Cartel de la toga y familismo

Autor: Hernán Mira Fernández
8 octubre de 2017 - 12:09 AM

¿No se daban cuenta la familia o allegados del cartel de la toga de sus andanzas y enriquecimiento?

 

“Colombiano, no le siga enseñando a su hijo a ser el más vivo en el colegio o en el barrio, enséñele a ser decente.” Ese fue el tuit que a propósito de la avalancha de corrupción que se conoce ahora, apareció en redes sociales. El mensaje dio en el blanco de la explicación de la crisis ético-moral que hoy se deja ver muy claro que existe detrás de esta rampante corrupción.

Esta crisis de la sociedad es bien compleja y de fondo, corroe los cimientos de la estructura de la nación –más ahora cuando la corrupción se ha destapado en los más altos niveles de la justicia- y llega a ser un cáncer con múltiples metástasis en la vida política y democrática de los colombianos. Entre nosotros predomina el individualismo que impone sus antivalores. Estamos en una escala muy baja en cuanto al cumplimiento de normas, algo esencial para el correcto funcionamiento social y la formación ciudadana.

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Analizando por qué un núcleo de la población es tan incumplidor de las normas, se ha encontrado que este colombiano cuando enfrenta la situación de acatar o violar una norma, no hace un ejercicio racional de costo-beneficio ante el castigo por burlarla, o busque una segunda mejor opción, ni mucho menos que asuma que el logro de un beneficio menor individual logra un mayor beneficio colectivo. Por el contrario, como dice la firma Raddar, hace mejor un análisis de riesgo: si viola la norma, lo pueden atrapar o no; si lo atrapan, lo pueden sancionar o no; si lo sancionan, puede cumplir la sanción o no; si cumple la sanción, gana más al cometer el delito o no.

Se ha preguntado también si la familia de estos demonios de la corrupción no se daba cuenta del enriquecimiento súbito de ellos, o sí sus mismos compañeros de los tribunales no se percataban de sus negociados y malignas andanzas. Queda en la conciencia de los allegados la respuesta, pero al ciudadano común no le alcanza a caber en la cabeza esa supuesta inocencia. Recordemos que fue por cuenta del FBI que aquí se conoció de estos grandes abusos del cartel de la toga.

Este supuesto “compromiso” de familias y allegados de los corruptos, se puede enfocar muy bien en el estudio del reconocido politólogo Edward Banfield, sobre las características de un pueblo del sur de Italia que llamó Montegrano y sus habitantes montegranesis. El lema estandarte de esta sociedad regida por el familismo amoral, era "maximizar sólo los beneficios materiales a corto plazo de su familia nuclear, suponiendo que todos los demás se comportan de la misma manera". Se guiaban por estos postulados, cito algunos: 1) cualquier persona o institución que alegara actuar en el interés público será considerado un fraudulento; 2) los funcionarios públicos estarán bajo escrutinio, porque hacerlo es el negocio de otros funcionarios públicos únicamente; 3) los funcionarios públicos no se identificarán con los propósitos de la organización a la que sirven; 4) el público tiende a ser sobornado, y si no lo hace, seguirá siendo considerado corrupto; 5) no habrá ningún vínculo entre los principios abstractos, políticos o ideológicos y el comportamiento cotidiano concreto; 6) la ley será transgredida siempre que parezca posible evitar sus consecuencias; 7) el voto se utilizará para asegurar beneficios materiales a corto plazo, más precisamente para pagar los beneficios ya obtenidos, no los prometidos; 8) los miembros del partido tenderán a revenderse a partidos más favorecidos, dando por resultado la inestabilidad de fuerzas políticas.

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No se puede seguir formando aquí “montegranesis” en las familias colombianas, sino ciudadanos que no pretendan ser siempre los primeros sino los mejores.

CODA. “-¡carajo! -gritó.

Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán.

-¿Dónde está? –preguntó alarmada.

-¿Qué?

-¡El animal!

Úrsula se puso un dedo en el corazón.

-Aquí –dijo”. Gabriel García Márquez. Cien Años de Soledad.

Pasaje poético de la gran novela que se hace actual por la polarización y la campaña política de odio, miedo y venganza que vivimos.

Nota. Esta columna volverá aparecer en diciembre.

 

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Comentarios:

Edgar
Edgar
2017-10-08 15:03:11
El asunto parece calcado a la dura realidad colombiana, carajo!

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