Cultural

Aquitania: an act of resurrection
Aquitania: un acto de resurrección
Autor: Jaime Darío Zapata Villarreal
12 de Diciembre de 2016


El periodista Juan Camilo Gallego Castro presentó la semana pasada su nuevo libro, Aquitania. Siempre se vuelve al primer amor, con la editorial Sílaba.



Fotos: Cortesía Diego González

Aquitania, Antioquia

El 19 de julio de 2013, Juan Camilo Gallego Castro (1987) estaba presentando su primer libro. En él hablaba del corregimiento La Danta,  Antioquia. Juan Camilo era un periodista interesado en los derechos humanos y había labrado su escritura indagando sobre la complejidad del conflicto armado en Colombia. Unos amigos periodistas lo habían invitado, al día siguiente de esa presentación, el 20 de julio, a Aquitania (corregimiento de San Francisco, Antioquia) donde se cumplía una década  de un hecho que los había marcado definitivamente: en tres días cerca de 2.000 personas huyeron de este territorio hacia otros municipios y ciudades como San Luis, San Francisco, La Danta, Marinilla, Rionegro y Medellín, por una amenaza que hicieron  guerrilleros de las Farc y el Eln. 


Esa, se podría decir, era otra triste historia de desplazamiento forzado en el país, pero era una historia que Gallego Castro había decidido contar, sin buscarlo ni propiciarlo en ese momento, pero  seguro de saber que era él quien debía hacerlo, y lo hizo en Aquitania. Siempre se vuelve al primer amor (Sílaba Editores, 2016).


“Hablé con un par de personas y escribí una crónica. Estando en Aquitania me dije que algún día terminaría de escribir sobre ese pueblo. Y sí, ahí es cuando reafirmo que son las historias quienes nos buscan, y no al revés”, agregó el escritor, quien medio año después de eso  empezó una Maestría en Ciencia Política. “Con mi investigación de Maestría -agregó- me dediqué a indagar por las estrategias de resistencia civil en medio del conflicto. Mejor dicho: cómo habían sobrevivido. Entonces, a la par que hacía la investigación iba haciendo reportería para el libro. Y así fue desde el 2013 hasta ahora”. 


Juan Camilo Gallego Castro.


Uno de los detalles que más le impresionó durante la investigación fue darse cuenta de la belleza que emanaba de Aquitania, a pesar de todo lo que había pasado. Era como ser testigo de un lugar detenido en el tiempo, con el dolor como testigo y escudo.  “Es un pueblo con un paisaje hermoso, pero alejado de todo. Es como si el tiempo no corriera allí. Un pueblo atrapado en el pasado”, comentó. 


Para escribir esta larga crónica de hechos tan complejos como dolorosos, Gallego Castro tuvo que volver a los maestros, ser consciente de por qué y cómo escribía sobre estas vidas alteradas por la violencia.  “Durante estos últimos años tuve una influencia gigante de la nobel Svetlana Alexiévich, quien decía que en su escritura sigue la pista del espíritu humano, la historia de los sentimientos. Esa idea me ha calado profundamente. Es así, porque en Aquitania no quería recorrer de nuevo la guerra y sus combates y sus batallas. Claro que aparecerían, pero no serían los protagonistas del relato, porque ahora lo que me importaba no eran las minas ni las bombas sino los sentimientos y las emociones, los sueños y los miedos. Escribir este libro me ha permitido resucitar el pasado de los aquitaneños y el mío”, agregó el escritor


Entre las dificultades, además de encontrar el tono y el espíritu de escritura para esta historia, había una muy clara: la seguridad. Aunque ya habían pasado diez años del desplazamiento, la violencia seguía allí, replegada y vigilante. “Pasa que en Aquitania tuvo presencia el Eln, las Farc, las autodefensas del Magdalena Medio y el Ejército. Como ves, todos los grupos armados. En ese contexto, todo extraño era considerado una amenaza. Por eso recuerdo que durante mucho tiempo me sentí vulnerable en Aquitania. Las personas en la calle hablaban de mí. Se hacían los locos cuando me les acercaba. La gente me miraba con desconfianza, siempre fríos”, comentó el autor.


Este libro, para Gallego Castro, fue un acto contra el olvido, una escritura que registra e intenta comprender la historia de los sentimientos de “mucha gente que siempre ha sido invisibilizada”.  Por otro lado, dice, sólo sabe hacer eso: periodismo. “Así que se trata de que la historia de estas personas y de Aquitania se escriban con mayúscula. Por otro lado, y me parece importante, este libro da cuenta de un proceso que llevo como escritor”.




Fragmento Aquitania. Siempre se vuelve al primer amor

En la madrugada la niebla que encerró a Aquitania caminaba como espíritu por las calles, despacio, soltando un bufido apenas perceptible. Rosario Mejía dormía en su casa de madera. Tres semanas atrás, después de dos años, había regresado al pueblo con sus hijos menores Osman Darío, de 7 años, y Wilder Alexánder, de 4. Su casa estaba invadida por el rastrojo, las tablas podridas y el techo como un colador. En los últimos tres meses había soñado que tendría su casa de cemento, más firme que la de madera, y por eso había regresado, porque podría hacerse realidad. Después de trabajar en el día recostaba la cabeza en la almohada y se disponía a cerrar los ojos para caminar en el paraíso del que la despojaron. Sabía que el verdadero sol era el que la alumbraba por las noches cuando todos duermen, que las verdaderas montañas eran las que la rodeaban y que se elevaban hasta chocarse con las copas de sus árboles en el cielo. A pesar de ser de noche, el verdadero sol era ese, el que refulgía en sus sueños.


Con sus manos cortó el rastrojo, barrió el piso de tierra, acicaló la madera, quitó el polvo y la despojó del musgo. En todo eso pensó al final de la tarde del 20 de julio de 2003 cuando los pasajeros de la línea, el transporte que conecta a Aquitania con el pueblo más cercano, San Luis, arribaron con la noticia de que todos debían marcharse.


Desplazarse.