Fariseísmo al día

Autor: Rodrigo Pareja
17 octubre de 2017 - 12:06 AM

Algunos candidatos parecieran estar ungidos por una mano milagrosa que los absolvió de manera total y general por todas las faltas cometidas.

El fariseísmo, la hipocresía y la doble moral son características negativas inherentes al hombre, y quien más quien menos, las ha aplicado para su beneficio, consciente o inconscientemente, en algún momento de la existencia.

El faltón, el traicionero, el solapado, el aprovechador, sin distingo alguno, poseen en forma superlativa tales “atributos”, y se les encuentra en todos los campos de la actividad humana: la política, los negocios, la administración pública, las artes y el deporte, entre otros.

Es algo común y corriente y una realidad inexorable, constatar día a día como es de cierta aquella sentencia según la cual, todos suelen acusar, señalar y ver la paja en el ojo ajeno, e ignorar la gran viga que cargan en el propio.

Colombia sí que es tierra fértil en la que puede comprobarse con facilidad esa doblez, algo que se acrecienta en vísperas de contiendas electorales, en las cuales sus protagonistas, sin excepción alguna, posan y quieren pasar de impolutos echándole toda el agua sucia a sus adversarios, como si la cosa no fuera con ellos.

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De acuerdo con la forma como algunos se están presentando ante sus congéneres, parecieran estar ungidos por una mano milagrosa que los absolvió de manera total y general por todas las faltas cometidas, muchas de las cuales fueron contribución, en mayor o menor grado, al calamitoso estado que hoy soporta la nación.

Quieren dar la impresión estos impolutos de última hora, haber recibido una especie de gracia infinita y generosa que los dejó santificados y limpios de toda culpa, capacitados para arrancar de nuevo y de cero con sus andanzas.

Que bueno sería que todos aquellos que pregonan y prometen “luchar contra la corrupción”, como si algunos dijeran, por el contrario, que la van a impulsar, demuestren y comprueben la veracidad de su discurso presentando el mismo certificado de antecedentes que se le exige a cualquiera del común para el más sencillo empleo.

Quienes ya han trasegado por los vericuetos espesos, oscuros y tentadores de la administración pública, por las corporaciones públicas y, por qué no, por el sector privado en cargos de significación, deberían mostrar que su proceder entonces fue pulquérrimo y que tienen suficiente autoridad moral para posar ahora de promotores insomnes de la honestidad.

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Vista la actual situación de falsedad general y de posiciones de relumbrón que no se corresponden con la realidad ni con los antecedentes conocidos de muchos, resulta útil recordar con el poeta estos versos: El hombre siempre habla del daño que le han hecho/ Lo cuenta, lo recuerda con desesperación/ El tuvo un mal cariño que desangró su pecho/ El tuvo un mal amigo que lo vendió a traición/ El hombre siempre olvida el mal que ha realizado/ Las penas que ha causado y el bien que recibió/ El grita la injusticia como un desesperado/ Pero decirle al mundo sus propias culpas…no.

El corrupto, al bandido, el desleal, el traidor, el ventajoso en fin, el dueño de todos los defectos y ninguna virtud es el otro; yo soy el impoluto, el leal, el conocedor, el amigo, el responsable, el que tiene vocación de servicio, el que va a luchar contra la corrupción, el mesías que los va a sacar del abismo.

El anterior es el cansón estribillo esgrimido en los últimos tiempos por quienes no tienen nada más que decir a los potenciales electores, asombrados éstos por la riqueza conceptual y la vastedad e importancia de unos programas que hasta ahora brillan por su ausencia.

Con razón hay más de treinta aspirantes a gobernar este esquizofrénico país –la mayoría de ellos, inviables, soñadores y estúpidos- quienes al final de cuentas se contentarán con los dos o tres mamarrachos que, a manera de firma, otros estúpidos iguales a ellos estamparán en cualquier planilla.

TWITERCITO: Firmar por algunos de los que hay en contienda, es graduarse de idiota con honores.

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