La fuerza de los argumentos

Autor: Lázaro Tobón Vallejo
16 noviembre de 2017 - 12:08 AM

Es precisa la preparación ciudadana para aprender, entre otras, a debatir y conversar

 

 

El Tribunal Superior de Bogotá, en la providencia del fallo de tutela interpuesta por el señor Seuxis Paucias Hernández Solarte (a. Jesús Santrich) quién solicitó la protección de sus derechos fundamentales al “buen nombre, honra y debido proceso”, dado que, en sesión pública de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, en la cual se trató el tema de la reforma constitucional para crear las 16 circunscripciones especiales para la paz, los Honorables Representantes Edward Rodríguez y Santiago Valencia (ambos del Centro Democrático), y los periodistas Salud Hernández y Santiago Rugeles, le lanzaron acusaciones “calumniosas e injuriosas”. Los primeros en el recinto de Cámara y los otros a través de los medios de comunicación.

En su sabiduría el Tribunal capitalino, expresó que no era procedente la tutela, no por el contenido de las injurias, sino porque los congresistas gozan de especial protección, en lo que la Constitución Política en su artículo 185 ha denominado inviolabilidad parlamentaria: “Los congresistas serán inviolables por las opiniones y los votos que emitan en el ejercicio del cargo, sin perjuicio de las normas disciplinarias contenidas en el reglamento respectivo.” En otras palabras, en el culmen de la democracia, los congresistas pueden dar el honroso ejemplo de agraviar a otros sin que se les pueda exigir respeto. Y frente a los periodistas, expresa el Tribunal que no es procedente tampoco, porque para interponer una tutela contra los periodistas, previamente se debe solicitar rectificación, cosa que no hizo el sr. Hernández Solarte.

Pero más allá del fallo, los Magistrados de la Sala Penal, mandan un mensaje en la reflexión final, que, infortunadamente no ha tenido la difusión a través de los medios de comunicación, debe convertirse en un mandato para que todos los colombianos, sin ningún distingo debemos acatar y sobre todo aquellos que de golpe en pecho dicen públicamente que respetan los fallos de la justicia. Dicen los magistrados:

“Esta Sala encuentra que ni el ejercicio de la función de los congresistas, ni el ejercicio del periodismo, y mucho menos la demanda de amparo de derechos fundamentales, pueden ser el instrumento por el cual se continúe con los ataques personales a quienes se oponen a nuestras ideas”.

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Precisamente para la construcción de la paz estable y duradera tan anhelada, se requiere que ésta no solo quede en las líneas de los acuerdos, es precisa la preparación ciudadana para aprender, entre otras, a debatir y conversar, es nuestra tarea dejar en la conciencia de las nuevas generaciones, el aprender a convivir en la democracia, asumir ciertos fines, valores y principios humanos propios de la democracia participativa en un ambiente respetuoso, en el que las diferencias se deban resolver por la fuerza de los argumentos , para lo cual se debe cuidar el lenguaje y propender por la pulcritud de los argumentos.

Cuando en sociedades como la nuestra, existen grandes heridas y cada vez más hondas, ante las cuales la expresión puramente impulsiva, emotiva, genera confusión y acentúa el dolor de las víctimas e impide la construcción de una nueva sociedad, debemos luchar por fortalecer el respeto y reconocimiento por los demás.

“El respeto es un comportamiento expresivo. Esto quiere decir que tratar a los demás con respeto no es algo que simplemente ocurra sin más, ni siquiera con la mejor voluntad del mundo; transmitir respeto es encontrar las palabras y los gestos que permitan al otro no solo sentirlo, sino sentirlo con convicción” (Sennet Richard. El Respeto)

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Por tanto, desde la judicatura se hace un llamado a los congresistas, periodistas de información y de opinión, a los ex integrantes de las Farc y la sociedad en general para que propendan en sus actos por el respeto y reconocimiento por los demás y resuelvan las diferencias por la fuerza de los argumentos, no por el poder de la violencia.”

Más claro no canta un gallo, es a través de la fuerza de los argumentos y no de improperios que se llega a los acuerdos para dar el siguiente paso en la construcción de la civilidad colombiana, estemos o no de acuerdo.

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