Del Putumayo a Tumaco y Barbacoas, y de allí a la masacre

Autor: Alejandro García Gómez
21 octubre de 2017 - 12:08 AM

En su huida de las balas y del glifosato, la maleza se  desplaza al Dpto. de Nariño

En anterior artículo se hizo un recuento de cuándo, cómo y por qué, llegó la violencia a la costa nariñense, con epicentro en Tumaco y Barbacoas, sus mayores núcleos urbanos. Resumiendo: La costa pacífica, territorio selvático y abandonado desde siempre fue tomado por los desplazados del Putumayo (burla nariñense de su tragedia) en 1999 y comienzos de 2000, por efecto del Plan Colombia.

¿Cuál era el origen de estos desplazados? No todos tenían una génesis proveniente de ese depto. Desde la época de construcción del oleoducto Orito-Tumaco (entregado en 1969), habían llegado de toda Colombia buscando laborar en la Texas o en otros quehaceres alrededor de ella. Terminada la obra, algunos partieron. Se quedaron quienes se habían organizado con trabajos independientes: comerciantes, transportadores, artesanos, dueños de sitios de diversión (bares y prostitución), etc. Éstos se fusionaron con quienes descendían de “los de allí”, que tampoco lo eran del todo, porque provenían de colonos nariñenses llegados desde los tiempos de las caucherías y de antes, y que ahora vivían de la agricultura, ganadería, comercio y oficios artesanales, principalmente.

En la década del 70’, con el surgimiento del narcotráfico en el norte del país, llega otro tropel de gentes: unos con dineros y costumbres de sangre del narcotráfico u otros delitos, y quienes a “ganarse la vida” de cualquier manera alrededor de esa cadena de “producción”: jornaleros, “raspachines”, “cocineros”, sicarios de alquiler, prostitutas, dueños de centros de diversión, etc. Empiezan a correr ríos de dinero de sangre. Algunos habían acarreado a sus familias. El Putumayo empieza a ser un paraíso diabólico, con la complicidad de autoridades civiles, políticas y militares, ante la indiferencia del estado, pues no de otra manera se explica este apogeo.
Lea también: ¿Cómo se llegó a los hechos de Tumaco del 5 de octubre/17?

Esa hojarasca criminal, en 1999 comienza a ser hostigada de manera sistemática –y sólo por la fuerza- por el Plan Colombia. En su huida de las balas y del glifosato, la maleza se  desplaza al Dpto. de Nariño. A Pasto gran parte de familias de los traquetos grandes; la mayoría de los negocios a la costa pacífica, con las familias de los desposeídos. Otros hacia las zonas norte del dpto. –hoya del Patía y de sus afluentes: Cumbitara, Policarpa, etc-, igual de abandonadas por el Estado y comunicadas con el Pacífico. Es inevitable que allá también se dé -a futuro muy próximo- una confrontación similar a la actual de Tumaco. Nuevamente comienza otra migración desde el resto del país hacia la zona costera y norte, simultánea con los del Putumayo. Entre ellos van traquetos, raspachines, sicarios, prostitutas y un gran etétera. Viaja también una nueva infraestructura económica. Los líderes asumen la política. Nace una nueva economía política.

Los traquetos mayores se ganan el terreno -con dineros y prebendas a las autoridades que sea necesario corromper- y van haciéndose a extensas tierras. Implantan una ley de terror. La inmensidad selvática no necesita escrituras de papel; las dan la plata o el plomo. Las Farc y el Eln usufructúan por muchos años ese paraíso diabólico para “su causa”. Llega el Proceso de Paz. Las indecisiones del cálculo político por parte de las Farc durante el tiempo de los acuerdos en La Habana, no permiten la eliminación de sus estructuras de narcotráfico. Hoy se las han apropiado sus antiguos aliados o sus disidentes o sus adversarios. Insisto: ¿qué hace “Romaña” allá?

Según testimonios (Semana, 8.X.17), los mismos dueños de esas grandes empresas del crimen alquilan parcelas a las familias que les laboran como jornaleros de ellos en las grandes plantaciones. Al tiempo, les compran el producido. Junto a lo que se podría decir los cultivos de “pancoger” de coca de los pequeños cultivadores, se hallan las inmensas y tecnificadas plantaciones pertenecientes a esas grandes empresas criminales. Por eso insisto, esta es otra economía política; es la que ahora se da allí.

Además: Reseña de algunas obras nariñenses de más o menos reciente aparición

Pero, ¡ojo!, como los males no llegan solos, en Pasto se rumoraba sotto voce que carteles mexicanos empezaban a intervenir la economía local, p. ej. en la gran construcción en auge allí. Hoy se lo habla más explícitamente. Pero el gobierno pretende atacar una sífilis con un sida para enfrentar la criminalidad de Tumaco y la costa.

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