Cultural

Nadín Ospina’s galaxies are in Medellín
Las galaxias de Nadín Ospina están en Medellín
Autor: Daniel Grajales
26 de Septiembre de 2015


En la Galería AH Fine Art, de El Poblado, el artista colombiano exhibe varias de sus series, además de su obra reciente.


Foto: Jhon Alexander Chica Yara 

Entre las obras de su trayectoria que exhibe en Medellín Nadín Ospina está Arquetipos, polípticos en los que, por ejemplo, Bart Simpson toma forma de una figura precolombina.

Un superman de piel negra, sentado en la misma posición de El pensador, la escultura más emblemática de Auguste Rodin, mira con cuidado al Señor Spock, quien comparte una banca de parque con un ser de barro, de figura no definida. Las versiones precolombinas de Mickey Mouse y Bart Simpson los miran desde arriba, desde atriles más altos, y guardan silencio.


A menos de cinco centímetros de distancia, en el suelo, con dos cuadros de bulbos de amapola como fondo, fisicoculturistas con tangas diminutas e indios marlboros están afilados, formados; sí, como un ejército dividido en pequeñas galaxias o como una escena de cualquier Navidad colombiana, cuando se sacan todas las figuras de un pesebre. 


Se trata de la tropa de Nadín Ospina, el artista colombiano que visita Medellín con su exposición Otros mundos, que estará abierta al público hasta el 24 de octubre en la galería de Alberto Hugo Restrepo, AH Fine Arte.


“La obra de Nadín Ospina ha constituido una ruptura, un cambio, una apertura a nuevas áreas tanto para la pintura como para la escultura colombiana. Como pintura no sólo ha abandonado el bastidor y los formatos tradicionales sino que ha acogido un soporte tridimensional, que representa figuras reconocibles. Lejos de limitarse a los objetos manufacturados, Ospina construye sus figuras otorgándoles el tamaño, textura y características precisas para que actúen como fundamento del color y como apreciaciones personales”, reseña el crítico Eduardo Serrano.


Cabe aclarar que, aunque participó en el Salón Arturo y Rebeca Rabinovich del Museo de Arte Moderno de Medellín en 1981, su primera muestra individual la realizó hace 30 años, en 1985, se llamó Collages, y fue realizada en la Casa de la Moneda del Banco de la República (Bogotá), no en Medellín, como algunos han indicado. Esto puede conocerse si se recorre con detenimiento Otros mundos, ya que, en esta especie de retrospectiva, hay obras de diferentes momentos de su trabajo.  


Artista pop, polémico, pero también reflexivo, conocedor de la historia del arte y de las tensiones que trata el arte colombiano; Nadín Ospina estuvo conversando con EL MUNDO.


¿De dónde viene su interés por lo precolombino?


El tema es una verdadera pasión, no tengo memoria, pero sí hay algunos recuerdos infantiles al Museo del Oro, al Museo Nacional, a San Agustín, a la Casa del Marqués de San Jorge, en donde ese contacto con el arte precolombino fue natural y muy emocionante, ante toda esa belleza, que se me convirtió en un motivo de reflexión.


Luego, cuando comienzo a analizar todo el tema cultural colombiano, el cómo toda la política también mueve todo, cómo los museos descontextualizan el arte precolombino, sacándolo de su lado místico, y lo convierten en un objeto desarticulado, ‘desaureolado’ de su función principal. Así, el arte precolombino se convierte en un motivo para toda mi obra, para reflexionar, como en la obra más reciente, Otros mundos, que exploro las especulaciones relacionadas con la idea de que las generaciones precolombinas fueron colonizadas por alienígenas, por extraterrestres, y que mucho de su arte estuvo influenciado por personas venidas de otros mundos. 


- ¿Por qué hacer esas reflexiones de una manera poética, con elementos que, aparentemente, son tan infantiles?


En mi obra hay facetas bastante agrias, como Colombia Land, que es una alusión a la violencia, donde hay personajes exteriorizados sobre nuestros guerrilleros, el cultivo de amapolas, pero está disfrazada, hay algo en ellos que parece un juego de niños, pero después de tres segundos la gente se puede dar cuenta de que es un estallido, de que ahí les estoy contando otra cosa. También pasa en Resplandor, cuando en la obra La caza de los putos se ve el aperreamiento, por parte de las huestes de Sebastián de Belalcázar, donde quedó muy testimoniada la muerte violenta por medio de perros, por una comunidad de indígenas ricos, que vivían en Santa María del Darién.


 


- El juguete es la línea reflexiva de su obra ¿a qué se debe?


Toda mi obra está basada en el tema del juguete, es una reflexión en la memoria, a través del juguete, como lo dice Baudelaire en su obra La moral del juguete, quien dice que esta es su primera experiencia estética, que los juguetes lo llevarán a coleccionar otros objetos, con lo que siento que el juguete nos lleva a reflexionar con cosas personales. Un indígena norteamericano piel roja, inspirado en las pequeñas fichas, nos está hablando del racismo, de cómo miramos a los otros. 


- Y, siguiendo con Baudelaire, ¿cuáles eran sus juguetes?


Recuerdo mucho toda la serie de juguetes de Disney, eran muy caros para mí, con lo que quiero decir que eran de todo mi querer, Mickey Mouse y el Pato Donald; luego todas las imágenes de soldados, de indígenas, de soldados. 


Sigo coleccionando juguetes, mi hija Mariana, de 25 años, se burla, me dice que sigo siendo como un niño.


Pero hablemos de los juguetes no industrializados, de los que tienen que ver con nuestra cultura popular...


Claro. Cosas muy elementales como construir un barco con cajas de cartón, hacer un carrito con tapas de gaseosa y unas puntillas, el carro de balineras. Nos tocó una página en la que esa precariedad, así hubiera, era fundamental, el construir cosas, a apelar a los juguetes más elementales. 


- ¿Fueron Beatriz González y Álvaro Barrios sus referentes?


Sí, indudablemente. Uno tiene una formación en Historia del Arte como artista, y es ineludible ver la influencia del arte pop norteamericano, pero también el de artistas como Beatriz González y Álvaro Barrios. Es un matiz colorido, del juego, de la lúdica. 


- En Colombia, su generación artística usó el arte político y las reflexiones con un tono menos colorido que el suyo, ¿por qué?


Doris Salcedo, Óscar Muñoz, José Alejandro Restrepo y Miguel Ángel Rojas hablan de lo mismo, pero sus obras tienen un tono más parco, más de drama, de la muerte, obras monocromas oscuras, en negros, en grises. Con ellos hemos construido un lenguaje alrededor del tema desde la política, la violencia, pero de distintas maneras. Estamos todos conectados en la reflexión sobre nuestro país, nuestra cultura y nuestra historia, pero ellos lo hacen desde el tono dolorido, dramático en algún sentido, mientras yo lo hago en una construcción irónica, de crítica. Son matices diferentes, pero enfocados al mismo propósito. 


Si hoy tuviera que recrear en su obra al colombiano contemporáneo ¿cómo lo elaboraría?


El colombiano contemporáneo es una amalgama de cosas increíble, un ser cruzado por todo tipo de influencias, una persona armada de retazos, como un collage. Está mezclado racialmente, influido por la televisión, la internet, y eso lo hace muy interesante. 


Hay unos problemas con relación a todo esto, que es la pérdida de la cultura, de los valores autóctonos, desde luego todo ese bombardeo tiene daños colaterales. 


- Se han dado polémicas sobre su decisión de que sean los artesanos quienes elaboren sus esculturas, no usted, ¿qué opina de ello?


Hay muchas opiniones. Yo respeto mucho. Para algunos será inevitable pensar que lo que hago no tiene un valor estético porque no lo ejecuto directamente, pero el devenir del arte contemporáneo ha ubicado al artista en un lugar diferente, la idea es lo que lo mueve todo, decía un famoso artista, y para mí es así. 


Yo valoro mucho el proceso de creación artística y por eso valoro su trabajo.


- ¿Por qué es importante que el arte sea político y qué tiene esto de peligroso?


El sentido político es ineludible en todo contexto mundial y más en Colombia con una historia tan dramática, tan potente en términos de lo que ocurre día a día, en lo que está involucrado el artista, como ser sensible, quien tiende a reflexionar sobre ello.


Me preocupa cuando esa violencia o esa circunstancia política tan compleja mantiene al arte tan coaccionado a operar solamente sobre reflexiones sobre la violencia, cuando tenemos cosas tan fuertes como nuestra música, nuestro folklor. Esto se ha visto coartado por una necesidad a veces ficticia, montada en una estrategia curatorial para vender el arte colombiano como solamente un lugar dolorido y de violencia. 


- ¿Cómo ve que estemos hablando actualmente de un “boom del arte colombiano”?


Hay un momento extraordinario del arte colombiano, una participación maravillosa a exposiciones de todo orden. Yo creo que no es mejor hoy el arte colombiano, sino que está siendo visto, porque el arte de aquí ha sido muy poderoso, desde los pintores de batallas de la época de independencia. 


Existe ahora una visibilidad enorme actualmente. 


- ¿Existen hoy en su obra nuevos intereses artísticos?


Siempre todo está rondando por las preguntas ¿quién soy?, ¿qué hago? y ¿para dónde voy?, siempre ubicándome en el entorno cultural en el que estoy, y esas cosas icónicas que emiten los medios de comunicación y el entorno, sin tener una programación para decir: ‘bueno, hoy vamos a hablar de...’, por el contrario, yo creo que son pulsiones. 




El artista

Nadín Ospina nació en Bogotá, en 1960. Desde 1982, es maestro en Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.


Un año después de realizar su primera exposición individual, Collages, en Bogotá, Ospina fue incluido en la exposición antológica Cien años de arte colombiano, realizada en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.


Así, la crítica y los curadores del país se interesan en su obra, la cual tiene que ver con la apropiación de imágenes populares para producir nuevos sentidos, también llamado arte pop, con lo que inicia su participación en el XXX Salón Anual de Artistas Colombianos, certamen en el que participa ininterrumpidamente hasta 1996.


Así, en 1987, la Galería CDS de Nueva York lo invitó a participar en la exposición Challenge: young Latin America on paper y un año más tarde es incluido en la muestra Doce mundos colombianos, presentada en el Gran Palais en París y en el Castillo Babstadt en Alemania.


Basados en la acogida de la obra de este creador por parte del público, los convocantes a la XX Bienal de Sao Paulo (Brasil) lo eligen para representar a Colombia. 


Luego de varias exposiciones individuales y colectivas, además de ganar la notoriedad en el mercado del arte, Nadín Ospina participa en la exposición Trasatlántico, en el centro Atlántico de arte en Las Palmas de Gran Canaria, y en Mouse: an american icon, muestra del Alternative Museum en Nueva York.


Es entonces cuando la Colección Patchett, de los Ángeles (Estados Unidos), adquiere su obra Pieza arcaica, que había sido exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego, en el mismo país.


Desde entonces, su obra hace parte de colecciones de diferentes museos del mundo, y hace parte de diferentes exposiciones.