Cultural

A jewel of culture is about to disappear
Una joya cultural que está a punto de desaparecer
Autor: Jaime Darío Zapata Villarreal
16 de Diciembre de 2016


La biblioteca Provincial Claretiana por más de diez años ha transformado la dinámica cultural de su barrio, La Candelaria, entre la avenida Carabobo y Moore.



Daniel Mateo Vallejo

Hay al menos 30.000 volúmenes en la biblioteca que no han sido clasificados

Escondida en una ermita de 1895 en la Iglesia Jesús de Nazareno (que perteneció a la familia Echavarría) la Biblioteca Provincial Claretiana es un tesoro cultural desconocido para la mayoría de habitantes de Medellín. Inaugurada en 2003 en el espacio que ocupa actualmente, la biblioteca se ha convertido en un refugio para los lectores y curiosos que, a través del voz a voz, la han podido descubrir, conocer y apropiarse de su espacio. 


Aunque en la actualidad la biblioteca está integrada a la Fundación Universitaria Claretiana (Fucla), universidad perteneciente a los Misioneros Claretianos, su origen comprende una historia diferente: la del esfuerzo del padre Guillermo Vásquez, en principio, y otros entusiastas de los libros y la cultura (como Ángela María Chica Bedoya, su bibliotecaria por más de 20 años) para ponerla en pie y establecerla definitivamente como uno de esos lugares únicos de la ciudad. 


Ya desde su exterior la biblioteca presenta unos rasgos característicos: su fachada, de ladrillo macizo, está sostenida con dos columnas cilíndricas de estilo románico, y una espadaña en la parte superior que contiene un vano para las campanas, que hacen de su estética un viaje en el tiempo por años pasados. 


La Biblioteca, por dentro, tiene una atmósfera propia que la separa de otras bibliotecas de la ciudad: unos pequeños ladrillos interiores rodean los libros, haciendo juego con la luz que se filtra distinta y con colores múltiples por un ventanal ubicado en la antigua entrada de la ermita. Cuando se ingresa, en la parte izquierda se encuentran unas estanterías organizadas y formadas por varios volúmenes, en su mayoría enciclopedias y diccionarios pero también libros de historia, música, cine, ilustrados o juguetes didácticos para niños disponibles como material de consulta interno. 


“Este es un espacio para todos y me gusta que sea de esa manera que la gente llegue a él, -aseguró su bibliotecaria-. Aquí hay libros muy valiosos, pero que están para leerse, para tocarse, para admirarlos, y esa es la función de toda biblioteca: hacer feliz a sus usuarios. Sea de donde sean”. 


En el segundo piso, soportado por estructura metálica flotante -construida especialmente para no rozar ni intervenir las paredes de la ermita-  se encuentra la colección de literatura, de historia, las revistas seriadas religiosas (en su mayoría publicaciones hechas por los mismos claretianos) y los archivos de prensa de periódicos locales y nacionales. También cuenta con varias particularidades: un modelo de la primera computadora que se ubica cerca del antiguo proyector de 16 mm. de Luis Alberto Álvarez, el crítico de cine, que fue un amigo cercano de Ángela y el padre Guillermo. 


Uno de los rasgos más particulares de la biblioteca es su colección de libros antiguos, algunos de ellos joyas de varios siglos. La mayoría  traen tapas forradas en pergamino y los muñones de las cuerdas para amarrarlos. Algo particular son los dibujos y viñetas de las páginas editoriales, la nitidez de la tinta y de los tipos. Hay más de 300 ejemplares de ellos. Gran parte son de teología, moral, historia y uno que otro de literatura, escritos en pluralidad de lenguas antiguas y modernas: desde el latín hasta el griego antiguo, pasando por el italiano, el español medieval, inglés, alemán. El más antiguo de todos es una versión de 1550 de La metamorfosis, del poeta romano Ovidio, en latín original. 


“Me gusta la pugna que se da entre el ruido de la calle Carabobo y el silencio natural de la ermita”, aseguró Julián Castañeda, antropólogo y fiel usuario de la biblioteca, “es una sensación única cambiar radicalmente de atmósfera en un sólo minuto, con sólo cruzar una puerta. Además, puedo encontrar libros que no encuentro en ninguna parte, y todo esto gracias a la labor que hace Ángela María, abriendo las puertas para todos”.


¿Está en sus últimos 


días la Biblioteca Provincial?


Desde hace unas semanas, Ángela recibió una carta  en la que se le informaba que ese espacio que había labrado y cuidado desde hace años, está a punto de ser trasladado a otro lugar, tal vez más pequeño y todavía sin establecer. Los motivos, según una carta firmada por varios curas claretianos: la posibilidad de instalar en esa ermita, hogar desde hace más de diez años de la biblioteca, una muestra bíblica provincial. 


“La biblioteca lleva trece años instalada ahí, en la ermita, y eso fue gracias al esfuerzo que hicimos algunas personas por otorgarle un espacio de lectura y estudio a la Comunidad Claretiana, pero también a quien quisiera acercarse. Se hizo una inversión grande para construir la estructura flotante para el segundo piso, que fue una donación de una diócesis alemana. Y este espacio se pidió desde hace tiempo a las autoridades claretianas, no fue algo que nos dieron de un día para otro. Son años de mucho esfuerzo para que lo desmonten así como así”, comentó el padre Guillermo Vásquez, el principal impulsor de la Biblioteca Provincial Claretiana, quien desde hace 30 años empezó a hacer realidad, con sus propios libros, este sueño.


Para algunos de sus usuarios habituales, como Juan Manuel Flórez Arias, estudiante de la Universidad de Antioquia, es necesario que la biblioteca se mantenga en su espacio porque “la lectura no es sólo la lectura sino el espacio donde se desenvuelve, y en la Biblioteca Provincial confluyen muchos elementos, desde lo arquitectónico hasta el material bibliográfico, que hacen mucho más rica esa experiencia de lectura”. 


En el caso de Sergio Alzate, periodista de El Tiempo y quien durante su etapa de estudiante visitó y aprovechó de los espacios y los libros de la biblioteca, es importante que la biblioteca permanezca donde está porque esto significa “abrir el panorama de la cultura en un espacio totalmente distinto al acostumbrado: que esté en una ermita es particular porque invita a la lectura, al silencio, además de todos los objetos que encontramos en ella que convierten la experiencia de leer en algo más allá”. 


Por otra parte, lo que más le preocupa al padre Guillermo Vásquez es que para el lugar donde se vaya a trasladar, si es que pasa, no vaya a contar con las especificaciones que tiene la actual ermita, que fueron estudiadas con cuidado para que los libros pudieran estar sin problema. “Sacarla de ahí es exponer los libros a que se dañen o  queden mal ubicados en otro lugar. Cuando se ubicó allí se construyó un techo alto para que, en el futuro, pudiera construirse un tercer piso, ya que todavía falta material por ingresar. Todo allí está calculado. Y sin decir lo más importante: es un lugar que se recuerda, que está en la memoria de sus usuarios fieles y sacarla de allí sería volver a empezar”, concluyó con preocupación Vásquez. 



Otros usuarios se pronunciaron

Héctor Abad, escritor y director de la Biblioteca de Eafit


“Conozco y frecuento desde hace años la Biblioteca Provincial Claretiana. Creo que esta ermita es un remanso de paz y de buenos libros. Un espacio para las buenas lecturas y un ejemplo de lo que puede hacer la cultura por un sector de la ciudad que lo necesita. Me parece que su labor de varios decenios se merece nuestro reconocimiento y respeto. Un traslado, opino con todo respeto, sería un salto al vacío. Las bibliotecas son no sólo libros sino el sitio donde han podido desarrollar su influencia, su benéfico influjo entre amigos, allegados y vecinos”.


Luis Alberto Arango, librero de la librería Palinuro 


“Si miramos la entidad de adentro hacia fuera primero habría que hablar de la importante misión cultural que ha cumplido, y segundo ya es como parte constitutiva de ese gran útero arquitectónico y de divulgación cultural. Moverla es improvisar lo que ya está cimentado. No se deben correr riesgos”.


Carlosé Restrepo Santa María, empresario 


“Tuve la oportunidad de conocer la Biblioteca Provincial Claretiana en el primer semestre de 2015 cuando me acerqué a la Casa Cural de la Iglesia de Jesús Nazareno en busca del lugar donde reposa el famoso fotógrafo Melitón Rodríguez. El conocimiento de la biblioteca  generó el “amor a primera vista” y la he considerado como el secreto mejor guardado de la Comunidad Claretiana. Con frecuencia he retornado y la última vez fue el 7 de octubre en compañía de Mauricio Alviar y Edison Neira, rector y vicerrector general de la Universidad de Antioquia. Contamos con la asistencia de un profesor PhD de Brasil que estuvo haciendo una presentación en el Primer Foro Mundial de Ciudades Bajas en Carbono. El criterio que nos asiste conlleva a la perpetuidad de la biblioteca con la generación de alianzas con universidades, el sector empresarial y el Estado. Hacemos votos para la continuidad de la Biblioteca Provincial Claretiana a la vez que ofrecemos toda nuestra cooperación para lograr los propósitos planteados”.


Joaquin G. Gómez Dávila, director de Nacer y estudiante de doctorado en Salud Pública de la UdeA.


“La biblioteca ubicada en la ermita de Jesús Nazareno presta un gran servicio que es invaluable a la comunidad claretiana como a la ciudadanía en general. Años atrás me sirvió como espacio para motivar a mis estudiantes de Medicina de 10º semestre a tener una mirada más humana de la profesión; posteriormente me ha servido como sitio de consulta de temas relacionados con investigación cualitativa y ética; más recientemente nos ha servido como sitio de encuentro con mis compañeros, los estudiantes del doctorado en Salud Pública de la Universidad de Antioquia, donde pudimos disfrutar de la riqueza que alberga la biblioteca, además del trato caluroso y atento de su bibliotecóloga Ángela María Chica. La noticia del traslado y desmembración de esta colección me ha causado profundo pesar, pues la biblioteca se ha convertido en parte de nuestras vidas como académicos y como estudiantes, así como un espacio cultural de la ciudad”.