“That the bicycle is never lacking”
“Que no falte la cicla”
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La seguridad de Nicolás demuestra que disfruta lo que hace montado en su bicicleta.
Foto: Pablo Andrés Pasos
Autor: Javier Ramirez
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Nicolás no quiere alejarse nunca de su deporte preferido, pero ahora en sus primeros años también sueña con ser un gran actor.
La herencia familiar y las características del sector donde vive lo han convertido en un verdadero especialista del ciclomontañismo.
Es que en la casa de los Henao Cabrera nunca ha faltado la bicicleta y por eso desde que empezó a dar sus primeros pasos, a Nicolás Henao Cabrera le tocó ver a su papá y a su hermano mayor montados en sus “caballitos de acero”. Un recuerdo imborrable.
Y todo eso porque, aparte de su afición por el ciclismo, don Carlos Arturo Henao, el padre de Nicolás y John Fredy, ha utilizado toda la vida la bicicleta como medio de transporte y vehículo en su oficio de repartidor de periódicos en la zona Nororiental de Medellín.
“El gusto por la bicicleta lo heredé de mi papá y ahora mis hijos lo aprendieron viéndome a mí, es algo que va ligado a la familia”, cuenta don Carlos Arturo.
La goma por montar en cicla contagió muy rápido a John Fredy, hijo único durante ocho años. “Desde muy niño me encantó la bicicleta, siempre quería montar y pensaba en el bicicrosista, pero por la situación económica no se podía. Entonces entré a la Escuela Popular del Inder en ciclomontañismo aquí en el barrio y me enamoré de esta modalidad por la adrenalina que produce y por el arrojo que se necesita para practicarla”, cuenta John Fredy, de 19 años.
Pero después de nueve años llegó Nicolás, el segundo regalo de la vida para don Carlos Arturo y su esposa Janeth Cabrera, y como era muy difícil escapar a esa tradición familiar, el nuevo retoño siguió la huella.
Todo un competidor
Con su hermano, Nicolás aprendió muy rápido los secretos del ciclomontañismo y por eso a sus 10 años ya cuenta historias de competencias y enseña con orgullo las medallas que ha ganado.
“Estas dos me las gané en el Clásico EL MUNDO y estas otras dos en chequeos zonales de las Escuelas Populares”, recuerda Nicolás.
Es que él no solo es un habitual participante del Clásico Nacional de Ciclismo Infantil EL MUNDO, en el cual repetirá el próximo 22 de julio en los alrededores del Edificio Inteligente de EPM, sino que además ha competido en pruebas zonales, municipales y dos departamentales, en Urrao y La Asomadera, el cerro que está a la vuelta de su casa, allá en las empinadas calles del barrio Las Palmas.
“A mí me gustan todas estas subidas, meterme por las escalas y en la montaña por todos los caminos más difíciles, me da mucha emoción cuando lo hago”, relata el pequeño deportista, admirador número uno de Santiago Botero, a quien “le pedí un autógrafo” que guarda con especial cariño en la cinta de una de sus medallas.
Pero doña Janeth cree que a su edad no solo debe montar en bicicleta, y por eso Nicolás, que cursa quinto grado en la Institución Educativa Federico Ozanam, también le hace a la natación y al baile.
“Yo lo metí a clases de natación y de baile porque son dos cosas necesarias que debe aprender. Hoy (ayer) terminó el quinto nivel de natación en Comfama y solo le falta uno, y aquí en el barrio está en clases de baile, y lo hace muy bien”, dice la madre.
Eso sí, el amor por la bicicleta no cambia. “Que no falte la cicla, es lo que más falta me hace, aunque también disfruto con las otras cosas que hago”, dice sonriente el pequeño Nicolás.
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