Lecciones de inclusión

Autor: Pbro. Emilio Betancur
19 agosto de 2017 - 11:17 PM

Homilía de Domingo XX del ciclo ordinario ciclo A, 20 de agosto

Medellín

 

Cuando Israel sufrió el exilio, al final del siglo quinto o principios del sexto; viviendo lejos de la tierra prometida no sabía muy bien cómo iba a estar su nueva vida; empezando con la dificultad de tener que convivir después de 50 años con aquellos que habían llegado al país mientras Israel estaba en el exilio y que no hacían parte de los elegidos; aún no había claridad total en la doctrina de la elección; causas del elitismo y la exclusión.

Israel siendo el pueblo predilecto de Dios tuvo dificultad de entender que todos los pueblos de la tierra eran igualmente escogidos por Dios. Sin duda alguna que el destierro en Babilonia, por el contacto con otras culturas, le permitieron tener su primera experiencia ecuménica; aunque su identidad de sangre y su convicción de raza no le permitieran avanzar más rápido en su universalismo. Esta misión le correspondió a Isaías por mandato de Dios. “Así dice el Señor: velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está pronto en llegar y mi justicia a punto de manifestarse” “Guardar el sábado y la alianza” hacia parte de las condiciones de inclusión: “serán conducidos a mi monte santo y los llevaré a mi casa con alegría porque mi casa, la comunidad, es casa de oración para todos los pueblos”. (inclusión).

 


Israel una original inclusión

Pablo cree en la nueva inclusión de Israel por la misericordia de Dios y porque los dones de Dios son un llamado irrevocable e inclusivo; así Israel se haya excluido; pero sin haber sido rechazado por su desobediencia: “Si su rechazo, (su propia exclusión) ha sido reconciliación para el mundo ¿Qué no será su reintegración, (inclusión) sino resurrección de entre los muertos porque Dios no se arrepiente ni de sus dones, ni de su elección… Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, (exclusión) para manifestarnos a todos su misericordia (inclusiva). (segunda lectura)

Dos experiencias de inclusión

Mateo subraya dos solicitudes urgentes, la del servidor enfermo del centurión en Cafarnaúm (8,5-13) y la hija de la mujer cananea quien pertenecía a la comarca de Tiro y Sidón; poseída por un espíritu inmundo (Evangelio de hoy). A lo mejor no sabían que Jesús no obra apresurado, “voy a curarlo (el siervo del centurión romano) “yo no he sido enviado sino a las ovejas perdidas de Israel”; (la hija de la cananea); a su manera ambos insistieron en su petición: “Señor no soy digno de que entres en mi casa; basta que pronuncies una palabra y mi criado quedará sano; en ningún israelita he encontrado tanta fe dice Jesús. (Mt 5,8ss). A pesar de tanta fe, a Jesús le causó una impresión la fe de la mujer cananea, quizás por la comparación que hizo: “Señor también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos” Los cananeos de la época de Jesús eran considerados, marginados, paganos, y tratados como “perros” por los judíos. La cananea olvida todo eso para poder salvar a su hija. “Señor hijo de David ten compasión de mi hija que está terriblemente atormentada por el demonio, Él no respondió nada. Los discípulos se le acercaron diciéndoles: despídela que viene gritando detrás de nosotros” (evangelio) Jesús espera responder hasta que los discípulos se hagan responsables de los excluidos. “Entonces Jesús le respondió: Mujer, que grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija”. Lo mismo había ocurrido con el servidor enfermo del centurión (romano) en Cafarnaúm. Así quedaron superadas las fronteras y criterios de exclusión romanos y paganos de Israel por la universalidad de salvación donde la cananea con su hija, y el centurión con su servidor, pudieron entrar por adopción a la familia de Dios, siendo hermanos del hijo predilecto, Israel.

La inclusión requiere corazón

No pocas exclusiones son tan antiguas y tradicionales que hacen parte inconsciente de nuestra historia personal, familiar, social y religiosa; sin caer en cuenta de lo equivocado de cualquier actitud excluyente bien sea particular que institucional. Lo más grave está en decir que somos creyentes cuando somos excluyentes, incluso en la iglesia. Hoy las exclusiones son estructurales y las migajas crecen porque hacen parte del “destino” de estar excluidos. Llamar a la exclusión “destino” es un daño irreparable con los pobres porque arruinan sus sueños, su dignidad y sus derechos, condición del cumplimiento cabal de sus deberes. En cuestión de exclusión los egoísmos de todo tipo, sobre todo la codicia del dinero son las semillas que se asocian para hacer de toda exclusión una fuente de ganancias en detrimento de los pobres.

Frente a las exclusiones que van desde nacer hasta morir, pasando por la familia, el estudio, el empleo, la vivienda, la salud, la religión y el color; nosotros en la iglesia por el bautismo pasamos de la exclusión a la inclusión, de ser hijos adoptivos y coherederos; tenemos una responsabilidad moral y urgente, de palabra y acción, orientados por el evangelio y la doctrina social de la Iglesia, porque la conversión cristiana después del bautismo tiene que ver con todo tipo de exclusión social que rompa con la comunión cristiana y la convivencia ciudadana. El bautismo implica pasar de la exclusión a la inclusión; como lo enfatizan todos y cada uno de los sacramentos, particularmente la eucaristía. La vida bautismal no tiene existencia real si no es el paso del egoísmo a la inclusión, es decir, a la comunidad; razón para decir que la primera inclusión es el bautismo para vivir la fe en comunidad; de lo contrario todas las exclusiones viven a nuestro acecho. La persona humana solo es reconstruirle de sus exclusiones en procesos comunitarios. Nunca en la comunidad cualquier exclusión es el “destino”, la suerte, de algún hermano. Si algo caracterizaba las comunidades de Pablo era ser incluyentes, por ello estaban constituidas por pecadores ya salvados y pobres como el signo más inhumano de la exclusión; en las épocas romana, griega y judía.

Una ruta de inclusión

Isaías enfatiza una ruta y lugar de inclusión: “Esto dice el Señor: Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse (inclusión). A los que se han adherido al Señor y a quienes se han mantenido fieles a mi alianza los llenaré de alegría en mi casa de oración para todos los pueblos”. Isaías define el templo como un lugar de inclusión. Para Pablo el lugar de inclusión, el templo, es la comunidad. “Que te alaben Señor todos los pueblos, que todos los pueblos te alaben juntos” (Sal 66).

Bendito el que viene en nombre del Señor

El Papa Francisco ha insistido de manera muy original en la misión de la inclusión que implica dejar de lado los personalismos. La evangelización puede ser vehículo de múltiples formas de inclusión. Jesús reza para que formemos parte de una gran familia, en la que Dios es el padre de todos: “somos hermanos, nadie es excluido; no se fundamenta en tener los mismos gustos sino en la fraternidad; somos hermanos por el amor de Dios que nos ha destinado a ser sus hijos en una misma familia”
Una imprescindible misión de todo educador cristiano, comenzando por los padres de familia en la casa, es apostar a la inclusión en todos los aspectos, compartir, mantener un diálogo permanente acerca de los modos de inclusión y conocimiento de las personas que requieren ser más y mejor incluidas en lo humano, lo cultural y lo religioso. La inclusión también requiere de conocimiento e investigación para aumentar y mejorar la cobertura de personas a incluir. Sin inclusión crece la pobreza, la inequidad, la violencia, el delito y el desempleo, se descuida el medio ambiente y se retarda la paz. La exclusión acaba con los derechos humanos y arruina los valores; de otra parte, lo más grave como ocurre entre nosotros es que toda exclusión polariza.
En el evangelio, la misericordia es incluyente. La misericordia es ese modo de actuar, ese estilo, con el cual tratamos de incluir en nuestra vida a los demás, evitando cerrarnos en nosotros mismos y en nuestras seguridades egoístas: La misericordia y la compasión son la inclusión que se manifiesta en el abrir los brazos para acoger sin excluir; sin clasificar a los demás en base a la condición social, a la lengua, a la raza, a la cultura, a la religión: ante nosotros existe solamente una persona para amar como lo ama Dios. A aquel que encuentro, en mi trabajo, en mi barrio, es una persona por amar, como ama Dios. “Pero este es de aquel país, de aquel otro, de esta religión, de aquella otra, no… Es una persona que ama Dios y yo debo amarla”. Esto es incluir desde las entrañas compasivas o misericordiosas.
¡Cuántas personas cansadas y oprimidas encontramos también hoy! por la calle, en las oficinas públicas, entre los enfermos, o en los centros de acogida… La mirada de Jesús se fija en cada uno de estos rostros, también a través de nuestros ojos. Y ¿Cómo esta nuestro corazón? ¿Es misericordioso? y ¿Nuestro modo de pensar y de actuar, es incluyente? El evangelio nos invita a reconocer en la historia de la humanidad el designio de una gran obra de inclusión que, respetando plenamente la libertad de cada persona, de cada comunidad, de cada pueblo, llama a todos a formar una familia de hermanos y hermanas, en la justicia, en la solidaridad y en la paz; a ser parte de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo.
¡Como son verdaderas las palabras de Jesús que invita a cuantos están cansados y agobiados a ir hacia Él para encontrar descanso! Sus brazos abiertos en la cruz demuestran que nadie está excluido de su amor y de la misericordia, ni siquiera el más grande pecador; nadie. Todos somos incluidos en su amor y en su misericordia. La expresión más inmediata con la cual nos sentimos acogidos e insertados en Él, es su perdón. Todos tenemos necesidad de ser perdonados por Dios. Y todos tenemos necesidad de encontrar a hermanos y hermanas que nos ayudan a ir hacia Jesús, a abrirnos al don que nos ha dado en la cruz. ¡No nos obstaculicemos entre nosotros! ¡No excluyamos a nadie! Al contrario, con humildad y simplicidad hagámonos instrumentos de la misericordia inclusiva del Padre. La misericordia inclusiva del Padre: es así. La santa madre Iglesia extiende en el mundo el gran abrazo de Cristo muerto y resucitado. También esta Plaza, con sus columnatas, (la plaza de San Pedro) expresa este abrazo. Dejémonos envolver en este movimiento de inclusión de los demás, para ser testigos de la misericordia con la cual Dios ha acogido y acoge a cada uno de nosotros. (tomado de los ángelus y homilías del Papa Francisco)
La Iglesia en nuestro país tiene el don providencial de Dios de hacer con la visita del Papa Francisco una gran experiencia de inclusión. Si bien es una visita pastoral no quiere decir que sea solo eclesiástica sino eclesial; es una visita incluyente que cubre a todo el pueblo de Dios que peregrina en Colombia desde las veredas, los pueblos y las ciudades pasando por los atrios hasta los altares; una visita que privilegie los quereres del Papa Francisco, los excluidos y los pobres quienes no tienen con quien hablar para lograr un puesto de observación, ni pertenecen a ninguna de las comisiones de la organización.

Lea también: Iglesia católica hace votos por una Colombia fraterna y en paz

Dios quiera que como memorial de esta visita tengamos una iglesia menos polarizada y más incluyente. Es más fácil ser incluyentes que sanar las polarizaciones; o a lo mejor, por no ser lo primero sufrimos lo segundo, incluso al interior de la iglesia. Es a la iglesia a quien corresponde DAR EL PRIMER PASO DE RECONCILIACION (inclusión).

LECTURAS DEL DOMINGO 20º DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
Domingo, 20 de agosto de 2017


PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7):


Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios

SALMO
Sal 66,2-3.5.6.8


R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32):


Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28):


En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor.

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