La ciencia política analiza la campaña

Autor: Nacho
5 febrero de 2018 - 04:55 PM

Un profesor de la Universidad Nacional, seccional de Medellín, habla por primera vez a EL MUNDO y entrega sus conceptos en torno a la coyuntura política colombiana a las puertas de las elecciones Legislativas y Presidenciales.

Medellín, Colombia

Édgar Ramírez Monsalve, según muchas personas que conocen de su labor, es toda una institución académica y pedagógica en la Universidad Nacional, en su sede de Medellín, en la cual compitió recientemente por su vicerrectoría.

Va a ajustar 40 años formando jóvenes en el análisis de la vida política colombiana y fue uno de los gestores del programa e Instituto de Ciencia Política de dicha universidad.

Este sociólogo, abogado, analista, cum laude con doctorado accedió a conversar con EL MUNDO sobre algunos temas de la actual coyuntura electoral y estos fueron sus aportes:

Profesor, ¿cómo observa la situación política del país a pocos semanas de las elecciones legislativas y presidenciales?

La situación política es bastante compleja porque se conjugan varios factores, la coyuntura electoral, lo problemático de la negociación política con el Eln, la persistencia del narcotráfico y sus efectos directos en la seguridad, el copamiento del territorio por grupos armados ilegales y de bandas paramilitares de tercera generación, desplazamiento y revictimización de campesinos que reclaman tierra, incumplimientos con los acuerdos de La Habana de parte del gobierno Santos, inseguridad rampante en lo urbano y la desestabilización que produce la corrupción en lo público y lo privado son algunos de los problemas que afectan la coyuntura política actual.

¿Cómo ve el epílogo del gobierno de Juan Manuel Santos y el futuro de su acción de gobierno?

El gobierno Santos ha incumplido promesas electorales y muchas decisiones de gobierno han resultado erráticas y sin cálculo político respecto a sus efectos, se nota desgastado y tuvo un alto costo político por la pérdida del plebiscito, sus relaciones con el Legislativo en esta etapa fueron demasiado tensas y la corrupción del aparato judicial lo salpicó por extensión.

El estar involucrado en el escándalo Odebrecht le salió demasiado costoso. Los anteriores socios burocráticos se le han retirado y no lo acompañan al final de su gobierno y han mostrado un inmenso oportunismo político sumándose a sus críticos para armar una de las oposiciones más feroces que haya hecho la élite de poder en Colombia en la llamada era de la posverdad que no es más que verdades a medias con altas dosis de desinformación.

El posacuerdo está enredado en los vericuetos de una burocracia santanderista de legalismos interminables, la falta de liderazgo y decisión del presidente Santos le está pasando cuenta de cobro a su gobierno. Toca reconocerle sus esfuerzos en su política bandera de búsqueda de la paz con las Farc, pero igual, se presentan varios desaciertos al no tener un escenario definido políticamente para las víctimas y presentarse hechos que alteran el orden público en diferentes regiones de Colombia.

¿Cuáles pueden ser las secuelas, las incidencias del proceso de paz en los comicios nacionales de este año?

Es una apertura interesante de la democracia colombiana en tanto que un grupo como las Farc, que estuvo aproximadamente 50 años haciendo la guerra, entre a hacer parte de los procesos democráticos de elección, tanto del orden nacional, vía Presidencia de la República, como de los locales o los regionales.

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Esto va a poner en juego también qué nivel de fortaleza o de debilidad tiene la democracia de Colombia. Lo que hay que buscar es que el garantismo sea extensible para todos los grupos, que si se han reinsertado y han buscado la institucionalidad, es porque van a seguir jugándole a lo que son las reglas de juego establecidas, tanto para los procesos electorales, como para la gobernabilidad propiamente dicha.

Tener un actor nuevo en las elecciones es importante y anima la discusión política, porque de todas maneras en el país ha sido muy monotemático que los asuntos de la guerra eran atribuidos a las Farc y ahora se abrirá el debate a una serie de temas que van cobrando importancia, por ejemplo, la corrupción, la ineficiencia, la inequidad o la desigualdad económica y el caso del modelo económico que hemos desarrollo en los últimos años en la vida institucional colombiana.

Hablemos de los partidos políticos en Colombia. ¿Cómo los están viendo ustedes desde el análisis de la ciencia política?

Los partidos políticos han sufrido un proceso de crisis y de agotamiento fuerte, particularmente los procesos de la tradición, pero lo más grave es que no aparecen agrupaciones políticas fuertes, con propuestas o programas que puedan llegar a la Colombia profunda y a los sectores más necesitados, y por ende no tienen un nivel de legitimación y de credibilidad una serie de formaciones que van apareciendo pero de cara a las coyunturas electorales, a los momentos y a las circunstancias para efectos de ganar el voto popular, pero que no se mantienen en el tiempo como una expresión de organización de la sociedad civil para demandar del Estado y de la institucionalidad una serie de reivindicaciones que podrían representar a esos grupos.

Los partidos tradicionales se agotan, no hay unas alternativas fuertes como partidos de oposición, pero sí surgen unas empresas electorales y también la modalidad de las firmas que tiene que ver más con los carismas.

¿Y quién tiene la razón en el debate que aún existe o ya no la polarización entre derechas e izquierdas?

En el espectro ideológico, en el plano político no se puede borrar tan fácilmente esa división entre izquierdas y derechas.

Lo que pasa es que en Colombia ha habido una eterna vergüenza de parte de los sectores de la derecha para afirmarse como de esa tendencia, sólo que en los últimos tiempos hay una clara confrontación entre ideas del conservadurismo y de la tradición que son expresiones de la derecha en cualquier sociedad. Hay otros sectores que se reclaman de la izquierda que se denominan adalides del progresismo, pero lo que sí hay que registrar es que las sociedades son móviles, van cambiando, son complejas y hay una serie de temas que aparecen en la palestra pública y que cobran importancia.

Hace 20 o 30 años ningún partido contemplaba todas las decisiones que se pueden tomar sobre el feminismo, sobre el acoso, el abuso, pero hoy están a la orden del día.

Hoy hay un tema que es muy interesante y que puede tomarlo cualquier partido como una bandera importante y es la lucha contra la corrupción, pero ahí no habrá derecho ni a derechas ni a izquierdas, y en eso no bastaría sólo ser partidario de la lucha, sino también ser coherente, que cuando se llegue al poder se tiene que actuar como tal y esa es una tradición que en Colombia realmente no existe y de la corrupción han hecho parte tanto la izquierda, pero principalmente los sectores de la institucionalidad, de la oficialidad y de las derechas colombianas.

Profesor, ¿Cuál en su visión o lectura de los actuales candidatos presidenciales y del sistema de candidatos por firmas, es el fin de los partidos?

El mecanismo de firmas es legítimo, es legal y tiene que ver con las reglas de juego que los procesos electorales contemplados en Colombia.

No obstante, en política aparece una figura que se podría catalogar de oportunismo político y el caso más diciente es el del exvicepresidente Germán Vargas Lleras, quien tiene un partido político que lo agenció, del que ha sido su máximo líder y finalmente ante los escándalos regionales que originaron muchos de sus líderes, al encontrar el desgaste de ese partido, optó por lanzarse por un movimiento de firmas, que no es el caso del profesor Fajardo, quien ha hecho ese ejercicio en los planos local, regional y nacional.

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El profesor Fajardo ha ensayado esa vía, le ha sido exitosa y de todas maneras ha encontrado una fuente de legitimación importante. No obstante hay otros aspirantes como, por ejemplo, Marta Lucía Ramírez o como el mismo caso de Ordóñez, que por lo demás consiguen una serie de firmas, principalmente en el caso de Ordóñez que son firmas falsas, porque así lo registró la Registraduría Nacional del Estado Civil.

Ese fue un mecanismo que se empleó para la inscripción de las candidaturas presidenciales en Colombia dentro de los cambios que se están registrando en la era que se llama de la posverdad, en la cual lo light, lo mediático, la figura, el espectáculo hacen parte de lo que se llama la figura del marketing político. Entonces, de cara a eso estos candidatos se vienen ajustando un poco a ese tipo de comportamiento sociológico de sectores importantes de la sociedad.

Eso va en detrimento de lo que podríamos llamar la fina política, es decir, en la que el ciudadano actúe más por las figuras, por el carisma, por lo mediático y por la imagen de la persona que tiene mayor formación, mayor  capacidades, mejores conocimientos, que tiene experiencia y tiene a la vez fortalezas para dirigir desde la Presidencia de la República los destinos de la nación colombiana.

¿Su posición sobre la necesidad de las coaliciones en la actual campaña presidencial?

Las coaliciones en política suelen darse de manera permanente y a veces asombra cierto tipo de alianzas.

Las características de las coaliciones de este periodo es que están claramente marcadas por lo que decíamos ahora de que hay una clara derecha que se fundamenta en contra de la política de paz del presidente Santos y es un factor coincidente para ellos.

Y hay un sector que algunos denominan de izquierda, pero yo particularmente no creo…”.

¿Entonces cómo podemos denominarlos para identificarlos?

Es un sector que uno podría decir que es de un centro democrático liberal, en el que figuran De la Calle, Fajardo, Clara López y que seguramente para la segunda vuelta podrán contemplar otro tipo de coaliciones, porque los que hoy no recibe Fajardo los va a necesitar para la segunda vuelta.

Y los sectores de la derecha ya quedaron claramente establecidos. Uno pensaría que un gran elector como el barón electoral senador Álvaro Uribe gana con su candidato. Obviamente está un poco cantada la fórmula Duque - Ramírez, el primero como candidato presidencial y la segunda su fórmula vicepresidencial.

¿Por qué se unen tan fácilmente los candidatos de la derecha y juegan a la división los que usted llama de centro democrático liberal?

En el ambiente nuestro el divisionismo, el caciquismo y la antropofagia hacen parte de lo que uno podría llamar cierta cultura política electoral.

Y como la izquierda ha estado siempre huérfana de poder, entonces no sabe de lo que son las mieles propiamente de ese poder y la derecha sí lo ha ejercido y se constituye como una élite que más que partido o movimiento, lo que le interesa es mantenerse en la dirección del Estado y regentar el poder político.

Eso los lleva, sabiendo y teniendo experiencia de ese ejercicio político, a tener más fáciles coaliciones que en la izquierda colombiana.

La izquierda no ha podido resolver su problema que la agobia permanentemente y juega mucho ese carnaval de egos. Realmente el único momento reciente en el cual se tuvo en Colombia una unidad importante fue con el caso del magistrado Carlos Gaviria.

Además en Colombia no existe un personaje que trascienda del ámbito local y regional al plano nacional con un carisma fuerte que lleve a nuclear sectores importantes de la población.

¿Qué representa Álvaro Uribe en la política colombiana?

Es un barón electoral que mezcla lo tradicional con el uso de los medios y que se mueve en el ámbito de la posverdad.

Y en ese ámbito ayuda mucho el desconocimiento y también elementos demagógicos de política, por ejemplo, el hecho de crear miedos infundados, de establecer cierto discurso reiterativo, lo que dio lugar a que una persona que fue relativamente exitosa en el plano de la seguridad, que no lo fue totalmente porque hay que señalar que de todos maneras se presentaron una serie de situaciones con la política de seguridad democrática que la dejaron en cuestión, pero ha llevado a que sea hoy un gran barón electoral, que decía combina las formas tradicionales, en tanto tiene apoyo regional y local de caudillos, gamonales y de sectores de la vieja política pero también recoge sectores importantes de la clase media que se cansó de la guerra y que encontró una especie de nuevo mesías en el senador Uribe.

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Comentarios:

oswalldo
oswalldo
2018-02-06 09:34:08
Colombia está enfrentando una severa crisis de seguridad pública,ante las grandes cifras de corrupción ,ante el desempleo de 4 miilones de jóvenes y tener 17 millones de ancianos mayores de 60 sin pension ,una la mas alta cifra de America; SE manifiesta en el incremento sustancial del índice de inseguridad, violen-cia, comisión de delitos y ejecuciones, así como por la proliferación de peligrosos grupos de criminales cuyo Al respecto, se ha vuelto un lugar común afirmar que en Colombia las células pertenecientes al crimen organizado, grupos al margen de la ley,bacrin y a las elites dela corrupción han diversificado sus operaciones llegando a abarcar el tráfico de armas, el lavado de dinero(con apartamentos ,fincas,centros comerciales,contrabando,burbuja inmobiliarias), el secuestro, la extorsión y por supuesto el comercio ilícito de drogas, que generan a la vez ilegalidad, corrupción e impunidad que sirven de incentivo para generar los alarmantes índices de actividades delictivas. Alimentadas por la corrupción de los círculos de poder y el gran desempleo de los jovenes ; y se visibiliza después de firmar la paz la inseguridad ha alcanzado niveles sin precedentes. En los últimos años el país ha visto amenazada seriamente la paz social y la convivencia ciudadana se ha trastocado ante el aumento significativo de los asesinatos, secuestros, robos y extorsiones a todo nivel es especial en los pequeños negocios de barrio.

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