La buena lujuria de Mario Benedetti

Autor: Joseph Hodara
11 diciembre de 2017 - 12:08 AM

Son cuadros que revelan el rostro burlón y gratificante de la sensualidad, en diferentes edades y rincones

En los años o meses que ya han cursado ensayé escribir notas sobre este escritor uruguayo en las que puse acento en su trayectoria como ideólogo y periodista en un país y en un continente que aún espera el bienestar y la justicia colectiva. Dejé entonces de lado algunas de sus travesuras literarias, incluyendo poemas y canciones que aún habitan la memoria de los que, al leer, se estremecen sensualmente. Raras criaturas en estos días, lamentablemente. 
Quiero ahora recuperar algún balance. Pues Mario Benedetti (1920-2009) no sólo enhebró críticas a gobiernos y a militares que torcieron los rumbos de su país y del continente. Ni se limitó a cultivar la novela y el cuento. También supo divertirse y divertirnos con fabulaciones en torno a las buenas tentaciones del sexo que saben ignorar límites y nos consuelan en esta nuestra limitada vida. 
Vea también: Mario Benedetti: un explorador de territorios

Un conjunto de diez relatos- que pueden ser extraídos libremente, sin costo alguno, del generoso google - ejemplifica su instinto lúdico, un ánimo de jugar con lo que para mentalidades algo estrechas se antoja feo o pecaminoso. Aludo a El mejor de los pecados, que conlleva acertadas ilustraciones de Sonia Pulido. Veamos algunos episodios. 
El relato Conversa, por ejemplo, refiere un encuentro en una plaza pública. Alejandro y Estela – dos desconocidos hasta ese momento – se invitan al diálogo. Él se declara soltero, y ella separada. Él se lamenta por estar sufriendo "tres meses de virginidad sabática", y ella parece preferir sólo la tranquila charla. Sin embargo, las mutuas insinuaciones se multiplican, se acercan a través de las palabras, y el relato culmina cuando Estela, para estupor y acaso decepción de Alejandro, sólo le pide: "Tengo ganas de verte desnudo"… 
Otro conciso relato –"Su amor no era sencillo”– habla de una pareja arrestada por haber atentado contra el público pudor. Pues él padecía claustrofobia, y ella agorafobia…"Y por eso fornicaban en los umbrales"… La sonrisa del lector pone el punto final a esta breve noticia
Fidelidades alude a una mujer que tiene marido y amante. Al primero desprecia por su rutinaria pasividad, y en el segundo encuentra el gratificante coito. Pero los días pasan, y el amante empieza a revelarle creciente lejanía y frialdad. La curiosidad lleva a la mujer a seguir sus pasos en las calles a fin de saber con quién se encuentra y quién le obsequia lo que ella parece no darle. Y la sorpresa no se demora: encuentra que el amante y el marido festejan un afiebrado diálogo con una sensualidad que la mujer nunca había conocido. 

Lea también: Silencios que hablan: Leonard Cohen
No faltan relatos sobre maduras y avejentadas parejas que siguen juntos "porque la soledad es una porquería"… Sin embargo, Benedetti tiene la gracia de concederles un sereno diálogo que finalmente recompone tiempos idos y producen al fin el rejuvenecimiento del cuerpo. Y tampoco se ausentan en estos episodios los adolescentes que "vírgenes y torpes " se estrenan sexualmente en un acto inaugural clandestino y sin palabras. Un recuerdo que revivirá en ellos al acercarse la muerte. 
En suma: son cuadros que revelan el rostro burlón y gratificante de la sensualidad, en diferentes edades y rincones. Un acierto – por si le faltara – de Benedetti. Y no entraña costo alguno gracias al google. Sólo pide a quien lo busca el equilibrado humor. Y la ilimitada fantasía. 
 

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