Soluciones definitivas para la movilidad en Medellín

Autor: Luis Fernando Múnera López
16 octubre de 2017 - 12:09 AM

Solucionar el problema de movilidad en Medellín implica asumir costos políticos para los alcaldes y costos económicos para los ciudadanos. Pero es necesario

Hoy, el gran problema de Medellín es la movilidad. Perdón: La falta de movilidad. Y ninguna administración municipal se decide a coger el toro por los cuernos para solucionarla.

El pueblo antioqueño se ha caracterizado por su visión de futuro y por su capacidad de ejecutar grandes obras para el progreso.

Tenemos ejemplos muy representativos que confirman esta afirmación. Veamos algunos. En 1927, cuando la ciudad sufría de un déficit grande de electricidad, el Concejo de Medellín le ordenó a la empresa municipal de servicios públicos la construcción de la central Guadalupe, con una capacidad dos veces y media mayor que la potencia instalada que tenía la ciudad, contradiciendo a la Junta Directiva de la empresa que había recomendado construir la central Aurra, la cual era menos costosa, pero produciría menos energía y no podría ampliarse en el futuro. En 1925, cuando se requería urgentemente unir el ferrocarril de Porce con el de Nus para conseguir una comunicación expedita entre Medellín y el río Magdalena, Pedro Nel Ospina ordenó construir el túnel de La Quiebra, que era tres veces más costoso que las otras alternativas, pero constituiría una solución definitiva del problema y tendría menos riesgos y costos en su operación. En 1934, un grupo de empresarios antioqueños, liderados por don Alejandro Echavarría, emprendió la construcción del hospital San Vicente de Paúl, con una capacidad varias veces mayor que la demanda de camas estimada para ese momento. Y, sin ir muy lejos, en la década de 1980 se inició la construcción de nuestro metro. ¡Visión y decisión!

Pues bien, fieles a esta tradición, para mejorar la movilidad tendremos que ejecutar obras de envergadura y aplicar medidas drásticas. He aquí algunas de las decisiones que deben tomarse.

Mejorar la oferta del transporte público en calidad, cobertura y frecuencia. Aumentar la capacidad del sistema metro, tanto en los trenes como en los buses. Sustituir los buses que funcional con diésel o gas por buses eléctricos. Avanzar en la ejecución del plan de expansión del sistema del metro.

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Desestimular el uso del vehículo particular. Será necesario aumentar los tiempos del pico y placa. También será necesario instalar peajes urbanos para todo vehículo que no sea de transporte público y que circule por vías claves de la ciudad, no tanto para recaudar dineros como para estimular el uso del transporte público. A todos nos dolerá, sin duda, pero la ciudad lo agradecerá.

Construir viaductos elevados para las vías de atravesamiento. Por ejemplo, el tranvía planeado a lo largo de la avenida Ochenta no deberá rodar por la superficie para no inhabilitar ese importante corredor para los demás vehículos. La vía regional del río y las vías paralelas a ella, como la carrera 65 y las avenidas Las Vegas y Los Industriales requieren carriles elevados para el tráfico de atravesamiento.

Solucionar conflictos creados en las vías actuales. Cito tres ejemplos, aunque hay muchos más en toda la ciudad: Terminar la calzada oriental de la vía regional entre Moravia y la autopista Medellín-Bogotá. Mejorar los tramos de las calles Colombia y Bomboná paralelos al tranvía de Ayacucho, para absorber el tráfico vehicular que fue desplazado de ésta. Resolver los embotellamientos en el extremo oriental del puente de la calle 4 Sur.

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Obligar a las grandes unidades residenciales, los centros comerciales y demás establecimientos que atraen y generan flujo vehicular elevado a mejorar las vías existentes y construir las nuevas que se requieran para solucionar el flujo vehicular. No es justo que el Centro Comercial El Tesoro, el Centro Comercial del Este y otro que se construye cerca de ellos provoquen el colapso de las vías de acceso sin aportar a las soluciones.

Solucionar el problema de movilidad en Medellín implica asumir costos políticos para los alcaldes y costos económicos para los ciudadanos. Pero es necesario, si no queremos continuar deteriorando nuestra calidad de vida y nuestra sostenibilidad ambiental.

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