Palabra y obra

Federico Uribe and a universe of fantasy
Federico Uribe y un universo de fantasía
Autor: Daniel Grajales
1 de Julio de 2016


El artista colombiano, radicado en Estados Unidos, habla de su trayectoria marcada por la innovación de su trabajo escultural.


¿Por qué decidió que la pintura no era el medio y cómo llegó hasta las esculturas que hoy hace?


Siempre quise ser pintor sin embargo, nunca logré ser el pintor que quería ser. Creo que la pintura requiere un virtuosismo que se trae como el que toca el piano sin que nadie le enseñe. Trabajé con disciplina y pinté algunos cuadros que me gustan. Sin embargo, nunca me salió fácil. 


En cambio, en la construcción de objetos encontré un estilo que me salió orgánico. Con trabajo, pero sin esfuerzo logro que mi idea sea igual a mi capacidad para manufacturarla.


¿Por qué cambiar la estética tradicional de la escultura, esa idea del mármol de carrara, el bronce o el hierro?


Nunca relacioné mi trabajo con las formas tradicionales de la escultura. Construyo objetos con la acumulación de otros objetos. Ni siquiera estoy seguro de que la tridimensionalidad les dé el nombre de escultura.


Si los periodos que vivió en Colombia no fueron fáciles, ¿por qué no decidió, como muchos artistas, dedicarse a temas como el conflicto?


Yo soy un hombre intrínsecamente positivo y no me interesa, en absoluto, la contemplación del dolor, el trauma o la destrucción. Hice eso durante el tiempo que pinté donde hice comentarios dolorosos de la relación entre la educación católica y la sexualidad. Con el tiempo me di cuenta de que había una necesidad de mantener vivo el dolor para poder crear y este sentimiento es adictivo. Entre más exploras la melancolía, más te gusta. Es una manera rara del placer. 


Después entendí que el reto real está en la generación de la belleza y de la celebración de la vida. Que la vida es dura y que los colombianos hemos vivido una historia traumática, esto no es noticia para nadie. Hacer saber que la belleza se encuentra en todas partes, para el que la busca es una actitud que enriquece más el espíritu propio y el de las personas que son testigos de estas obras.


Al apreciar su obra, uno podría encontrarse un mundo de fantasía, casi como un cuento de hadas, con personajes míticos, con paisajes deslumbrantes, ¿tiene que ver esto con su infancia?


Yo pasé mucha parte de infancia en fincas que tenía mi familia y tuve una relación familiar cercana con los animales y el paisaje. Creo que hoy hago reconstrucciones tal vez románticas de esa relación infantil desprevenida. 


Uno no intenta la fantasía como un propósito. La fantasía es una reproducción emocional de la realidad.


Un caballo rojo no es un caballo inventado es un caballo brioso. 


¿Cómo selecciona los materiales, de qué manera explora con ellos para desarrollar las obras?


Las ideas vienen de la relación emocional con los objetos que uso y el peso simbólico de los mismos, a partir de la educación que recibí y de la cultura donde crecí. Los lápices de colores me remiten a mí y a los espectadores a la infancia. Por más disfuncional que haya sido esta infancia, el instante de los lápices de colores siempre fue lindo para todos. 


Las balas, este símbolo de destrucción y muerte, me inspira la necesidad de crear algo lindo con ellas. Para decir que la vida sigue y que a pesar de lo que las balas dejan siempre hay una vida por celebrar.


Disconcerted  (Materiales: lápices de colores)


¿De qué manera crea los personajes, cómo va definiendo sus rasgos y formas?


No lo sé. No es el resultado de una especulación racional. Es más bien como mi autorretrato en diferentes instantes de mi vida, enamorado, frustrado o sereno, usando como metáfora el cuerpo de un animal o la actitud física de una persona. 


El color es muy importante según puede apreciarse, ¿cuál es su idea del manejo del color?


La relación con el color es siempre afectiva. El por qué uno se siente más atraído y más proclive a usar un color sobre otro no es una decisión, es el resultado de escuchar la intuición. 


El uso del color nunca es arbitrario. Uno está buscando una manera de la armonía entre los colores que usa, aún retando las leyes de física del color y sus supuestos colores correspondientes. El color correspondiente es el que uno crea según una escala que se parece a su corazón. 


Hermès Fondation de París, los dueños de Bvlgari, el rey de Arabia Saudita y hasta el creador del National Endowment for The Arts han elegido sus obras, ¿por qué cree que su arte logró conquistarlos?


Yo creo que pertenecer a colecciones de arte importantes sólo ocurre porque uno tiene, por las razones que sea, acceso a que estas personas te vean.


Yo me inventé una manera de la estética y estas personas entendieron el valor que esto tenía.


Hoy en día es diferente. Los coleccionistas de arte quieren tener lo que los otros tienen y el objeto desaparece para convertirse en un objeto de especulación. 


A mí me conmueve más la gente que ahorra para comprarme un objeto y este objeto es un símbolo de su logro y así el mío es más bonito.


¿Qué aprendió en su formación con el maestro Luis Camnitzer, influenció su obra o no?


Luis es un intelectual de izquierda de su generación, defensor del proyecto cubano y de la legitimidad de la lucha armada para buscar una equidad social. Él estaba convencido de la responsabilidad de los artistas como voceros de la desigualdad, del abuso de poder y de la explotación de los débiles. Le creí durante mucho tiempo e hice muchos cuadros con connotaciones políticas sin embargo, con el tiempo entendí que la denuncia no era la única manera de expresar la empatía. La empatía es más profunda que los problemas puntuales de la historia. La solidaridad es con todos porque todos somos frágiles, contradictorios y emotivos. Y Bueno, yo preferí el reto de crear la belleza no necesariamente conectando mi trabajo con temas sino con lo profundo inaprensible del alma humana.



¿Cuáles han sido los referentes? ¿Hay artistas colombianos que lo hayan inspirado?


Soy un muy mal testigo de arte contemporáneo. No me siento orgulloso de esto y francamente me aburre. Me interesa la literatura, el teatro, la danza contemporánea y otras maneras del lenguaje. Estoy muy desconectado de lo que ocurre en Colombia y aquí voy a los museos que tienen historia de la pintura. Admiro profundamente los buenos pintores. Me gusta y me interesa el Renacimiento italiano, Caraballo, Leonardo, Tiepolo, entre otros, y miro sus cuadros todo el tiempo. Los cito en mi propio trabajo. 


¿Cuál será su próxima exposición y cuándo podremos ver de nuevo sus creaciones en Colombia?


Este junio inicio una exposición en un museo que se llama el Mass Moca. En septiembre, expondré en el museo de Alabama y en diciembre en un museo en Wisconsin y luego en Kentucky. 


Desafortunadamente, no he recibido una invitación de las instituciones en Colombia. Me gustaría mucho que ocurriera, pero eso tiene que ver con la suerte. Si a un curador no le gusta mi trabajo, de pronto al siguiente sí. 


Se dice que una de sus cualidades es la disciplina, ¿cómo es su rutina de trabajo actualmente?


No sabría si disciplina es la palabra adecuada para describir mi manera de trabajar. Soy obsesivo, compulsivo. Estoy en mi estudio diez horas diarias, seis días a la semana trabajando con la sensación rara de que ni la vida, ni las manos, ni la plata me van a alcanzar para ver todas las cosas que yo quiero que existan. 


Pero si trato de tener una rutina ordenada, un espacio ordenado, una vida ordenada. Hago ejercicio todo los días. Como a la misma hora todos los días. Y me obligó a trabajar aún los días que no me siento con ganas de hacerlo.





El artista

Nacimiento: Bogotá, Colombia.  1962.


Comunicación social, Universidad Javeriana, Bogotá. 1982.


Talleres artísticos, Universidad de los Andes, Bogotá. 1990


Instituto Superior de Arte, La Habana, Cuba. 1990.