Los niños desarraigados de hoy

Autor: Manuel Manrique Castro
5 abril de 2017 - 12:09 AM

Es comida, seguridad, posibilidad de estudiar, vivir en familia, compartir con hermanos y amigos o tener al alcance de la vista el lugar donde antes transcurría todo.

En la época de mayores adelantos tecnológicos y ante los ojos de un mundo expuesto, como jamás, a la inmediatez propiciada por la comunicación electrónica, millones de niños viven hoy sin saber qué será de ellos en los próximos días. Ya no es sólo la incertidumbre de siempre frente al futuro más amplio, a lo que harán cuando crezcan. Ahora es comida, seguridad, posibilidad de estudiar, vivir en familia, compartir con hermanos y amigos o tener al alcance de la vista el lugar donde antes transcurría todo.
Cerca de 50 millones de niños de hoy -dice Unicef- han cruzado alguna vez fronteras o sufrido desplazamiento, 28 millones huyendo de la violencia, tiroteos, pandillas, persecuciones. guerras, conflicto, inseguridad, cambio climático o pobreza extrema.
Graves y dolorosas circunstancias en la vida de cualquier familia para forzarla a decisiones tan radicales como salir desesperadamente de su país sin nada encima o cuando menores de edad sin la asistencia de ningún adulto y por su cuenta, emprenden peligrosas travesías como en la frontera sur de Estados Unidos o en numerosos puntos de Europa y el Medio Oriente. Unicef  denomina a este contingente infantil los niños desarraigados del mundo de hoy.  Un número equivalente a la población de Colombia, más de 4 veces la de Bolivia o 10 la de Costa Rica, sin destino cierto; muchos de ellos puestos en la mira discriminatoria de los países europeos que preferirían no tenerlos. 
De este total, 31’000.000 viven fuera de sus lugares de nacimiento y 11’000.000 refugiados a la búsqueda de asilo. Aunque Europa acogió en 18 meses a 600.000 niños, hay todavía 100.000 huyendo solos y a merced de riesgos incluyendo traficantes interesados en lucrar con ellos. La mayor parte de las veces la reunificación es poco probable porque las familias quedaron atrás. 
Hace dos años, la mitad de los niños atendidos por Acnur, la agencia de la ONU encargada de la población refugiada o internamente desplazada, venía de Siria y Afganistán y el 75% procedía sólo de 10 países y en 10 años el número de refugiados se ha duplicado. En medio de esta oscuridad, contrasta la actitud de Jordania, Líbano y Turquía al hacer posible que el 50% de los niños refugiados que acogieron vayan a la escuela y se mantengan, en lo posible, lejos del trabajo.
Siendo absurdas no se trata de cifras definitivas, porque los motivos de esta expulsión incesante siguen vivos y sin solución previsible, como ocurre con Yemen, Siria y Afganistán, para citar algunos casos. Menos aún ahora que el Departamento de Estado norteamericano autorizó la venta de armas a Arabia Saudita por 1.000’000.000 de euros. Son los enfrentamientos del tiempo de la informática, motivados también por la insana intención de ocupar espacio inmediato en medios de comunicación ávidos de difundirlos. 
Si en Siria llueve, en Yemen no escampa y la intervención militar de Arabia Saudita y sus 8 aliados, incluyendo a Estados Unidos, Reino Unido y Francia, iniciada en 2015, ha ocasionado una enorme tragedia humanitaria que afecta al país más pobre del Golfo Pérsico y cuyos niños están en primera fila: Destrucción de 1.600 instalaciones educativas, colapso del sistema escolar, 2’000,000 de niños fuera del colegio y presa fácil para el reclutamiento de las milicias, 460,000 con desnutrición aguda así como 1’400,000 niños huyendo.  De los 25’000.000 de yemenitas, 15’000.000 dependen de la esquiva y cada vez más difícil ayuda humanitaria.
Desafortunadamente no estamos ante algo pasajero. Por el contrario, si se suman las intenciones de Trump de optar por la fuerza antes que el entendimiento, la persistencia del terrorismo islámico, la xenofobia europea y la falta de luz al final del túnel para muchas poblaciones africanas seguirán acompañándonos. 
De este lado del mundo nos toca contrarrestar la indiferencia ante profundas crisis humanitarias como las actuales, especialmente si tienen consecuencias devastadoras sobre niños cuyo horizonte de vida se hace cada vez más incierto y estrecho.

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