La Alpujarra cambió el paradigma de usos zonales en la ciudad

Autor: Jorge Daniel Echeverri Martínez
8 octubre de 2017 - 02:00 PM

Tras 30 años desde que el Centro Administrativo La Alpujarra inició la transformación de la centralidad de la ciudad, los retos actuales le exigen seguir el camino de la descentralización, la flexibilidad y la accesibilidad de los ciudadanos a la oferta de servicios públicos.

Medellín

Edificios de la administración municipal y departamental, entes de control, una sede del poder judicial, sedes de entidades autónomas y un canal de televisión son sólo algunos de los elementos que concentra el Centro Administrativo La Alpujarra.

Tras 30 años de comenzar sus funciones, este lugar que se concibió con el objetivo de concentrar todos los entes e instrumentos del poder público sigue apuntando hacia su objetivo, al mismo tiempo que se concentra en los nuevos paradigmas de los servicios públicos, que exigen una administración cercana, descentralizada y flexible.

Alrededor de 1950, previo a la creación de esta megaobra administrativa, los entes públicos estaban diseminados en todo el centro tradicional, pero el nuevo urbanismo de ese entonces exigía la creación de centralidades para cada uno de los sectores: se creó entonces el Centro Administrativo La Alpujarra para el poder público, los locales comerciales comenzaron a ubicarse en zonas específicas y centros comerciales del sector, los consultorios médicos y oficinas se movilizaron hacia El Poblado.

Según el libro 50 años de Planeación, el Gobierno Nacional, mediante el Decreto 693 de 1951, faculto a los alcaldes de Bogotá, Medellín y Cali para adoptar planes piloto y las regulaciones en ellos, previa autorización de los Gobernadores.

El Plan Piloto para la ciudad de Medellín, presentado por Wiener y Sert, recomendó crear una malla urbana mediante un plan vial primario y se- ñaló sitios de ubicación para la industria, definió un centro cívico en el sector de La Alpujarra y propuso una política de protección a las corrientes de agua. Con relación a la vivienda, introdujo el nuevo concepto de unidad vecinal limitada, diferente al de barrio tradicional. Además, estableció pautas para la adecuación, renovación, reordenamiento y desarrollo de Medellín y su entorno cercano en el Valle de Aburrá, en un claro reconocimiento de la geografía física de la ciudad y su área de influencia. Así, se definieron directrices generales sobre usos del suelo y transporte, adoptadas, por medio del Acuerdo No. 92 de diciembre de 1959, como Plan Director de la Ciudad”, se enunció en el documento.

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Para Jorge Pérez, exdirector de Planeación de Medellín, El Plan Piloto “tenía una filosofía de una ciudad funcional que contara con un centro cívico moderno. El desplazamiento de este proyecto, con la construcción del Edificio de la Justicia, Edatel, y luego con la Gobernación y la Alcaldía significó el inicio del proceso de degradación del centro tradicional, debido a la salida de las instituciones representativas de esta zona donde funcionaban”.

Por este motivo, la Alcaldía de Medellín dejó de funcionar en lo que actualmente es el Museo de Antioquia, la antigua sede de la Gobernación de Antioquia era el actual Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, el Palacio de Justicia ahora es un centro comercial y EPM quedaba en el edificio Miguel de Aguinaga, entre otros entes que abandonaron este sector histórico.

Pérez recordó que el proyecto inició tras la desaparición del Ferrocarril de Antioquia, lo cual dejó una gran zona disponible para la construcción. “Primero se construyó el edificio Edatel y de la Justicia en la década de los 70, a comienzo de los 80 se realizó la Gobernación y la Alcaldía, a finales de la misma década se desarrolló la sede de EPM con el Edificio Inteligente. Luego llegaron Plaza Mayor y el de La Libertad, la sede del Idea, el Área Metropolitana, luego rehabilitaron el Edificio Carré y Vázquez y se construyó la Biblioteca EPM”.

“La ciudad ha hecho un proceso impresionante y continuado de implementación del Centro Administrativo La Alpujarra”, aseveró el exfuncionario.

Para Álvaro Sierra, experto en obras y restauraciones, el centro tuvo una transformación importante, ya que era “un lugar vital y allí se desarrollaban todas las actividades comerciales, de viviendas, de servicios y administrativo”.

“El Centro Administrativo La Alpujarra ha funcionado, la ciudad tuvo un cambio sociocultural en el centro tradicional de la ciudad y hubo una migración de los grandes almacenes y el sector de los médicos a varios barrios de la ciudad. Desde que inició su funcionamiento ha prestado un buen servicio y ha cumplido con su objetivo misional”, acotó.

Francisco Zapata, exfuncionario de Planeación de la Gobernación de Antioquia, manifestó que “como los edificios tardaban tantos años en construirse, el traslado de las dependencias se hacía de forma paulatina a los primeros edificios (Edatel, Gobernación y Alcaldía; en ese sentido)”.

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“Nadie puede negar que la construcción del Centro Administrativo La Alpujarra modificó la polaridad de la ciudad. Anteriormente la centralidad se ubicaba en el Parque Berrio, pero ya este lugar ha tomado protagonismo como referente principal en el ámbito metropolitano”, opinó Zapata.

El presente y el futuro de La Alpujarra

Pérez recordó que “la concepción de los años 50 de la hipercentralización de los servicios públicos ha traído muchos beneficios desde el desarrollo de la administración, pero trae dificultades a la ciudadanía actualmente porque genera una hiperdependencia con las obligaciones de movilidad y transporte para las comunidades”.

Por esto, el paradigma de hoy pretende crear un ente público cercano, accesible y descentralizado.

Dentro de los planes planteados para este fin, Pérez destacó que el Plan de Ordenamiento Territorial adoptado a finales del 2014 propone el fortalecimiento de las centralidades barriales en toda la ciudad, para dotar a todos estos lugares de todos los servicios.

“Esto permite un equilibrio y fortalecimiento de los barrios y sus comunidades. Con esto se busca una administración flexible, plural y accesible, cercana a la ciudadanía, para evitar que el Centro Administrativo colapse ante la sobrepoblación y los trámites rutinarios”, explicó.

Por su parte, Sierra recordó que “se ha hablado desde hace algún tiempo de tener en las distintas zonas de la ciudad unos servicios satelitales, lo cual es muy interesante. Debe priorizarse algunos servicios por su viabilidad administrativa y las necesidades ciudadanas”.

Zapata opinó que con estrategias como los Cerca y otros centros de atención a la comunidad en todas las comunas se puede lograr ese objetivo de cercanía y rapidez.

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Este exfuncionario de planeación manifestó que una de las dificultades del Centro Administrativo es que “no se ha conectado de manera adecuada con el resto de la ciudad desde el punto de vista funcional. En algunas zonas de la ciudad se necesitan proyectos que conecten estos sitios incluso con el centro tradicional”.

“Por ejemplo, la articulación del Centro Administrativo La Alpujarra con Guayaquil es muy pobre, a pesar de que para eso se creó la Plaza de las Luces y la Biblioteca EPM, esto no logró su cometido. En Carabobo se están logrando algunas cosas medianas en esta materia, pero no hubo una propuesta de desarrollo urbano que permitiera esa articulación”, comentó.

Para Zapata, el problema no es la saturación de este lugar, sino la creación de oferta institucional complementaria. Aseguró que se debe dar un tratamiento diferente a los sectores deprimidos de los talleres, crear un plan de presencia de locales comerciales y de viviendas.

“El Centro Administrativo debe seguir direccionándose hacia las diligencias que no son muy recurrentes y para las cuales no se necesitan unas instalaciones demasiado grandes. Es indispensable que se realicen actividades complementarias que sean amigables con el ciudadano como más auditorios y lugares que inviten a que permanezcan allí”, concluyó.

Plaza de La Libertad, una ampliación necesaria

El Centro Cívico Plaza de La Libertad fue construido en 2010 en una área de 61.000 metros cuadrados. El diseño estuvo a cargo de Alejandro Toro Posada, Manuel Jaén Posada, Carlos Andrés Betancur, Carlos David Montoya y las firmas arquitectas fueron Opus y Toroposada Arquitectos.

Según sus arquitectos, el lugar “surge de nuestra reflexión sobre el departamento, de su diversidad geográfica, biológica y cultural. Es una apuesta a la construcción de una arquitectura con identidad tropical, donde las condiciones ambientales y climáticas son punto de partida”.

Álvaro Sierra, experto en obras y restauraciones, considera que este edificio hace parte de las construcciones con las que el Centro Administrativo La Alpujarra logra de manera efectiva “compensar las necesidades de las entidades y el crecimiento poblacional”.

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