Gracias, Sergio

Autor: Santiago Ortega
13 abril de 2017 - 12:06 AM

Mientras la Alcaldía quiere recuperar el Centro, Sergio siempre trabajó por reivindicarlo

 

Si hay algo que me llama la atención de Medellín, es la cantidad de energía que hay en este valle tan pequeño. Es como si las montañas concentraran todo el movimiento, y esta ciudad fuera una especie de olla a presión lista para que alguna cosa, sea buena, mala, bonita, fea, sublime o mezquina, se cocinara.

Tal vez sea por eso que, a pesar de tener una idiosincrasia tan definida y una cultura tan cerrada, en Medellín de vez en cuando aparecen personajes singulares. Personas que llevan toda esa vitalidad por dentro y que la usan para sacudirnos y también – de a poquitos – para ayudarnos a reinventar. Sergio Restrepo es uno de ellos.

En una ciudad con un déficit inmenso de espacio público, Sergio es un creador de sitios de encuentro. Hace unos años, Sergio se alió con Gustavo Restrepo para desarrollar el potencial de Otraparte, la Casa Museo de Fernando González. Juntos, establecieron una agenda cultural de charlas, películas, foros y conversatorios. Además, construyeron un café que se convirtió en un referente urbano, visitado por todo tipo de público. Así, la vida y obra del ‘Mago de Otraparte’ (otro personaje singular de esta tierra) se hicieron evidentes para muchos paisas que la habían olvidado. Pronto removerán el parqueadero del Café para construir un parque cultural que, a diferencia de los edificios vecinos, no tendrá rejas y estará abierto para todos.

Abierto. Como estuvo el Teatro Pablo Tobón desde que Sergio asumió su dirección en 2011 hasta su reciente salida. Tan abierto que ‘El Pablo’ colonizó un pedazo de glorieta para que los ciudadanos se reunieran los lunes en la noche y hablaran de cualquier cosa: desde propuesta políticas hasta identidad sexual, pasando por calidad de aire y el proceso de paz. Pero no paro ahí: desde ‘El Pablo’ se impulsaron los Días De Playa, donde se llenó La Playa de arena y de sillas, creando el símbolo que necesitábamos para entender que esta vía debe ser peatonal.

El plan del Centro de la actual administración le debe su inspiración a la labor de Sergio durante estos años al frente del teatro. Sin embargo, hay una diferencia de lenguaje fuertísima: mientras la Alcaldía quiere recuperar el Centro, Sergio siempre trabajó por reivindicarlo. Filosóficamente, esos dos términos están a un abismo de distancia.

Debo confesar que durante años yo también creí en la “recuperación” del centro; pero un día, durante Días de Playa, quise llevar a mi hermanita de 12 años a que conociera el Centro de Medellín. Maria Antonia vive en El Retiro y estudia en Oriente y ha tenido la fortuna de viajar a varias ciudades del mundo. Para mi sorpresa, mientras caminábamos por La Playa hacia el Teatro, ella estaba anonadada con los árboles y los edificios. “¡Esto es muy bonito! ¡Parece una ciudad europea!”, me dijo.

En ese momento algo hizo clic en mi cabeza. A pesar de que yo soy un visitante asiduo del Centro, ella veía algo que yo dejé de ver hace mucho rato, tal vez porque me monté en la película de que el Centro había que recuperarlo. Entender la genialidad de Sergio es entender que él puede ver cosas que están ahí, pero que nosotros hemos dejado de ver. El valor de un centro que es nuestro y está ahí es apenas una de ellas.

Sergio no solo ve estas cosas sino que también nos las muestra. Nos mostró lo irracionales e inflexibles que podemos ser, cuando el servicio del metro fue suspendido porque él y otras 10 personas estaban leyendo en la plataforma sin tomar ningún vagón. ¡Leyendo! En un país donde hacemos hasta lo imposible por subir los índices de lectura.

Durante el Foro Urbano Mundial, Sergio le puso una jaula a una de las palomas de Botero en el Parque San Antonio, para recordar a las víctimas del conflicto y del secuestro. Esa jaula nos mostró también que todos somos prisioneros de algo, en muchos casos de nosotros mismos y de nuestras obsesiones.

En Medellín estamos obsesionados con la imagen, al punto que las mujeres salen maquilladas a hacer ejercicio en la ciclovía. Tenemos mil razones para sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado, pero todavía tenemos que mirarnos al espejo con la cara lavada y reconocer nuestras falencias.

La verdad nos hará libres, pero nos va a emberracar primero. Por eso hay que agradecerle a Sergio, porque pocas personas tienen su valentía y creatividad para hablarnos con la verdad, y cuestionarnos profundamente. Ese es el único camino para trascender.

Lástima que no todos los que toman decisiones en esta ciudad puedan ver esto.

* Profesor Universidad EIA

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