Isamu Noguchi: De lo arcaico a lo moderno

Autor: Félix Ángel
19 febrero de 2017 - 06:00 PM

Félix Ángel nos guía en un recorrido guiado por la muestra del artista estadounidense-japonés Isamu Noguchi (1904 - 1988) que está abierta al público en Estados Unidos. 

Washington, EE.UU.

La exposición Isamu Noguchi (1904-1988), Archaic/Modern, en Saam (Smithsonian American Art Museum, Washington), abierta hasta el 19 de marzo de 2017, es una muestra que materializa lo intangible, sin presunciones, como para no opacar la compleja simplicidad de las múltiples propuestas del artista en relación a la problemática de la contemporaneidad, buscando ir más allá, sin perder de vista las lecciones del pasado. 


Gran parte de sus obras provienen de la Fundación Jardín Museo Noguchi (New York). La exposición es bastante completa y cubre sesenta años de actividad. Incluye desde trabajos en papel y metal realizados en París a finales de los años 20, hasta obras en piedra de generosa envergadura, de los 80.


No es una muestra exhaustiva y no necesita serlo. La aparente economía y precisa selección de obras es una característica que he venido observando en las exposiciones del Saam; en cuanto proveen lo necesario para apreciar la evolución del trabajo sin abrumar al visitante.


Los textos de pared, someros, explicativos, dividen la exposición en una introducción y seis áreas: el paisaje, lo antiguo y lo moderno, patentes, edad atómica, espacio sideral, y espacios sociales. La sección dedicada a diseños y patentes es una de las más interesantes, porque permite apreciar una forma de pensar integrada a la agenda de vida.
Podemos decir que la atención está puesta en las obras, como debe ser. Para el interesado en aspectos anecdóticos hay disponible información a la cual se puede acceder con aparatos electrónicos, el catálogo, o asistir a las conferencias complementarias.


Hay una aparente desconexión de la obra física con el hombre artista, que a la vez está muy cubierta con boletines informativos, el catálogo con ensayo de Dakin Hart y otros recursos bibliográficos que lo presentan como “un escultor del mundo.” 


Para el que no haya leído sobre Noguchi, sin embargo, la muestra entrega pocas pautas sobre  su vida. Sin duda fue, aparte de sensible, una persona inteligente y sagaz. Sabía con quién relacionarse, probablemente para neutralizar las desventajas de su origen ilegítimo y el ancestro japonés en un país puritano por tradición como Estados Unidos, con graves problemas raciales e incrementalmente xenofóbico a partir de la Segunda Guerra Mundial. La bailarina y coreógrafa Marta Graham, el artista colombiano Santiago Martínez Delgado, la mexicana Frida Kahlo, el ruso Arshile Gorky, Alexander Calder, Herman Miller, la japonesa Yoshiko Otaka, fueron algunos de los prestigiosos nombres a los que el suyo estuvo asociado en diversas ciudades y continentes.


Como consecuencia de lo anterior, no hay rastros en la muestra del trabajo comercial con el que Noguchi se sostuvo económicamente por muchos años: retratos escultóricos de personalidades prominentes en la vida social, comisiones conseguidas gracias a sus conexiones y amistades. La bellísima escultura que recibe al visitante, fuertemente influenciada por Constantin Brancusi (para quien trabajó como asistente por cerca de nueve meses en París), es indirectamente una referencia a su periodo formativo, el cual no fue corto ni fácil,  ni mucho menos. 


En Archaic/Modern, la museografía se pliega sin esfuerzo al espíritu que individualmente, y en conjunto, las obras acarrean, magnificando lo espiritual en la relación entre arte y vida. Noguchi deshilvana sin aparente esfuerzo el misterio de lo intangible (aunque sepamos que no es así), y lo transforma en algo palpable, penetrando en la médula de los materiales con una meditación sobre lo que nos rodea, hace parte de la existencia, rara vez nos percatamos, no observamos, y a menudo ignoramos: una roca, un pliego de papel, una delgada varilla de bambú, un pedazo de metal y el agua, descubriendo para el espectador cualidades implícitas de la naturaleza que deberían percibirse con la vista, pero no pueden descifrarse o entenderse sino con los ojos de la sensibilidad.


Probablemente la exposición en un museo no es el vehículo para traer al caso aspectos del individuo por fuera del artista, máxime cuando hay tanto material e información disponibles. Puede asumirse que lo importante está contenido en el trabajo en el que se ha invertido toda una vida. Ya los historiadores, los investigadores y biógrafos, los curadores, los diseñadores y los instaladores hicieron su parte. El público debe hacer la suya.

 

Sobre el artista:

*Fue hijo del poeta japonés Yone Noguchi y la escritora americana Leonie Gilmour.
*Su infancia la pasó en Japón y a partir de su adolescencia en América. 
*Empezó a estudiar Medicina en la Universidad de Columbia, estudiando paralelamente cursos sobre escultura.
*Recibió un diploma en La Porte High School de Indiana en 1922. 
*En 1924, el artista continuó sus estudios en Nueva York con Onorio Ruotolo, en la escuela Leonardo da Vinci Art School.
*Estudió en la Académie de la Grande Chaumière, en París, Francia. 
*Entre 1927 y 1928 trabajó en el estudio parisino del escultor rumano Constantin Brancusi. 
*Viajó y estudió también en Inglaterra, China y México.
*En 1938 ganó el concurso nacional para decorar el pabellón de la agencia Associated Press en el Rockefeller Center de Nueva York con una enorme escultura de acero inoxidable.
*A partir de 1935 realizó diversos decorados para escenarios teatrales y colaboró con una veintena de obras en la coreografía de Martha Graham entre 1944 y 1988.
*Después de 1950 sus proyectos más ambiciosos iban destinados a espacios al aire libre: El Jardín de la Paz (1956-1958, sede de la Unesco, París), el Jardín del Agua (1964-1965, Chase Manhattan Bank Plaza, Nueva York), el Jardín Billy Rose Art (1965, Jerusalén) y la Plaza del Distrito Japonés de Los Ángeles.

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