“Zonas de tolerancia”, ¿por encima del Código de Policía?

Autor: León David Marin Alvarez
26 febrero de 2017 - 06:00 PM

La Policía Nacional controla el consumo de sustancias y licor, sin embargo, todavía existen espacios públicos donde estas prácticas se siguen realizando pese al nuevo Código.

Medellín

Recientemente, un ciudadano en Medellín, identificado como Juan Alejandro González, denunció a través de redes sociales el inconveniente que tuvo con agentes de la Policía Nacional por consumir una cerveza sin alcohol en el espacio público y como prueba, publicó un video donde se puede observar el desarrollo de la situación en que los miembros de la institución pretendían sancionarlo.
Faltando pocos días para cumplirse un mes de la entrada en vigor del Código Nacional de Policía, se han impuesto en la capital antioqueña 871 comparendos por tomar bebidas embriagantes o consumir sustancias alucinógenas en el espacio público, según los datos aportados por la misma Policía, sin embargo, cabe preguntar qué sucede en los sitios conocidos popularmente como “zonas de tolerancia”, donde no se encuentra un ciudadano con una botella de cerveza sin alcohol en la mano, sino decenas de personas tomando aguardiente, whisky, vodka y una larga lista de líquidos embriagantes, fumando marihuana y consumiendo otras sustancias estupefacientes.
Textualmente, el Nuevo Código de Policía dice que “consumir bebidas alcohólicas, sustancias psicoactivas o prohibidas en estadios, coliseos, centros deportivos, parques, hospitales, centros de salud y en general, en el espacio público, excepto en las actividades autorizadas por la autoridad competente”, será motivo de una sanción por un valor de $196.720, aunque por ahora y hasta el 30 de julio de este año se impondrá un comparendo de carácter pedagógico.

Conviviendo con la oficialidad
En la Comuna 10, pleno Centro de la ciudad, se encuentran las Administraciones Departamental y Municipal, el Concejo, la Asamblea Departamental de Antioquia, la estación de Policía La Candelaria, el Comando de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá y 40 cuadrantes de la Policía.
En esta misma Comuna, uno de los lugares que por costumbre se ha usado desde hace muchos años para el consumo de sustancias es el Parque del Periodista.
Todos los días de la semana, con más afluencia en las noches, se observan muchas personas en el lugar fumando marihuana y tomando licor. Mientras esto ocurre, es usual ver que pasa por el lugar una motocicleta verde policial con dos uniformados a bordo, quienes siguen su trayecto sin novedad.
Además del citado parque, existen otros espacios en la ciudad como la denominada Curva de Bantú, en cercanías a la Universidad de Antioquia; y Carlos E. Restrepo (unidad residencial), donde también se evidencia un consumo masivo de sustancias de todo tipo. Se pueden sumar a la lista el Parque de Bolívar y el Parque de San Antonio, aunque, por lo menos a simple vista, se podría decir que en estos el consumo no es tan masivo y estruendoso.

“Para unos sí, para otros no”
Para Fernando Quijano Moreno, presidente de la ONG Corpades y director del portal Análisis Urbano, “la Policía persigue a una gente, a un ciudadano que ve tomando licor en espacios públicos, pero no lo hace donde tradicionalmente o, digamos, donde se han generado espacios para el consumo de alcohol y el consumo de drogas. La pregunta que uno se hace es ¿por qué la Policía actúa con unos ciudadanos y en estos espacios no lo hace?
Según añadió, “en una ciudad como Medellín ese Código está desfasado porque no consulta realidades o no mira lo que realmente está ocurriendo” y aseveró que la aplicación del mismo se complica además porque en la capital antioqueña “más del 60% de la ciudad tiene presencia de bandas y existen más de 800 plazas de vicio”.
Los lugares conocidos popularmente como “zonas de tolerancia” no constituyen un tema “de ahora. Esto lleva muchos años”; y si se les prohíbe a las personas el consumo en estos puntos “ la gente simplemente se va a correr” hacia otro lugar, afirmó.
Otros territorios no cobijados por el Código para controlar el consumo de sustancias y licor son “los barrios donde hacen presencia diferentes bandas delincuenciales”, mencionó también el experto en estas problemáticas urbanas de la ciudad.
Afirmó, respecto a la aplicación del Artículo 140 del Código que, en distintos barrios, la Policía no sanciona a los delincuentes por el consumo, como ocurre con las violaciones en materia de movilidad cuando los delincuentes conducen sus motocicletas sin usar casco.

El estigma
Juan Esteban Jaramillo Giraldo, investigador del Observatorio de Derechos Humanos y Paz del IPC, señaló que en la sociedad medellinense se debe superar el estigma según el cual las personas que consumen sustancias y licor en lugares como el citado parque en el Centro de la ciudad “representan un peligro en sí. Si uno va a mirar, por ejemplo, los índices de violencia o de criminalidad en esta zona son muy bajos”.
Jaramillo Giraldo opinó que estos espacios son necesarios para que los ciudadanos puedan consumir la dosis mínima.
Aclaró que quienes frecuentan estas “zonas de tolerancia” son “personas que van, disfrutan; y además, si constitucionalmente se ha definido que el consumo de una dosis mínima está permitido, pues la ciudad debe tener espacios para que ese tipo de consumo se desarrolle”.

“Deben desaparecer”
“Nosotros estamos convencidos hoy, y así lo demuestran los datos, que el tema de consumo de sustancias y el tema de consumo de alcohol no sólo están generando problemas de convivencia tipo riñas en el espacio público, sino que según la última encuesta Medellín Cómo Vamos, el tema de consumo de sustancias en particular es el que está generando más percepción en materia de inseguridad en Medellín, así que realmente no hay una percepción de que sea algo socialmente aceptado”, recalcó Andrés Tobón, subsecretario de Gobierno Local y Convivencia de Medellín.
“El Artículo 140 del Código en su Numeral 7 es muy claro al prohibir el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas en el espacio público, y en ese sentido hemos hecho muchísimos esfuerzos en Medellín”, expresó.
“Este, como uno de los comportamientos priorizados” para controlarse, debe ser erradicado porque “no queremos más consumo en el espacio público”, subrayó el funcionario.
De acuerdo con Tobón, las acciones oficiales se encuentran encaminadas a lograr que paulatinamente las “zonas de tolerancia” desaparezcan para que estos lugares del territorio puedan ser disfrutados y aprovechados por toda la ciudadanía, “incluyendo los niños, niñas y adolescentes, por supuesto”.
“Algunos parques famosos, como el Parque del Periodista, como Carlos E., como el Parque de El Poblado, se configuran como puntos de encuentro que a lo mejor se relacionan con consumo de bebidas alcohólicas. Poco a poco estaremos trabajando en estos espacios para hacer caer en cuenta a las personas que hay otros escenarios para esto”, afirmó Tobón.
Asimismo, “para aquellos que quieran consumir su sustancia, que quieran consumir la marihuana, pues dentro de las herramientas legales de dosis mínima que tienen las personas están totalmente dispuestos y disponibles para que puedan consumirla en espacios privados que les correspondan a ellos, en sus casas” puntualizó el funcionario de la Alcaldía de Medellín.
Sensibilización
Wilson Zuluaga, presidente de Asocomunal de La Candelaria, apuntó que “de entrada, el Código debería tener una parte de sensibilización, de buscar alternativas y no sólo desplazar las personas sino darles opciones para que puedan seguir viviendo su estilo de vida, porque eso es una decisión personal, siempre y cuando se respete, obviamente, la ley”.
El líder comunal añadió que “es difícil llegar a controlar de entrada o en forma tajante la dificultad que se tiene en estos momentos en la Comuna con el Parque del Periodista y algunos otros sitios, pero es un proceso para que las normas sean aceptadas e introyectadas por la ciudadanía”.
Además del consumo de alucinógenos, el Parque del Periodista “es una zona muy ruidosa, si tenemos en cuenta que allí también hay edificios históricos y habitantes de territorio de mucho tiempo, que han sido de alguna manera vulnerados en su espacio porque este punto se ha cedido para actividades diferentes a las que se tenían estipuladas para desarrollar en los parques”.
Las personas que frecuentan el lugar “necesitan un espacio donde se puedan interrelacionar con su estilo de vida y con su cultura”, recalcó Zuluaga.

Pedagogía
La Policía Metropolitana del Valle de Aburrá dijo a este diario que viene realizando las respectivas campañas pedagógicas y se continúa “dando a conocer la norma a la ciudadanía en general por diferentes medios de comunicación (prensa escrita, televisión, radio, redes sociales), además del grupo de educación y prevención ciudadana, ofreciendo capacitaciones en universidades, colegios, Juntas Administradores Locales, Juntas de Acción Comunal, agremiaciones, frentes de seguridad, redes de apoyo, empresas de vigilancia y seguridad privada, habitantes de propiedades horizontales, habitantes de viviendas de interés prioritario, comunidad de comerciantes, empresarios, ONG, entre otras tantas más”.
Las campañas, aclaró la institución, se han realizado en coordinación con la Personería de Medelín, Redepaz Antioquia y las administraciones municipales del Valle de Aburrá.
Las actividades han sido conversatorios y talleres “sobre la ley 1801 de 2016 en universidades, fundaciones, parques bibliotecas entre otros”.

“Poder desbordado”
Acerca del inconveniente que tuvo con las autoridades el ciudadano que se encontraba consumiendo una cerveza sin alcohol, a quien se pretendía sancionar, Juan Esteban Jaramillo Giraldo, investigador del Observatorio de Derechos Humanos y Paz del IPC, opinó que este incidente “da cuenta del desbordamiento que tiene el Código de Policía con relación a ciertas conductas. Recaer sobre una persona que ni siquiera está infringiendo la norma sino que por simple sospecha están interviniendo sobre él, porque se supone que está vulnerando una norma, digamos que va dando cuenta de la magnitud de ese tipo de atribuciones que se están asignando a la Policía para intervenir sobre ciertas situaciones que en principio ni siquiera representan un daño, un peligro o una afectación a la sociedad”.

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