¿Elegir entre buenos y malos?

Autor: Hernán Mira Fernández
3 junio de 2018 - 12:05 AM

Duque se comprometió a gobernar con la Biblia en este país laico constitucionalmente.

“Los buenos somos más” ha sido un eslogan muy vigente promovido por Álvaro Uribe y acogido sin reservas, como siempre ocurre, por su partido Centro Democrático y su multitud de seguidores. El lema que estuvo muy presente en las campañas presidenciales y gobiernos de Uribe, se tuvo que moderar y engavetar cuando se fue destapando la corrupción de algunos de sus ministros y altos dignatarios de su gobierno, y aun del  mismo Uribe involucrado como presidente y comandante de las Fuerzas Militares en el horroroso caso de los falsos positivos y su desvergonzado comentario de “no estarían cogiendo café”, por el que le fue exigida una de sus muy desteñidas rectificaciones. A pesar de todo esto, en él y sus incondicionales seguidores sigue estando presente esa conciencia de ser los buenos y de que ellos son perseguidos políticos por los malos, para el caso la justicia y las cortes.
En la campaña de su candidato Iván Duque, inicialmente estuvo muy presente su gran manager y mecenas Uribe e hizo muchas de las suyas con su lenguaje desbordado, agresivo y violento, no propio de los “buenos” sino más de los rufianes, lo que de alguna manera hizo mella en la campaña y, entonces, en las últimas semanas prefirió quedar tras bambalinas y como el poder detrás del trono que es y será. Duque ha sido más moderado y recatado, sin embargo no se ha atrevido o no se lo permiten, tomar alguna distancia de su mentor y, por el contrario, cuando se le ha preguntado que si prosperan las investigaciones contra Álvaro Uribe él como presidente que haría, responde simple y tajantemente que el confía por completo en la honestidad de Uribe. Como quien dice, aquí estamos los “buenos” y que no juzgue la justicia que yo de antemano lo absuelvo.

Vea también: De las promesas de Duque

La polarización ha sido la soberana en esta campaña presidencial y ahora, ante la segunda vuelta, se hace más clara entre el candidato de la ultraderecha, el “bueno” ungido así en un país de tradición religiosa, predominantemente católica, arraigada en la que mucho se ha formado en el maniqueísmo, y el de la izquierda, el “malo” clasificado así ni siquiera por católicos evolucionados que siguen y acatan al papa Francisco, sino por varios de los grandes líderes del Centro Democrático, como el expresidente Uribe con su caballito de batalla del comunismo y castrochavismo, el destituido exprocurador Alejandro Ordoñez y ahora Vivian Morales, cruzados de la defensa en la sociedad  de la “moral y las buenas costumbres” basadas en la religión de la fe del carbonero ya mandada a recoger hace mucho rato. 
En la Colombia del estado laico constitucional pero realmente atrasada en laicismo en su población, se sigue asumiendo que quien es creyente y religioso es por principio bueno y quien no lo es, es malo. Uribe es muy amigo de que su Centro Democrático haga reuniones o convenciones en iglesias cristianas, como así lo ha hecho, y él mismo es muy afecto a demostrar sus religiosidad muy característica en la antioqueñidad. Duque que no es tanto como su mecenas, sí se apreció en un video postrado en una iglesia cristiana, con la cabeza gacha en una especie de conversión y comprometiéndose a gobernar con la Biblia más que con la Constitución, ¿qué tal esa?
Los ateos son buenos si hacen el bien, dice el Papa Francisco, y agrega que si eres un cristiano que explota a otras personas, llevas una doble vida o manejas un negocio “sucio”, tal vez es mejor que no te identifiques como un “creyente”. Yendo más allá, en una renombrada investigación del profesor de la Universidad de Chicago, Jean Decety, se concluye que los niños más altruistas vienen de familias ateas o no religiosas
Esta excelente reflexión de nuestro presidente de la Comisión de la Verdad, es la mejor conclusión: “es imposible construir una nación simplemente entre buenos, porque ninguno de nosotros es un ángel. Y es lo más bello que podemos decir: nosotros, que somos imperfectos, que nos hemos hecho daño y que nos podemos seguir haciendo daño, hemos resuelto construir desde nuestras responsabilidades y falencias un país en el que todos quepamos y del que nadie sea excluido por sus fallas.” No se trata de elegir en el maniqueísmo de buenos y malos, sino de escoger a quien más trabajará por el bien común general y no el de unos pocos.
 Lea además: Que gobierno nos espera

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