo periodístico, debe agregarse que poco después del 20 de julio de 1810 Caldas se había incorporado a la lucha por la independencia al asumir conjuntamente con José Joaquín Camacho la edición del Diario Político de Santafé de Bogotá, una publicación que proclamaba los ideales de la libertad y la independencia, a la vez que deseaba instruir al pueblo.


Primera cátedra de ingeniería en Colombia


Se mencionó antes la presencia de Caldas en Antioquia entre los años de 1813 y 1815, lo cual dio lugar a que fundara una maestranza y luego la primera escuela relacionada con ingeniería que hubo en el virreinato de la Nueva Granada, en ambos casos por orden del presidente de la entonces República de Antioquia, Juan del Corral.


Para inaugurar la Escuela de Ingenieros Militares, Caldas pronunció en la Maestranza de Rionegro un discurso el 13 de junio de 1814, lugar y fecha que como ya se anotó son muy plausibles. En una transcripción de ese discurso, que se extiende a lo largo de 29 páginas, se ocupa de virtudes militares como el honor, la lealtad, la obediencia… y solo en las últimas dos habla del currículo.


Las circunstancias de una guerra inminente obligan a que Caldas se dirija a los cadetes en su doble carácter de soldados y ciudadanos. En razón de lo primero, les inculca un odio a los españoles y un carácter cruel y guerrerista que sorprenden por ser exhortaciones ajenas a su temperamento.


Algunos apartes de aquellas palabras tienen acusada vigencia en la actualidad.Dice sobre la ingeniería: “Ninguno puede ser grande en una profesión sin amarla. Amad la vuestra y hacedla amar de vuestros conciudadanos por una conducta noble, dulce y virtuosa. Apreciad a vuestros compañeros y honrad a todos los que llevan el distintivo de defensores de la patria.”


Señala además la “… urgente necesidad de formarse hombres ilustrados, de domiciliar las ciencias y las artes.” O bien: “No os engañéis, jóvenes; solo la virtud y los conocimientos merecen el aprecio público, solo ellos pueden mereceros la estimación general y la beneficencia del Gobierno.” Y, finalmente: “No creáis tampoco jóvenes, como cree el vulgo, que solo los grandes crímenes y los vicios groseros están en contradicción con el honor. El asesino, como el que estafa, el calumniante, como el detractor de pequeñeces, el traidor, como el apático... todos carecen de honor porque todos faltan a sus deberes. En una palabra, solo tiene honor el hombre de bien, y solo es hombre de bien el que cumple fielmente con todas las obligaciones que le imponen la religión, la naturaleza y la sociedad.”


Puede pensarse que el lema fundacional de la Escuela de Minas, “Trabajo y Rectitud”, constituye un epítome de aspectos centrales del texto de Caldas.


De ese Discurso se desprende una lección de indudable importancia en la actualidad: con claridad y convicción se pregona allí el imperativo ético que debe presidir un ejercicio de la profesión signado por la responsabilidad, el sentido de grandeza y la finalidad del bien común. Hoy más que nunca, las sociedades profesionales y las universidades deben reflexionar sobre esas palabras del Discurso Preliminar con el fin de enfrentar problemas recientes que han aquejado a la ingeniería. No es posible soslayar los cuestionamientos de la sociedad colombiana a ciertas irregularidades en la contratación, a las deficiencias en la ejecución de proyectos y a la estabilidad de algunas obras.


Por supuesto que lo anterior no puede generalizarse. Son evidentes los logros de la ingeniería nacional, a lo largo de estos 200 años, y mucho debe agradecer el país a las  universidades que han venido formando egresados de calidad. En efecto, aquellos problemas no obedecen a deficiencias técnicas de la ingeniería colombiana, por lo general al día en los conocimientos internacionales, sino a fallas en la responsabilidad profesional.


Cabe preguntarse si la disminución o supresión de las humanidades, las ciencias sociales y las artes en los currículos de ingeniería en casi todo el mundo tienen que ver con esas carencias éticas. Con propiedad señala Martha C. Nussbaum, en su libro Sin fines de lucro–Por qué la democracia necesita de las humanidades, que las materias de ciencia y tecnología se deben impartir con la mayor calidad, pero no debe olvidarse que con la formación en artes y humanidades se pueden adquirirlas capacidades de desarrollar un pensamiento crítico, de trascender las lealtades nacionales y afrontar los problemas internacionales como “ciudadanos del mundo” y de imaginar con compasión las dificultades del prójimo.”


Hoy la ética es un aspecto transversal en las asignaturas del currículo dedicadas a la formación profesional, y la misma debería ser objeto de aplicación al analizar temas como los conflictos de interés, la competencia desleal y la contratación irregular.


El científico y el militar


Sobre esta dualidad escribe Gabriel Gómez Carder en su bello libro El día que Humboldt llegó a Cartagena de Indias – Estrelleros y herbolarios en el virreinato de la Nueva Granada. Siglos XVIII-XIX: “La guerra era incompatible con la ciencia y eso comenzó a verlo Caldas el mismo día en que dejó el observatorio para irse con las tropas de Baraya. La técnica era otra cosa. Aquí se podía mejorar la eficiencia de un cañón y el alcance de un fusil. Pero era en la soledad del observatorio donde se podía alcanzar la luz de las estrellas. La luz que dignifica al hombre.”


A pesar de haber ejercido como ingeniero militar, su pensamiento y sus actividades principales estuvieron centrados en intereses científicos, algunos bien relacionados con la ingeniería en general: astronomía, botánica, geografía, meteorología, hipsometría…


Pero se contagió de esa época turbulenta de la emancipación y aplicó con sinceridad y empeño sus conocimientos militares frente a la Reconquista intentada por España.


Tan pronto se declaró la Independencia, ocurrió ya la primera guerra civil, entre centralistas y federalistas. Nariño, como presidente de Cundinamarca, quería un Estado nacional centralizado, en tanto que las Provincias Unidas deseaban un sistema federal, como el de los Estados Unidos.


En el fondo había intereses: los centralistas, más que todo comerciantes y artesanos, querían un dinámico comercio exterior que no fuera perjudicado por las pequeñas aduanas de las provincias; y los federalistas querían resolver sin intervención central sus asuntos de tierras y esclavos. Caldas, afecto a los terratenientes, participó en esa primera guerra civil y, como ya se vio, le tocó huir como perdedor.


Comentarios finales


La lucha de Caldas en un medio tan poco receptivo lo llevó a convertirse en animador y líder de una naciente comunidad científica, truncada brutalmente en los años terribles de la Reconquista. En el Semanario del Nuevo Reino de Granada pudo demostrar sus talentos como escritor, editor y publicador. Y ese periodismo científico que allí apareció se convirtió en una auténtica cátedra pública del neogranadino.


Aunque ha recibido mayor atención el método hipsométrico de Caldas, es posible que su trabajo más original sea el relacionado con la distribución de las plantas según la altitud. Como Humboldt ya venía ocupándose de ese tema, el prusiano se llevó una gran sorpresa al conocer las inquietudes de un desconocido que ya venía trabajando al respecto en estas regiones equinocciales. No se descarta que hubiera surgido una cierta rivalidad entre ambos y que ello llevase a que Humboldt publicara prontamente su geografía de las plantas en 1807.


Los logros y limitaciones de la obra de Caldas deben ser examinados a la luz de su desempeño en la periferia del trabajo científico internacional. El ilustre neogranadino no necesita los ditirambos y las apologías frecuentes en la historia oficial. Como primer científico colombiano, legó al país una obra que contribuyó a la creación de una cultura científica y proporcionó un vivo ejemplo de lo que debe ser el compromiso ético del hombre de ciencia y el ingeniero con el bien común de su nación.


Con respecto a sus peticiones de clemencia antes de ser llevado al patíbulo, es equivocado e injusto criticar sus cartas a los españoles que habían reconquistado el país. ¿Quién se atreve a cuestionar lo que diga alguien en la antesala de su muerte? En su última petición de clemencia insiste en que le falta mucho por hacer y que puede completar trabajos pendientes suyos y de Mutis, se arrepiente de haber participado en ese turbión de la guerra de Independencia y señala que todavía puede prestar sus servicios al rey.


Para Caldas no se trataba de “morir por la patria” sino de “vivir para la ciencia”. Pero su patriotismo no puede ser ignorado. Se expresaba no mediante actividades revolucionarias sino mediante el conocimiento que siempre buscó de los territorios y recursos de su país, y la aplicación de dicho conocimiento en beneficio de sus conciudadanos.


Su muerte en el cadalso nada tuvo que ver con su trabajo científico; simplemente, para la Corona de España él era un traidor pues se había unido a la subversión a pesar del trato que le habían dado las autoridades coloniales.


Es opinión de quien esto escribe que Caldas puede considerarse como un colombiano precursor, en el medio nacional se insiste, en hipsometría termométrica, nivelación de plantas, meteorología, periodismo científico, búsqueda de una comunidad científica. Y principalmente, como se ha mostrado, precursor de la ingeniería en Colombia.


Para terminar, es posible intentar una especie de paralelo entre Bolívar y Caldas.


Bolívar y Caldas tuvieron finales desoladores después de vivir casi los mismos años: Bolívar, con la amargura de “haber arado en el mar”; y Caldas, fusilado por la espalda como traidor a la Corona de España.


Ambos fueron criollos que se encontraron con un medio nada favorable: Bolívar regresa de Europa a Venezuela en 1806, imbuido de los vientos de cambio que soplan en el viejo continente, y casi no encuentra interlocutor, como lo cuenta John Lynch en una importante biografía; y Caldas se queja de no tener maestros ni orientadores y de carecer de libros.


Bolívar luchó por liberarnos de las cadenas despóticas de la metrópoli; y Caldas luchó por liberarnos de otras cadenas no menos opresoras, las cadenas de la ignorancia.




Una visión de conjunto de la naturaleza y sus pobladores

Todavía hoy sorprende la visión de conjunto que Caldas tiene sobre la naturaleza y sus pobladores. Incluye datos meteorológicos, hipsométricos, aspectos geográficos, de plantas y de animales, al igual que describe los habitantes de determinadas zonas. Se interesa así mismo por el valor comercial de plantas, como la chinchona, y la adaptación de animales a condiciones tropicales.


En 1808, al inaugurar el Semanario del Nuevo Reino de Granada, Caldas incluye su trabajo “Estado de la Geografía del Virreinato de Santafé de Bogotá” y opina al respecto:


“Los conocimientos geográficos son el termómetro con el que se mide la ilustración, el comercio, la agricultura, y la prosperidad de un pueblo. Su estupidez y su barbarie siempre son proporcionadas a su ignorancia en este punto. La Geografía es la base de toda especulación política… y el Semanario consagrado principalmente a la felicidad de esta Colonia, no puede abrirse de una manera más digna que presentando el quadro de nuestros conocimientos geográficos.”




El científico y el militar

Sobre esta dualidad escribe Gabriel Gómez Carder en su bello libro El día que Humboldt llegó a Cartagena de Indias – Estrelleros y herbolarios en el virreinato de la Nueva Granada. Siglos XVIII-XIX: “La guerra era incompatible con la ciencia y eso comenzó a verlo Caldas el mismo día en que dejó el observatorio para irse con las tropas de Baraya. La técnica era otra cosa. Aquí se podía mejorar la eficiencia de un cañón y el alcance de un fusil. Pero era en la soledad del observatorio donde se podía alcanzar la luz de las estrellas. La luz que dignifica al hombre.”


A pesar de haber ejercido como ingeniero militar, su pensamiento y sus actividades principales estuvieron centrados en intereses científicos, algunos bien relacionados con la ingeniería en general: astronomía, botánica, geografía, meteorología, hipsometría…


Pero se contagió de esa época turbulenta de la emancipación y aplicó con sinceridad y empeño sus conocimientos militares frente a la Reconquista intentada por España.


Tan pronto se declaró la Independencia, ocurrió ya la primera guerra civil, entre centralistas y federalistas. Nariño, como presidente de Cundinamarca, quería un Estado nacional centralizado, en tanto que las Provincias Unidas deseaban un sistema federal, como el de los Estados Unidos.


En el fondo había intereses: los centralistas, más que todo comerciantes y artesanos, querían un dinámico comercio exterior que no fuera perjudicado por las pequeñas aduanas de las provincias; y los federalistas querían resolver sin intervención central sus asuntos de tierras y esclavos. Caldas, afecto a los terratenientes, participó en esa primera guerra civil y, como ya se vio, le tocó huir como perdedor.