Cultural

Raúl Gómez Jattin, poet of the Sinú
Raúl Gómez Jattin, poeta del Sinú
Autor: Iván Guzmán López
2 de Mayo de 2013


Raúl Gómez Jattin nació en mayo de 1945 y murió, durante el mismo mes, en el año de 1997. Es considerado uno de los poetas más importantes de la costa Caribe colombiana.



 

Los últimos años de vida de Raúl Gómez Jattin los pasó en Cartagena, donde fue profesor de teatro en el Museo de Arte Moderno y la Universidad de Cartagena. 

Óscar Valencia

 


En mayo celebramos a un poeta colombiano que, injustamente olvidado, merece todo el reconocimiento estético, literario y humano. Se trata de Raúl Gómez Jattin. Asiduo visitante de hospitales y de cárceles; de pueblos y de valles; de ríos y ciudades. Maduro ya, finalmente se estableció en su poesía, que es como una representación de su alma, a la que le venía huyendo hacía ya bastante tiempo. 


Aunque muchos, metidos en sus cuadrículas y en sus mentes almidonadas  quieran verlo y presentarlo como un simple extravío, como un “poeta maldito” con investidura costeña y sangre sirio-libanesa, tenemos que reconocer que no es un simple accidente del espíritu, ni del tiempo, ni del trópico. Se trata de un paisaje que habla, de una llanura que canta, de un río (Sinú) que pasa incansablemente trayendo metáforas doradas de sol y de amor y de desamor. Y que florecían en su “corazón de mango”. Se trata del poeta Raúl Gómez Jattin.


Su vida


Raúl del Cristi Gómez Jattin nació en Cartagena el 31 de mayo de 1945, pero vivió (¿acumuló?) su infancia en el valle del río Sinú, en Cereté; la infancia, que es la patria del hombre, en especial, la patria del poeta, según lo expresó hace ya tiempo un bardo aventajado. 


Su padre se llamaba Joaquín Pablo Gómez Reynero, un abogado “respetable”; Su madre,  Lola Jattin, nacida en Colombia de padre libanés y madre siria. Hizo sus estudios primarios en Cereté, Montería, Pamplona y Cartagena. Al terminar su bachillerato en el Colegio La Esperanza, de Cartagena, a los 19 años, regresó  a Cereté en donde fue profesor de bachillerato dictando asignaturas como Geografía e Historia. 


En 1966, de 21 años, partió a Bogotá  con la idea de estudiar Derecho en la Universidad Externado de Colombia, para terminar dedicado casi de tiempo completo al teatro. Participó como actor en varios montajes e hizo adaptaciones de las obras de  Eurípides, Aristófanes, Visen y Lorca, que se dieron a conocer  en la revista literaria Puesto de Combate, fundada en 1972 por Milcíades Arévalo, donde además, se dieron a conocer Efraím Medina y Triunfo Arciniegas.


A su regreso de ocho años de estancia en Bogotá y sin terminar la carrera de Derecho, recaló en Cereté, durante dos años. La muerte de su padre lo devolvió a Bogotá donde continuó con su labor teatral. Al poco tiempo retornó a Cereté, donde vivió una errancia permanente por calles y clínicas psiquiátricas; fue entonces cuando comenzó a escribir poesía. 


En 1989 regresó a Cartagena donde se hizo habitante de calles, parques, cárceles y clínicas de psiquiatría hasta su muerte, ocurrida la mañana del 22 de mayo de 1997. Si no se suicidó arrojándose a las ruedas de esa fantasmagórica buseta en Cartagena de Indias, de que hablan las crónicas, seguramente su atención estaba puesta en unos versos que decían: 


“Yo te sé de memoria Dama enlutada


Señora de mi noche


Verdugo de mi día.


En ti están las fuentes de mi melancolía


Y del fervor de estos versos”. 


Lenguaje de nostalgias, de días, de noches, de abuela, de madre, de padre, de esencias y de cosas nimias, es su poesía; como en un ejercicio de fertilidad (de maternidad) agotador e increpante: 


“Más allá de la noche que titila en la infancia


Más allá incluso de mi primer recuerdo


Está Lola -mi madre- frente a un escaparate 


empolvándose el rostro y arreglándose el pelo


Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte


y está enamorada de Joaquín Pablo -mi viejo-


No sabe que en su vientre me oculto para cuando necesite


su fuerte vida la fuerza de la mía


Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara


de su dolor inmenso como una puñalada


está Lola -la muerta- aún vibrante y viva


sentada en un balcón mirando los luceros...”.


Un poema, doloroso, amoroso, introspectivo, de nombre “Desencuentros”, hermosea la producción del poeta: 


“Ah desdichados padres


Cuánto desengaño trajo a su noble vejez


el hijo menor


el más inteligente.


En vez de abogado respetable


un marihuano conocido.


En vez de esposo amante


un solterón precavido.


En vez de hijos


unos menesterosos poemas.


¿Qué pecado tremendo está purgando


ese honrado par de viejos?


¿Innombrable?


Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de libertad


De que Honoré de Balzac era un hombre notable”. 


Su obra


La poesía de Raúl Gómez Jattin, como lo advierte  William Ospina, renuncia a la rigidez, al excesivo formalismo, a la elocuencia retórica poco expresiva de nuestra poesía. La costa, ese territorio fantástico, con pasaporte universal a partir de la poética  del Tuerto López y las obras de Gabo, Cepeda Samudio, Rojas Herazo, Marvel Moreno, Germán Espinosa, Óscar Collazos, Roberto Burgos..., se encuentra viva en “Retratos” (1980-1983), “Amanecer en el valle del Sinú” (1983-1986), “Del amor” (1982-1987), “Hijos del tiempo” (1990) y “Esplendor de la mariposa” (1993), cosecha del poeta cartagenero donde desbordan hamacas, mangos, babillas, lagos y vallenatos. Una muestra para la degustación es “Canción del amor sincero”:


“Prometo no amarte eternamente, 


ni serte fiel hasta la muerte, 


ni caminar tomados de la mano, 


ni colmarte de rosas, 


ni besarte apasionadamente siempre. 


Juro que habrá tristezas, 


habrá problemas y discusiones 


y miraré a otras mujeres 


vos mirarás a otros hombres 


juro que no eres mi todo 


ni mi cielo, ni mi única razón de vivir, 


aunque te extraño a veces. 


Prometo no desearte siempre 


a veces me cansaré de tu sexo 


vos te cansarás del mío 


y tu cabello en algunas ocasiones 


se hará fastidioso en mi cara 


Juro que habrá momentos 


en que sentiremos un odio mutuo, 


desearemos terminar todo y 


quizás lo terminaremos, 


mas te digo que nos amaremos 


construiremos, compartiremos. 


¿Ahora sí podrás creerme que te amo?”


 


A pocos años de su fallecimiento, en su tierra sinuana se celebran sus poemas y se “maquilla” su rostro, y su imagen se sacude “para bien de la poesía” como ocurrió con pares suyos como Blake,  Barba Jacob, Gonzalo Arango, Rimbaud o  Baudelaire.  


A 16 años de su fallecimiento, nos alegra encontrar que su figura goza de otra realidad. “Y lo que mientras vivía producía espanto, su afición a las drogas, su locura, su poesía transgresora, pasaron a ser vistos con comprensión y hasta  cierta fascinación. Ahora su retrato cuelga en las paredes del bello patio de la Casa de Poesía Silva de Bogotá y la Casa de la Cultura de Cereté, casi su pueblo, se llama Raúl Gómez Jattin”. Para algo ha de servir la muerte al poeta, llámese como se llame el vate.



“Conjuro”

 


“Los habitantes de mi aldea


dicen que soy un hombre


despreciable y peligroso


Y no andan muy equivocados


Despreciable y peligroso


Eso han hecho de mí la poesía y el amor


Señores habitantes


Tranquilos


que solo a mí


suelo hacer daño”. 




“El amor brujo”

 


“He robado parte de tu cuerpo y de tu alma 


Le he tendido una celada a los recuerdos 


que aquí te recuerdo    ¿Recuerdas amor? 


El cielo de la noche casi azul se asoma 


entre tus pestañas Noche vibrátil 


Una vez me fui hasta tu región de monte 


enfermo de hongos y tristezas muy tristes 


Y aluciné con tu imagen alta y flexible 


galopando un caballo de nube    Luego 


venías por la tarde desde el Retiro de los Indios 


en tu carruaje blanco y yo iba a pie 


por la carretera    Como un sonámbulo 


Sonríes desde lejos como si masticaras 


mi corazón entre tus colmillos 


Mis palabras le quitan a tu vida muerte 


Vives en este libro aunque te tengo miedo 


Aunque apenas sí hemos hablado   Pero te amo 


tanto como siempre    Tanto como puedas imaginar 


Y estamos lejos    Como el sol del mar”.




“De lo que soy”

 


“En este cuerpo


en el cual la vida ya anochece


vivo yo


Vientre blando y cabeza calva


Pocos dientes


Y yo adentro


como un condenado


Estoy adentro y estoy enamorado


y estoy viejo


Descifro mi dolor con la poesía


y el resultado es especialmente doloroso


voces que anuncian: ahí vienen tus angustias


voces quebradas: pasaron ya tus días


La poesía es la única compañera


acostúmbrate a sus cuchillos


que es la única”.