Cultural

Watch the work, see the artist
Observar la obra, ver al artista
Autor: Juan Esteban Agudelo Restrepo
26 de Septiembre de 2011


La galería Mundo Arte acogerá, hasta el próximo 22 de octubre, una exposición del escultor Joaquín Restrepo.


Joaquín Restrepo y su obra "Custodio", hecha de bronce. El artista asegura que le gusta exhibirse, pero no venderse. Y que durante sus exhibiciones trata de que el público lo vea, pero no que lo vea todo.

Curioso trabajo el de Joaquín Restrepo.


Visitas su exposición y ves caballos y rostros humanos y figuras humanas. Figuras que se forman a través de tiras de metal que son moldeadas hasta lograr cada escultura.


Curiosas expresiones reflejan esos cuerpos. ¿Felicidad?, ¿tristeza?, ¿soledad? ¿Interactúan?, ¿se aíslan?


Curioso trabajo el de Joaquín Restrepo. Al principio ves figuras intrigantes, y tratas de buscar un concepto o un eje temático, ¿qué es lo quiere decir?, porque algo están diciendo.


Sí. Curioso el trabajo de Joaquín Restrepo. Después de hablar con él ya no ves caballos ni personas. Lo ves a él.


El artista


Nació en Antioquia en 1984, aunque admite que no se siente antioqueño, “ni me siento colombiano del todo, pero tampoco me siento chino, ni francés. Me siento global. Y no es que yo no me sienta orgulloso de mi país, porque si eso pasara no viviría aquí”.


Desde pequeño se interesó por el arte y por la música, sobre todo después de un viaje que tuvo, cuando niño, por Italia, donde conoció la pintura de grandes maestros.


“Pero yo lo que hacía mejor antes de dedicarme al arte eran los computadores. Cuando estaba pequeño hasta le arreglaba computadores a empresas. Eso fue entre mis 9 hasta mis 15 años.


Todo el mundo creía que yo me iba a dedicar a la ingeniería de sistemas. Pero yo dije: ‘me quiero dedicar al arte’, y empecé por el dibujo”, relata.


Se inició en el estudio de la pintura a los 16 años, bajo la tutoría de maestras como Débora Arango y Ethel Gilmour.


A sus 19 años se fue a vivir a Bogotá para estudiar artes plásticas en la Universidad de los Andes.


“Allá era muy chistoso, yo buscaba maneras de poner molestos a mis profesores. A veces le ayudaba a mis compañeros en sus trabajos, por lo que en una evaluación yo podía tener cinco obras en el salón, y ellos sacaban 5 y yo quedaba con una nota regular, a mí me daba mucha risa”.


En la capital, el artista estuvo siete años estudiando pintura con David Manzur.


La obra y sus temas


A pesar de que su formación es de pintor, la obra que más se conoce de Restrepo es la escultórica.


“Si lo piensas, la escultura es un dibujo en tercera dimensión. El dibujo tiene un sentido del ritmo, es una cosa muy musical. Te enseña sobre el tiempo, el espacio, te ayuda a controlar mejor las ideas.  La aproximación inicial que tengo yo a la escultura no es una aproximación de masas sino una aproximación de líneas. Lo que hago yo es partir de muchos ángulos en dos dimensiones para llegar a tres dimensiones”, explica.


Afirma que si no expone esos dibujos es porque “para mí el proceso de creación es una cosa tan íntima y tan personal que yo no permito que nadie entre en él”.


Los caballos y la imagen humana son los dos temas que más trabaja en su escultura.


“Yo comencé con la figura masculina porque yo soy lo más cercano a mí mismo. Yo he sido una persona introspectiva toda la vida, hay muchas cosas que pasan alrededor pero yo no me doy cuenta. Vivo tan en mi mundo que para mí es muy difícil salir al exterior, aunque no soy egoísta”, explica.


Joaquín asegura que siente que su cerebro y su cuerpo son cosas distintas, como si estuvieran separados. Por lo que se piensa a sí mismo como si fuera otra persona. Y eso queda plasmado cuando sus figuras humanas interactúan entre sí.


Además, cuenta que “yo he tenido con los caballos una relación muy cercana, cuando era niño yo adoraba salir a correr por horas y me gustaba sentir el viento. Yo simplemente agarraba un caballo y lo ponía a correr, y mi papá me decía que parara porque el pobre animal no aguantaba más”.


La técnica


Una tira de metal tras otra. Una tras otra. Una al lado de la Otra. La escultura de Joaquín se caracteriza por estar hecha así. Él da dos motivos para esto.


“Yo toda la vida he estado obsesionado con la repetición de láminas. Es algo que comienza desde la niñez. Tengo paisajes hechos a punta de laminitas. Estas láminas nacen de esa parte infantil que no puedo comprender ni explicar. Cuando empecé a pintar, pintaba un óleo y lo cortaba en trocitos delgaditicos y los separaba un poquito.  Era feliz con eso”. 


Por otro lado, dice que esas tiras de metal vienen de una fascinación que siente por el exoesqueleto de algunos insectos.  “Soy obsesionado con todos esos insectos que son formados a base de plaquitas. Mi escultura es una especie de protección, de armadura. En parte porque yo no me siento como una persona fuerte, dura, sino como una persona blanda, esas esculturas son la protección que yo tengo”.




Xu Dingxiang


Fue el nombre que usó Joaquín Restrepo en China, durante la Feria de Arte de Shangai, de la cual acaba de regresar. Allí tuvo una exposición individual. Es la segunda muestra que hace en Shangai, después de que fue invitado, el pasado abril, a otra Feria.


"Todos en china tienen el nombre en chino y el nombre en español para que nosotros podamos llamarlos, que no nos tengamos que esforzar en aprendernos los nombres. Se ponen Amanda, Crolina, Ana…", narra el artista, quien asegura que a él no le interesaba ir solo a exponer, sino que quería intercambiar con esa cultura, por lo que se puso un nombre chino y abrió una cuenta en Ren Ren, el Facebook del país asiático. Además de estudiar un poco de mandarín y estar siempre con una traductora para poder dialogar con los visitantes