Renunciar a renunciar

Autor: Rubén Darío Barrientos
3 agosto de 2018 - 12:10 AM

Uribe no lo hizo bajo la irrevocabilidad. En otras palabras, podía dejar sin efectos su decisión, como realmente lo hizo, bajo el prisma de la reconsideración.

Daniel Coronel, a instancias del hecho mediático de haber reversado la renuncia al Senado Álvaro Uribe Vélez, dijo que “El expresidente Uribe argumentaba razones de honor para irse y ahora las invoca para quedarse”. En este mismo sentido, Claudia López expresó que “Uribe ya hizo el show y tuvo todos los micrófonos para desprestigiar a la Corte Suprema”. Iván Cepeda, a su vez, manifestó que “Se elige el camino de hacer un show político, un show mediático, aquí hay es una estratagema comunicativa y judicial”. Y Angélica Lozano, comentó que “la tal renuncia nunca existió”.

Frente a tanto encono de sus consabidos opositores, Uribe actuó en Derecho. Primero, aseguró en su cuenta de twitter que renunciaba a su curul en el Senado para hacer frente a su defensa. Hasta aquí, todo era un suceso viral por redes sociales, sin visos legales de repercusión. Después, Ernesto Macías, presidente del Senado, informó que no le había llegado la carta del expresidente, pero que tenía confirmado que ya la había enviado. Eso reflejaba solo una expectativa. Acto seguido, Uribe envió en físico el documento y se radicó ante la Secretaría General de la Cámara Alta, por un emisario desde Medellín. En este instante ya se pasaba de lo especulativo a lo real. La renuncia, para entonces, era efectiva.

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Miércoles 1 de agosto, 6 a. m., Uribe en su cuenta de twitter, manifestó: “He pedido al senador Ernesto Macías, presidente de la Corporación, que retenga sin considerar mi carta de renuncia”. La verdad verdadera es que nunca se aceptó la carta de renuncia, por lo que la retractación unilateral era viable. La fraseología es un destello: retener sin considerar. Es jurídico, entonces, que renuncia sin aceptarse (y sin ser irrevocable), se puede reversar. Equivale a renunciar a renunciar. Ya se ha confirmado que el 7 de agosto, Uribe estará en la posesión de Iván Duque, como presidente de la república. Aída Avella y Jorge Robledo estallan en furia.

Este es el momento propicio para hacer una disección de lo que representa la figura legal de la renuncia. Está claro que cuando se presenta una carta de renuncia simple, se requiere la aceptación a esa dimisión por parte del destinatario, porque las ganas de marcharse son un mero conato. Mientras no se lleve a cabo esta convergencia, el renunciante puede retractar su decisión. Otra cosa es que la renuncia se haga con carácter de irrevocable: aquí el receptor de la misiva no tiene decisión alguna pues es un hecho consumado. Uribe no lo hizo bajo la irrevocabilidad. En otras palabras, podía dejar sin efectos su decisión, como realmente lo hizo, bajo el prisma de la reconsideración.

Ahora bien. Es certano, que las renuncias no siempre se aceptan. Vamos a un ejemplo: un trabajador renuncia a una empresa y es llamado por el empleador para que reconsidere su posición, bajo el postulado de que se renegociará su continuidad (salario mejorado, condiciones más óptimas, cambio de cargo, etc.). ¿Qué pasa? El subordinado decide proseguir bajo nuevas y más favorables condiciones, lo que significa que no se irá y la renuncia será un hecho anecdótico. Aquí la renuncia no tiene ningún efecto. Se traduce ello en que no siempre renunciar es una decisión irrefrenable. Incluso, en algunas veces, hay renuncias que clasifican solo como pataletas.     

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Si yo le presento a un empleador una renuncia, tengo dos opciones para hacerlo: de manera simple, esperando una aceptación, o de manera irrevocable, sin lugar a confrontar con el jefe el acto voluntario. Cuando ya hay beneplácito, solo se puede actuar de consuno, porque la decisión es bilateral. Uribe no lo hizo de manera irrevocable, por lo que su dimisión era simple y, desde luego, al no tener el jaez de irreversible, tenía que esperar la aceptación. El expresidente retractó su decisión, sin reparos jurídicos. No había mediado admisión y solo podrá evidenciarse un tufillo de rabia en los enemigos y un efluvio de alegría en los seguidores. Cosas del Derecho y la política.

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