Juan José Escobar López sobre Fallidos Editores

Autor: Óscar Jairo González
8 octubre de 2017 - 02:00 PM

Esta semana ve la luz en Medellín la editorial Fallidos Editores, a la que el experto Óscar Jairo González saluda.

Medellín, Antioquia

¿Por qué estos poetas y escritores, y qué sentido tiene para Fallidos Editores publicarlos?

Desde el comienzo sabíamos que publicar en Colombia, parecía más un hecho “real maravilloso” y de unos cuantos, que un ejercicio estético. Las nuevas editoriales que nacen cada año solo quieren publicar a los ya envejecidos bardos de la patria. ¿Quién se encargará, entonces, de señalar los nuevos valores de la poesía colombiana? Esta pregunta quisimos responderla haciendo una convocatoria masiva a los jóvenes poetas. Queríamos tantear, comprobar, darnos cuenta qué nuevo se estaba escribiendo. Y por supuesto, nos encontramos con decenas de poemarios: por ejemplo, un ganador de un premio nacional de poesía cuyo rubro no incluía publicación: Poesía sobre el retrete de Steven Ríos y, en especial, nos encontramos con tan diversas tonalidades que quisimos agrupar en una colección una multiplicidad de voces que diera para que los lectores tuvieran la exquisitez de adquirir poesías viscerales y que deben vociferarse, intimistas y que deben susurrarse, así como poesías urbanas, que retratan las calles y las gentes de estos pueblos. Cali, Bogotá, Tunja y Medellín son las ciudades a las cuales pertenecen dichos nacientes poetas: Ana Sofía Buriticá, Diana Carolina Gutiérrez, Andrés Arango Velasco, Andrés Badillo, Sergio González, Julio Der Nasca, Alejandro Herrán y John Franco.

¿Por ha decidido usted y Fallidos Editores, hacer esta tarea de editar libros, de construir libros y mundos, visiones del mundo y proyectarlos?

Hemos decidido romper con las estructuras editoriales en Colombia. Con la auto-publicación de los más jóvenes y con la re-publicación de los más viejos. Queremos editar los nuevos valores de la poesía, ser el filtro para que no sigan haciendo ruido con sus estrofas profanas los mismos poetas de siempre.

Un libro de poemas debe dejar de ser un libro desnudo. Perennemente condenado a no ser leído. Las editoriales temen publicar poesía porque no se vende. Fallidos editores no quiere publicar productos para vender en el supermercado, quiere plantear la edición como obra de arte, esto significa, que la palabra no basta, que un poemario solo con letras no sirve. Hoy nuestra apuesta se basa en recurrir a la parte gráfica, ilustradores y fotógrafos trabajando de la mano con los poetas. ¿Quién no hubiera querido ver un libro de Silva, Barba-Jacob o De Greiff con ilustraciones o fotografías que ellos mismos hubieran seleccionado como complemento a sus versos? Hoy lo estamos logrando con la colección Polimnía, ser capaces de hacer libros que sean para ser degustados, para ser apreciados más allá de la palabra. Esto quiere decir que estamos poniendo la palabra en situación, en imaginación, en acción.

¿Por qué llamar la editorial, Fallidos Editores, que hay de nuevo aquí y de intento de construir desde ahí?

Sabemos de antemano que es una batalla perdida contra el infinito. Pero reconocemos en el hombre “el más hermoso error de la naturaleza” y por ello no perdemos la esperanza (Manifiesto de los poetas fallidos). Aprendimos a editar por demanda, a bajos costos de impresión y queremos abrir fuego contra el público, formar lectores, aliarnos con la juventud, que es donde está la respuesta. Por ello, planteamos colecciones de dramaturgias, ensayos, cuentos y novelas cortas. Pensamos que en un libro de 60 páginas puede decirse lo suficiente de cada uno de los géneros. No tememos no vender los ejemplares, al fin y al cabo no vivimos de esto, ningún editor independiente lo hace. Por la misma dinámica de un mercado y un público mal formado. Y como puede ser posible, ¿si preferimos comprar libros de autoayuda y libros de autores extranjeros despreciando nuestra propia literatura, nuestros propios autores? Es el síndrome del Hideputa que tanto denuncia Fernando González, pero nos seguimos haciendo los pendejos.

¿Por qué la colección se la ha denominado Polimnía, qué es Polimnía?

Polimnía es una de las musas griegas. “La de los muchos himnos”, he ahí la pluralidad de voces que conforma la colección. Tanto de diversas ciudades como en sus tonos poéticos. Son nueve libros pensando en términos cabalísticos, pues vendrán luego la colección Terpsícore de dramaturgias, con Gonzalo Arango, Bernardo Ángel Saldarriaga, Victoria Valencia, Fernando Zapata y Felipe Caicedo. Una colección Clío, dedicada a ensayos de filosofía, arte y literatura. Y está terminando de configurarse otra colección Melpómene de poetas jóvenes mujeres.   

¿Por qué, se inicia la colección con un pensamiento de Gonzalo Arango: “El mundo no gira alrededor de los inventores de nuevos ruidos sino en torno de los inventores de valores nuevos, y gira en silencio”, qué tensión e intención intenta provocar con él y el nadaísmo?

La editorial tiene a su cargo la publicación de la Obra dispersa de Gonzalo Arango, está listo el primer tomo con los textos anteriores al Nadaísmo. A su vez está editado el Teatro incompleto de Gonzalo -de próxima aparición- y se está trabajando en sus cartas inéditas. El profeta del nadaísmo, como gustaba llamarse, es un símbolo para los jóvenes de hoy. Como intelectual veo una generación enorme de escritores jóvenes en Colombia, pero que está dispersa. Una de las tareas fundamentales como editorial es reunir esos “valores nuevos” para que trabajen como una comunidad. Dicha dispersión le hace mucho daño a las letras, y todo radica en que los jóvenes no se conocen, esto produce que se repudien, que haya una desintegración; cuando el valor de encontrarse en la palabra como generación es la de establecer dialécticas y crear una lucha mancomunada. Desde el nadaísmo nunca volvió a ocurrir en Colombia un fenómeno tal. Y el problema radicó en él, que hizo pensar a todos que eran nadaístas, poetas, lo que masificó e indigestó los círculos literarios. Porque cuando todos se creen poetas nadie resulta siéndolo. He ahí una gran tarea para los editores de hoy, para tantas revistas digitales que se publican, para los lectores.

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